Aquello de que el joven Aristóteles, como los mulillos rebeldes, lanzaba coces contra su maestro Platón, no fue, en realidad, como es de sobra sabido, más que una simpática metáfora que aludía a sus discrepancias ideológicas. La agresión al maestro es desconocida en la historia de la pedagogía, donde esa figura, incluso en régimen de hambre, ha sido considerada en todas las épocas como una pieza básica de la convivencia, al menos hasta la irrupción de esta “nueva Edad Media” que llamamos “Postmodernidad”, pero la verdad es que cuando ha roto, ha roto con ganas en medio de un clima de violencia general a toda la sociedad y proverbial en los centros de enseñanza. En USA hace años que los guardianes se sientan en los claustros con voz aunque sin voto, y resulta frecuentísimo que, sabedores de que mucho ‘cani’ lleva la ‘pipa’ encima, lleven ellos también la pistola en la sobaquera. En España ese proceso presenta perfiles mucho más inquietantes que en las grandes naciones europeas, a pesar de la indefensión casi absoluta en que la aberrante normativa legal que regula la enseñanza –56 derechos del alumno frente a sólo ocho deberes—mantiene a los docentes. En este momento un niño se debate entre la vida y la muerte en Tarragona tras haber recibido de un coleguita una patada en la cabeza y un profesor de griego, tras ser encontrado agonizante en una calle céntrica, permanece ingresado en coma en un hospital valenciano como consecuencia, al parecer, de una soberana paliza que le ha propinado un alumno rebelde. El pobre Platón corre peligro, pues, pero también la propia ‘basca’ cada día más configurada como una masa piramidal calcada de la banda urbana, ante la inhibición estúpida y culpable de una autoridad obsesionada por sus aprensiones electoralistas. Ya saben: hoy no se puede expulsar de clase a un alumno cimarrón, resulta excepcional que las “delegas” respalden las quejas de los profesores y no es raro que, no ya los alumnos o sus compinches callejeros, sino los propios familiares apliquen su ‘justicia’ particular al enseñante que reprende o califica mal a un nene. Mal va el pobre Platón, ya digo, con este nuevo humanismo que debe más a Ivan Illich que a Pestalozzi y mucho más a la razón política que al sentido común.

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El profesor que permanece en coma había recibido ya otras agresiones, entre ellas una que le costó la fractura de varias costillas. Pero creo que debemos evitar que este árbol negro nos oculte el bosque de una enseñanza que anda manga por hombro por numerosas razones pero, especialmente, por una muy singular: por la quiebra absoluta de la autoridad en que se basa, queramos o no, el actual sistema de aprendizaje. Un sindicato profesional y varias asociaciones andan reclamando al Estado que invista al profesor de la condición de “autoridad pública” para, al menos, evitar su perfecta indefensión y la impunidad absoluta de los agresores. Pero no se la darán, ya lo veremos, porque el desarme moral del profesor no ha sido casual sino deliberado, no se ha producido a rastras de ningún cambio espontáneo de la relación docente sino como consecuencia de una suicida estrategia libertaria (en el peor de los sentidos) que tal vez se explique como reacción a la pasada dictadura, pero que ha demostrado sobradamente su inviabilidad. Los enseñantes no forman parte de ningún servicio doméstico, como parecen exigir al alimón la ley y ciertos padres, sino que constituyen una pieza clave sin la que el imprescindible proceso de socialización se vendría abajo como, en efecto, se está viniendo. Hoy las coces del discípulo al maestro han dejado de ser una metáfora y el abuso del escolar díscolo sobre sus compañeros tampoco es ya el motivo de la antigua fábula moralizante. Lo que no estaba previsto es que la tallina alcanzara también a los propios padres y ya está ahí también esa calamidad. Platón cerraría hoy la ‘Academia’. Muchos de sus modestos sucesores lo están haciendo ya.

2 Comentarios

  1. Nuestro Maestro se queda corto en su análisis de la educación ‘anarca y demagógica’. No existe ninguna solución, mientras no se defienda a) la autoridad moral y científica del maestro; b) el esfuerzo necesario para aprender; c) no todos somos iguales ni todos valemos para todo; y d) ir de una vez a la rebelión de la comunidad contra los políticos, que en su mayoría entienden bien poco de los problemas reales de la sociedad.
    En fin, cuando se habla de educación y se contempla el estado deplorable de la nuestra, se me enciende todo y mi desesperación no tiene límites ni encuentra consuelo. Y lo peor de todo es la imposibilidad de luchar contra el poder establecido, que es el gran culpable del progresivo deterioro de la enseñanza en España desde el Kinder hasta el Doctorado.

  2. Conocerá el Magnífico rector los bueyes con que ara. (Doctor, quizás debiera haber escrito kindergarten completo, que mucha gente andará pensando en los huevecillos de chocolate).

    Servidora ha hecho guardia en garitas con mucho peligro y también conoce el paño. Los paños. Tal vez haya que remontarse a la ley Villar, año 70, todavía vivo el ferrolano, con la que todos (y todas, no te jode la barrila) iban a ser bachilleres, o sea graduados escolares. Tuvieron que inventarse el bachillerato del eructo, tres añitos y a COU. Ahí se alumbró mucho error posterior. De aquellos polvos.

    Llegado el 85 nace, creo, la demagógica LODE madre de la actual LOGSE, madre a su vez de todas las miserias. Ustedes en la Uni, dónde dejamos también a la LOU, han ido recibiendo remesas de tagarnos cada vez más ignaros. Ánsar y sus muchachos tuvieron ocho años y la segura cooperación de CiU para remediar algo la cosa, pero el tema no era prioritario -no era un gobierno de penenes como los que usted y yo sabemos- con lo que las bombas de los moritos les pillaron en este asunto, y en tantos otros, con el papel higiénico en la mano pero las cascarrias aún sin quitar.

    Dice el Maestro, y dice bien, lo de los muchísimos derechos y casi ningún deber de los cachorros. Son muchos años lanzando los pájaros contra las escopetas y no veo yo que el Culiparlante y sus acólitos vayan a cantar la palinodia de la enseñanza. Rebajarán la edad electoral si acaso a los dieciséis y se permitirá -y se regulará- el tiro al profe con balines. Con bolas de papel ya se viene haciendo como lo más normal. Votos fijos a la cazuela. Al tiempo.

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