El inspector de la consejería de Turismo de la Junta que advirtió a su departamento de que al hotel de la presunta “conexión marbellí” de El Rocío –el que es propiedad de detenido Roca, el cerebro de Marbella– le faltaban papales a punta de pala y presentaba anomalías importantes, lo va a tener difícil tanto si presentó por el conducto oficial su informe como si no. Pero lo que parece claro es que el tal Roca se movía en Almonte como pez en el agua, haciendo y deshaciendo sin que las autoridades –y no sólo la municipal—le dijeran esta boca es nuestra. Porque a estas alturas, además de Paco Bella (al que lo coge cada toro que pasa), deben dar explicaciones de la situación la delegada Ballester y el consejero Plata, no sea cosa de que la bola se agrande y haya de intervenir Chaves, como en el megaproyecto de Punta Umbría y pararle personalmente los pies a quien sea menester como entonces se los paró a Javier Barrero. El inspector, en todo caso, lo tiene crudo: no tiene más que recordar el destino del que fuera delegado cuando esté último enredo y su definitivo ostracismo.

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