La tremenda opinión que la gente tiene de los políticos la han alimentado más que nadie ellos mismos. Acusándose entre sí, durante decenios, de todo menos de bonitos, pero sobre todo señalándose unos a otros como depredadores de los dineros públicos. Ahora, superada en el límite la monserga de la publicación de patrimonios u declaraciones fiscales, acaban de dar el paso de exigirse que justifiquen todos los gastos perpetrados con tarjetas de crédito, esas VISAs con las que diariamente se homenajean los que las tienen, que son legión. Y no pretenderán que el contribuyente llegue a entender ese dispendio continuo en plena ruina. Porque no se trata de investigar las tarjetas sino de suprimir de una vez por todas esa “licencia para gastar” de quienes nos desgobiernan. Comprobar esa justificación resultará tan interesante como demoledor para la imagen de los que mandan.

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