La gran dificultad que hay que sortear a la hora de juzgar la tarea de Griñán es la misma que tiene él para llevarla a cabo: que quien de verdad manda en Andalucía no es el Presidente sino el Partido. No tienen más que ver cómo le han torcido el brazo dos veces seguidas a propósitos de dos sensatas declaraciones suyas, la de que la llamada “deuda histórica” habría de hacerse en dinero, y la que sugería una discreta reflexión su propia edad. El “régimen” está, definitivamente, por encima de sus instituciones. Los manijeros del cortijo tienen la última palabra incluso sobre la del señorito.

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