Se nos vendió “de cara al 92”, en aquel tiempo milenarista, que Andalucía habría de convertirse en el puente entre tres continentes, el nexo entre la vieja y culta Europa con el África virgen y nuestra perdida América. Y en puente se ha convertido, desde luego, pero no para el benéfico tránsito de riquezas y tecnologías sino para el tráfico canalla de drogas y para la trata mafiosa de emigrantes: ahora sabemos que el 80 por ciento de la droga intervenida por las aduanas españolas lo fue en nuestra costa, y la propia Fiscalía acaba de alertar sobre la gravísima situación –“se les ha ido de las manos el problema”, dice—provocada por la llegada masiva, incontenible, de menores en busca del asilo que difícilmente podremos darles. Un sueño invertido, una vana esperanza convertida en pesadilla. Quizá no haya mejor ejemplo del fracaso autonómico.

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