A la mayoría nos ha parecido muy puesta en razón la ‘espantá’ del presidente irlandés Robinson al abandonar por seis meses la jefatura del Gobierno. No se puede ir por la vida presidiendo nada mientras la señora de uno se refocila con zagales y, de paso, aprovecha sus relaciones maritales (como ha sucedido aquí mismo: si quieren doy nombres) para ‘influir en empresarios o en la propia Administración hasta convertirlos en mecenas del pichabrava. Ahora bien, me pregunto: ¿y si el aventurero y el cohechador hubiera sido él en lugar de ella, creen ustedes que la eventual presidenta hubiera sido forzada a dimitir por la Opinión Pública, o bien se habría beneficiado de ese tópico de la estimativa que sigue considerando la varón como infiel por naturaleza. Yo no lo sé, pero sospecho que las cosas podrían haber sido muy distintas, no sólo porque la debilidad del varón se asume como proverbial, sino porque la dama hubiera recibido apoyo, con toda probabilidad, de una sociedad progresivamente feminista. Nadie dimitió en Inglaterra cuando recientemente se destapó el escándalo de los gastos injustificables de los diputados, lo que indica que en ese globo ánglico, lo que importa no es el agio o el peculado sino el aspecto vitriólico de la leyenda sexual sobre el personaje público. ¿Podía el pobre Robinson continuar como si tal cosa en la Presidencia  siendo de dominio público que su santa se beneficiaba a un efebo hijo, para más inri, de su anterior amante? No es por ponernos estupendos, pero admitamos que no. Robinson se ha ido enredada su cornucopia en el ramaje político  tal como Absalón enredó su guedeja en el árbol imprevisto. A mí me da cosa, qué quieren que les diga, viendo a ese hombre pagar con usura el precio de la honra. Lo que se castiga socialmente es el adulterio espectacular –y en ese sentido, acaso envidiado— y no el irrisorio frauda que se remonta a lo que aquí se impunemente en puticlubs cualquier alcalde de pueblo.

 

A mí me da grima ver a ese hombre, como digo, pagando con interés compuesto el precio de la fama, mientras la legión feminista defiende con uñas y dientes a la adúltera ninfómana. ¿Se imagina a Hilary Clinton dimitiendo por los irreprimibles follisqueos de de su cónyuge? En política el orden de los valores no es idéntico al que rige en la vida cívica y la honra en cuestión de cuernos, como sabía el maestro Quevedo, constituyen una carga insoportable. Insisto: ahí tienen a la Clinton, tan pancha a pesar de las golferías de su marido. Seguro que ella se sorprendería mucho si alguien le sugiriera que debe dimitir porque él la ha agenciado a alguno de sus pendones alguna prebenda de más.

4 Comentarios

  1. Que la legión de las amazonas hiperclitoridianas luzca gules, púrpura y -por la parte varona de la misma, para complemento, sinople- sobre campo de oro, el que nos cuesta la coña, tiene un punto de pendulazo que ya debería haber sido atenuado por la propia ley de la gravedad. Pero no.

    Tuvo sentido que existieran las sufragistas en su momento y nuestras hoy marchitas y entonces, heroicas muchachas sin sostén, de los sesenta porque si no, es probable que nuestras mujeres no pudieran hoy votar, comprar un coche o simplemente conducirlo.

    Pero el estafermo sigue en pie, primero porque a esa bandera del arco baleno se acogen como en sagrado no solo las pocas que puedan quedar convencidas de su vigencia, sino toda esa ‘heroica’ legión que ha encontrado en la guerra de los sexos un sueldo, una gabela, un buen vivir.

    ^Z^, en la continua suelta de liebres con que pretende ocultar su inanidad, vio que era bueno un ministerio de la cosa, y como en el Génesis, pronunció su ‘fiat’. Solo tienen que valorar la rutilante intelectualidad de la chica Aído para comprobar cómo se monta un tingladillo con el que asegurar el voto de machorras, chochos secos, vírgenes por la fuerza de su repulsividad, como también de maricuelas, chupacirios y otras tribus en el indeciso campo de los ni ni (ni carne ni pescado).

    Eso sí, que no se le ocurra a un juez dejar un comentario sobre los abusos que estas fachendas suscitan, porque las arpías se lanzarán contra él, llamándole prevaricador, maltratador y otras lindezas. Hasta le condenarían a garrote, a pesar de su supuesto pacifismo.

    Esta es la época de la historia que nos ha tocado vivir y, me temo, tiene aún unos años por delante para seguirse emputeciendo.

  2. Cuánta razón lleva la columna. Una mujer “première” había salido indemne de las golferñías de su marido tanto como de sus mangadas, y se habría alegado que la pobre Merkelita ni se había enterado de tales manejos. Estamos invirtiendo peligrosamente un barco escorado que era necesario equilibrar como peligroso hacer que acabe volcando.

  3. Con un día de retraso.
    No sé si es sólo cosa de sexo porque no será ésta la primera ni la última dama , que, abiertamente , ponga cuernos a su marido, y no todos se retiran de la vida pública, temporalmente o no.
    Creo que el señor Robinson tiene una idea de su deber como pater familias , como esposo y como hombre público, et c’est tout à son honneur.
    Besos a todos.

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