Un amigo que vive ojo avizor en el corazón de Europa me envía solícito un inquietante informe en el que se recogen las circunstancias del (habrá que decir ya ‘presunto’) atentado sufrido por Berlusconi. Se trata de una circunstanciada reflexión sobre los hechos contrastada con el testimonio irrefutable de siete fotos, cinco videos y cinco likns a cual más elocuente que se resumiría en estas conclusiones desoladoras: que la organización eligió el peor sitio del entorno para un encuentro masivo; que el líder permanece mucho tiempo entre la gente justo donde se produce el ataque; que el primer círculo de seguratas no observa a la gente sino que mira al suelo mientras que el segundo no aísla al primero; que manda huevos ese brazo gris que sube y baja varias veces, como apuntando a conciencia, sin que nadie lo advierta ; que el objeto al fin arrojado desaparece como por ensalmo, diz que “explotado en mil piezas”; que en el momento en que el dignatario recibe el leñazo se cubre la cara con un bolso negro; que hasta que entra en el coche no hay rastro de sangre ni en cara ni en manos, ni en cuello ni puños; que ya dentro del coche –al que los guardaespaldas tardan en llevarlo contra toda lógica– la sangre aparece como por ensalmo; que un reloj callejero prueba que el video de la secuencia ha sido alterado; que un protector cubre la cara del agredido, y que una cámara que rueda el paseo entero no pilla el instante supremo mientras que otra, que va por libre, graba sólo la cara; y que, en fin, la seguridad se aleja lentamente y lleva al Cavalieri no al hospital más cercano sino a uno situado a veinte minutos del lugar. Un labio abierto, una nariz quebrada y dos diente rotos, no dejan rastro alguno ni antes de entrar en el coche ni tras salir del hospital. Bueno, pues todo el mundo ha tragado mientras sigue habiendo por ahí gente que no se cree que Armstrong pisó realmente la Luna.

Yo no sé a qué atenerme, les digo mi verdad, pero dándole vueltas al material que me envía mi amigo se me ocurre que tal vez el descrédito de la política se confunde ya con el fracaso de la propia realidad. Hay demasiada mentira, tan inasumible nivel de cuento circulando en la vida pública, que la única respuesta razonable del personal es el escepticismo. La verdad es lo menos cuando la gran política anda por medio. Y eso es lo malo: que el escepticismo desborda la anécdota para erigirse en clave mental de una época. A mí, que rechacé el atentado como bárbaro, me importan un rábano el tabique y los incisivos de Berlusiconi. Es la fe pública la que me preocupa. Esa fe que han arruinado precisamente quienes ya no pueden colar ni la noticia de su atentado.

7 Comentarios

  1. Congratulations, Maestro.

    No sería la primera vez que un líder que ve bajar su popularidad se inventa un atentado. Me suena, aunque no puedo precisar, que algo así hicieron De Gaulle y el padrecito Stalin.

  2. Bienhallado, querido amigo, y beligerante, como siempre. ESpero que ese retiro haya fortalecido si cabe tu inteligencia y tu valor para llamar a las cosas por su nombre. Lo de hoy tengo que pensarlo. ¿Por qué no me envías el “pac” de que hablas?

  3. Comparto la escasa candidez de mi don Pangly. De lo que veo no suelo creerme la mitad de la mitad, de lo que oigo, menos. Más me creo de lo que leo, pero si el duomazo de Berlus fue un montaje, de los autocue de jefes de estado que nos caen más próximos manduco me flumen en traducción literal. Desde luego el jardazo del papa Benito 16 fue más real y lo sentí más. Si il Cavaliere está más que hecho a la cir estética, una visita de más o de menos, qué más da.

    Celebro su pronto restablecimiento, mi Anfi. Le incluyo en mis preces y lo sabe.

  4. Feliz año a todos y saludos al anfi por su vuelta al mundo real. Me interesaría ver esos documentos de que habla el artículo porque, aunque nunca pensé en el camelo, la verdad es que de Berlusmafia me lo creo todo.

  5. ¡Qué alegría leerle tan vivito y coleando, don Jose António!
    Sobre este tema, es la primera noticia que tengo de que todo haya sido un montaje pero bien es posible pues parece que la popularidad del individuo decrecía mucho.
    Besos a todos, y en especial a nuestro anfitrión,…si él me lo permite.

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