Ni siquiera el apoyo frontal de de la cancillera Merkel ha permitido a uno de sus ministros clave, el de Defensa Karl-Theodor  zu Guttenberg, superar la crisis provocada por el descubrimiento del plagio perpetrado en su tesis doctoral –la mayoría de las citas saqueadas a otros autores e incluso a un diario—que denunciara un profesor de la universidad de Bremen. La de Bayreuth le ha retirado el título, en un alarde de independencia, y el argumento esgrimido por unos y otros ha sido el de que quien miente en un libro puede igualmente mentir en su gestión, lo que le convierte, una vez probado el plagio, en un ministro indigno. El plagio es (y aquí lo hemos comentado varias veces) consustancial a la actividad cultural, como se ha venido a concluir recientemente a propósito del atribuido al Houellebecq saqueador de Wikipedia. Pero en España sabemos tanto de plagios que casi no le concedemos relieve una vez que aquí, aunque no se sepa, desde Berceo o el Arcipreste hasta Cervantes o Quevedo, nos hemos hecho el cuerpo a esa acusación en la que don Luis Astrana tuvo la osadía de incluir incluso a  eruditos de la talla de Rodríguez Marín. ¿No está grabada en el friso del Casón del Buen Retiro la frase –“Todo lo que no es tradición es plagio”—que hizo famosa don Eugenio D’Ors y de la que todavía Bernardo Atxaga echaría mano en defensa de Borges, gran plagiador más o menos literal de nuestros maestros barrocos? Eso sí, una cosa es criticar en Cervantes la posibilidad de que inspirara sus imaginaciones en Apuleyo, y otra bien diferente pillar a todo un ministro de moda desvalijando esa fortaleza sin puertas que es Internet, como una cosa es que Valle se cepillara para sobrevivir un folletín de Arniches y otra distinta fabricar una tesis por el procedimiento de “corta y pega”, como los alumnetes de “El rincón del Vago”. Poco pudo suponer en su día para García Márquez la sospecha de plagio de un personaje balzaciano o para Avellaneda el cabreo supino de nuestro mayor genio al ver expropiada su obra. Para un ministro la cosa pinta de otra manera, al menos en las democracias en las que el honor no se ha arrumbado aún.

Que tire la primera piedra –me decía el difunto duque de Alba, todavía editor– quien en su vida no haya usurpado un verso o una idea. Me resisto a comulgar con esa muela pero he de admitir su inquietante evidencia bajo esta equívoca luz global que vuelve pardos a todos los gatos. Giraudoux sostenía que el plagio es la base de toda literatura, excepto de la primera que aún desconocemos. Los plagiarios como el ministro no necesitan de tantas filologías para vestirse con capa ajena.

10 Comentarios

  1. Lo del plagio es lo de menos en esta historia alemana que demuestra que aún es posible la decencia democrática. Nótese que la Merkel ha tratado de salvar al plagiario, lo que dice poco bieno de su integridad y de su rigor, pero al menos, se ha ido de la política. Aquí se habrían limitado a decir que en el partido de enfrente se plagia más y mejor.

  2. Creo que la mayoría de lo que es escribe procede de otro escrito siendo mínima la aportación reflexiva de cada autor. Esta es una cultura de refritos y con Internet ha tocado techo ya pueden hacer lo que quieran los exigentes morales. El propio jagm recoge a diario sus temas de publicaciones internacionales y las comenta… aunque bien sé que esyo no es lo mismo del todo.

  3. La Biblia contiene muchos plagios de mitos anteriores en el tiempo. ¿Se atrevería alguien a denunciar esos plagios? ¿Usted sr. gomez marín qué opina?

  4. Me gustaría conocer su opinión sobre un caso no tan perseguido como el plagio, pero ami entender más grave. El negro. ¿Conoce Ud el caso de un ministro español, poderoso en su época, al que le hicieron enterita la tesis doctoral? El tribunal lo sabia y no le dió el cum laude,pero le dió el sobresaliente.

  5. No contestará el interpelado, porque no acostumbra, pero por supuesto que conoce, como conocemos todos sus congéneres, ese caso al que apunta y otros muchos. Ha habido en España cátedras a porrillo en las que se han denunciado plagios casi siempre sin consecuencias para el plagiador. Ya dice la columna que aquí tenemos el cuerpo hecho al pagio y modestamente yo también lo digo.

  6. Lo que a mí me escuece, y supongo que a Vds. con el caso comentado, es la comparación entre la decencia de aquella democracia y la de la nuestra.

  7. Hay algo peor que el plagio y es el robo con premeditación y alevosía.

    Al censor franquista de voz de trueno, nada menos que Nobel y adicto a la marina mercante, no le tembló el pulso a la hora de firmar como propio lo que aquella mujer escribió con el noble empeño de ganar un premio/pasta gansa.

    ¿Cuántos filibusteros fueron necesarios para saquear aquella goleta de ilusiones?

  8. Ay, doña Epi, que tira usted con bala. Considere los casos que ja recuerda entre los más iluestres de nuestra historia. ¿No sabe usted que en el siglo de oro se dsitinguía entre el plagio intolerable y el “plagio con asesinato”. Ya que ja cita a Avellaneda le confieso que siempre pensé que Cervantes debió admitir el talento de su “plagiador”, que no sé si será el caso dle que usted llama censor franquista…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.