No acabamos de ponernos de acuerdo sobre el precio de la injuria o, mejor dicho, del coste que debería suponer para el que injuria ese lujo y exceso que algunos se permiten a costa de otros. Un profesor francés de filosofía ha sido condenado a pagar 100 euros (¡lo mismo que Garzón por dejar escapar al traficante!) por haber escrito la frase “Je te vois, Sarko!”, esto es “¡Que te veo, Sarko!” al tiempo que un ama de casa ha debido rendir cuentas por escribir en Internet la frase “Hou la menteuse!” bajo el nombre de la ministra de Familia. En Brasil, el que fuera entrenador de Real, Vanderlei Luxemburgo, tuvo que pagar 2.200 dólares hace poco por decirle cuatro cosas a un árbitro que habría perjudicado a su equipo, como en Holanda un ciudadano fue condenado a una multa de 750 euros y quince horas de trabajo social por haber lanzado insultos homófonos en un chat. Aquí mismo en España le cayeron 1.000 euros a un currelante por insultar a su ex-patrón, 6.000 a un alumno que se dedicaba en una web a insultar a profesores y alumnos, 2.850 euros más año y medio de cárcel a un sujeto que injuriaba a las víctimas del terrorismo, y 14.000 a un cantante de ‘hip hop’ (no me pregunten, por favor) que le dijo de todo menos bonitos al Rey y a la Guardia Civil. No se ponen de acuerdo en el baremo, como se ve, aparte de que es casi infinita la variedad de especies injuriosas. Ahí tienen al alcalde de Puerto Real que, total por 6.840 euros, se dio el gustazo de calificar al Jefe del Estado de “hijo de crápula” y “corrupto”, mentarle a su augusta madre y decir (sic) que “aunque no colguemos (al Borbón) de los intestinos de los obispos, lo tendremos que echar más tarde o más temprano”. Está tirado injuriar en España, este viejo país de cabreros.

 

Se comprende que no es factible un baremo para la sanción de la injuria. Pero mucho menos puede entenderse que se castigue por igual a un alcalde monterilla por decir las barbaridades que dijo el mencionado y a un alumno borde por llamar a una coleguita “animal prehistórico”, o que la sanción impuesta al cantante de marras doblara sobradamente la de aquel. Y ello con independencia de que el país viva una era en que la intimidad yace puesta en almoneda inerme ante el mejor postor, sin que el derecho haya sido capaz hasta ahora de trazar con pulso firme la frontera entre la imprescindible libertad de expresión y el insulto que juega con la honra ajena por más que ponga en evidencia al necio estólido que lo lanza. Uno, que es republicano de ley, sin ir más lejos, nunca le diría cosas semejantes –y menos imaginaría siquiera colgado de los intestinos de los obispos– a un tosco zambombo como el alcalde del cuento. Ni pensaría siquiera en echarlo de su cargo como él, desde su pequeñez, propone hacer con el Jefe del Estado. Para eso están los tribunales, digo yo. O deberían estar.

8 Comentarios

  1. Extraño silencio en torno a un tema que debe preocuparnos, como es el deterioro constante y creciente del derecho a ser respetado. El caso de ese alcalde es extremo y se califica por sí solo, peor más elocuente es el montante de la sanción, sobre todo comparada con los de las otras sentencias com entadas. Es necesario recobrar el respeto en todos los niveles. En este casino se ha dicho y repetido.

  2. ¿El admitir ciertos exabruptos no va incluído en muchos sueldos? Los excelentísimos señores políticos -desde hoy voy a medir mis palabras, no vaya un jáker a sueldo del poder a ir largando a las alturas mi identificador- se dicen verdaderas barbaridades ¡y no passsa nada! “Tahúr del Mississipi o patriota de hojalata”. Lindezas al parecer. Dan mal ejemplo y claro, el pueblo, que es como un niño, lo repite en plan lorito. Las citas que una ha leído del Diario de las Cortes, desde el Abuelo a Maura, o desde Dolores a Calvo, los animi iocandi a los que recurren algunos lenguaraces reporteros o juntaletras cuando se van de la mojarra, no son de un país de cabreros, sino que hay verdaderas habilidades y hallazgos semánticos. Lástima que se vaya perdiendo la afición y todo se reduzca ya a regüeldos malolientes.

  3. El insulto, la bravuconada, el regodearse en la palabra malsonante, la retahíla de tacos encadenados, etc. forma parte de las costumbres de muchas familias. Vaya la costumbre por barrios, por capas sociales, por poder adquisitivo, por sexos, llámese al grupo de malhablados como se quiera: es la familia la que se encarga de iniciar a los hijos en la fea costumbre de expresarse a fuerza de rebuznos. Se me dirá que no son tantos: ¿un quince por ciento? Esto es muchísimo. Y cuando crecen, rebuznan más.

    Si me lo permiten, un fuera de tema: asisto a una curiosa renovación lingüística en la sevillanía que consiste en el gusto creciente por la afectación fonética al pronunciar el sonido “t”.
    ¿No se han dado cuenta ustedes de la costumbrita de pronunciar “ts” en lugar de “t” en palabras como “propuesTSa”, “fiesTSa”, “esTSábamos”, etc. etc?

    Debe ser algo así como el no va más del refinamiento y la autosuperación, pero hasta el más borriquete cree tocar el cielo de la ilustración pronunciando el andaluz a la manera de un inglés.

    En fin, disculpen ustedes el desvarío.
    Sdos.

  4. Vivo en una de las naciones más rebeldes de la península Ibérica: Catalunya
    Aquí unicamente ha votado el 36.5 % de los electores.

    La influencia del anarquismo, más la mala leche con aguantar las humillaciones de los españoles, hacen que este pueblo sea uno de los más DIGNOS de Europa.

  5. ¡Hombre, ahí es nada Dª Scéptika! Pretender encontrar en esa caterva de trepas de medio pelo a un Cánovas o a una Campoamor es una empresa que ni San Judas Tadeo. Otra cosa es evidenciar a nivel general que en este cachondeo hasta el honor es cosa de mercadeo. No estaría mal el parecer de algún docto en la materia.

  6. Virgen santa D. Abate, creo que anda Vd. algo pasadito de “revoluciones” y eso que no ha empezado la “caló” de verdad.

  7. Hay días, escasos es verdad, en que resultan más divertidos algunos coments que la prosa de don José António….. Este es uno de ellos….

    Comentando el artículo ya es bastante extraño oir hablar de honrar ajena y menos de preciarla. Son cosas de siglos pasados, que no tienen sentido. Le gente, ni sabe lo que es. Hoy lo único que de veras se puede decires aquello de “poderoso caballero es don dinero”, lo demás ni enterarase.
    Besos a todos.

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