Dos viejas frases se me han venido a la cabeza en cuanto he leído la noticia de que un avezado investigador andaluz ha descubierto un sistema maravilloso que permite prescindir del profesor a la hora de examinar encomendando esa enojosa tarea al ordenata. La primera de ellas la leí de adolescente en un tablón de anuncios escolar en el que un guasista había reproducido nada menos que el ingenio de Leibnitz atesorado en esa frase que tanto éxito ha tenido: Todo lo puede la educación, pues hasta hace bailar al oso. La segunda me persiguió en mi época de enseñante universitario y pertenece a otro genio muy distinto, Romain Rolland, quien entendía que el alumno absorbe durante su aprendizaje tal cantidad de mentiras y chorradas, que su primer deber de joven, si quiere llegar algún día a hombre de bien, es vomitarlas. El profe es una institución decisiva a la que mi generación, arrastrada por cierto utopismo edonista de lo más destructor, consiguió arruinar hasta desposeerla de toda “auctoritas” a base de identificarla con el examinador, hasta conseguir de paso abolir prácticamente el ejercicio imprescindible del examen. Pues bien, desde ahora será la invisible magia del binario informático la que evalúe imparcialmente –¿cómo podrían ser parciales el silicio o el acero?—dedicando el profe su esfuerzo al planteamiento de las cuestiones formuladas en forma de preguntas con respuestas abiertas que la informática será capaz de valorar adecuadamente, descartando todo subjetivismo, siempre que demos por fabulosa la idea de Asimov de que el autómata puede llegar a pensar –esa funesta manía—y, en consecuencia, volver a la parcialidad. Me quito el gorro ante esta ingeniosa postmodernidad, pero siento un no sé qué inquietante revolviéndome los menudillos en homenaje a aquella respetable figura del maestro que se encargaba de desbastarnos.

Por mi parte sospecho que la futura pedagogía irá necesariamente por la vía audiovisual, de manera que, lo mismo de enseñante que de examinador, al preceptor de toda la vida le queda poco tiempo por delante. Día llegará en que la escuela será una filmoteca y el aula un cómodo auditorio en el que las palabras accederán al cerebro por la vista tanto como por el oído, liquidando la vieja polémica medieval que proviene de Eurípides, sobre cuál de esos sentidos primaba sobre el otro. Adiós al profe, no sólo al examen. Pero me temo, siguiendo a Rolland, que nuestro ámbito cultural tendrá que acabar convertido en un inmenso regurgitatorio, en el que las nuevas generaciones irán aliviándose de mentiras y memeces, a la espera de que el computador las apruebe. Me pregunto si el oso también podrá aprender danza ante la pantallita. Y no sé la respuesta.

6 Comentarios

  1. Desde hace algunos años ponemos las notas de manera informática y las medias la hace el ordenador. Es pués el ordenador él que te dice si has aprobado o te han cateado. Es práctico, así el profesor tiene menos responsabilidades, y se puede esconder detrás de una pseudobjetividad.
    Antes, cuando a final de trimestre veías a un chaval serio, trabajador, con una nota insuficiente le ponías la media, porque en realidad lo merecía. Las notas son algo subjetivo, son una indicación de algo: los conocimientos sobre el tema, pero tambien los progresos hechos, el nivel de conocimientos en el cual te sitúas, el trabajo y los esfuerzos realizados. El mismo deber lo puedes notar de mil formas diferentes, y ningún profesor digno de ese nombre notará igual una clase top y una de esas en donde se amontonan los vagos y los tontos.De los alumnos top voy a exigir mucho más entre otras cosas porque sino se aburrirían y también porque así me lo paso mucho mejor, viendo como van adquiriendo conocimientos y saltando barreras. En las otras clases hay que tener cuidado de no adaptarse demasiado porque como son vagos, cuanto menos les pidas menos hacen. Siempre tienes que tenerlos con el agua al cuello, para que braceen un mínimo.

    Detesto la informática cuando se trata de notar, calibrar al individuo. Creo que dejas de lado lo esencial del ser.Detesto también los comentarios asépticos que tratan de imponernos. El crío necesita ver escrito que es un vago o al revés, que, aunque no tiene una buena nota, se nota que ha hecho esfuerzos y que no tiene que desanimarse.

    Para mi, la subjetividad es esencial en mi trabajo:los chavales saben que , independientemente de sus resultados, me gusta que me digan la verdad, que me respeten y respeten a los demás. ¿Cómo vas a notar eso?
    Un beso a todos.

  2. Pena, habiendo docentes y profes en este blog -¿tan atareados andan?- hoy no se haya colmatado de opiniones este espacio.

    Solo la inefable, querida, doña Marta, nos expone algo que va quedando en el desván de los cielos perdidos: el orgullo, la conciencia, el honor de pertenecer a la sufrida, meritoria y voacacional clase docente.

    Creo haberle leído a Unamuno -y el Anfi hace una reverenciaa a aquel maestro de la infancia- que enseñar con amor y dedicación las primeras letras podía tener tanto mérito y satisfacción como las más excelsas alturas de la universidad.

    Nuestra querida doña afina en la cuestión de las notas, en justo comentario a la nuez de la columna, mientras que un servidor se fija más en la dolorosa subestimación que la figura del docente va sufriendo en triste progresión.

    No se trata ya de que la basca, sumida en el colorín de sus innumerables pantallas, vaya a aprender ni más ni mejor a través de una más de ellas, sino que va a perder la oportunidad de admirar a tanta gente que aún cree en su oficio de enseñar y lo hace con dignidad.

  3. Curioso: hace unos días asistí a un procedimiento “normalizador” llamado calibración por el que se pretende que las calificaciones sean lo más homogeneas posibles, independientemente del calificador. Si consiguen eso -eliminar la subjetividad- el paso a la enseñanza virtual -o sea, imaginaria- será decisivo.

    Saludos cordiales

  4. Interesante ironía de gm, e inteligentes los mcomentarios –¡tan escasos!– a su aviso para navegantes. La subjetividad no es eliminable ewn la docencia. Una máquina difícilmente podrá evaluar un plagio, un copieteo, toda la gama de trampas que la malicia estudiantil conoce. Creo que estos inventos no son más qu ehuidas hacia adelante de unos políticos que no saben qué hacer com la masificación de la enseñanz.

  5. Hoy nos trae a colación el amigo JaGM a Romain Rolland para refutar el actual sistema educacional. Gran maestro del pensamiento.

    De este genio humano tengo grabado a fuego en mi memoria un aforismo suyo: Un hombre ha de saber estar solo en medio de todos, y si es necesario, contra todos.

  6. vamos pa trás en vez de palante, pero cuando la alumna tenga la chuleta en la pantorrilla como se la quitara´el avezado profe virtual

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