Lo que hicieron con el pobre Dioni –que, al fin y al cabo, no era más que un proletario que se hizo con un furgón milloneti de la podrida Banca— no tiene perdón. ¡Buscarlo por medio mundo y cruzando el charco hasta dar con él en una playa paradisíaca en que la que la criatura se solazaba impune, es cierto, pero sin molestar a nadie! O lo de Roldán: ¿ustedes creen que se puede perseguir a nadie, por muy perseguible que sea, de mano de aquel “Capitán Khan” (otro “hombre que nunca existió”) del que tanto deben de saber la actual ministra del Ejército y la nueva presidenta del Consejo de Estado? Hombre, no hay derecho, en tanto que Pujol y tantos pujoles anden sueltos por la vida y con sus tesoros a buen recaudo en los lejanos paraísos. Miren, sinceramente, a mí me parece que todas esas persecuciones resultan escandalosas, al menos después de lo que esta semana hemos visto, a saber, la imagen de un Gobiernillo regional comprometiéndose –¡de por vida!— a pagarle a un prófugo de la Justicia una oficina post-presidencial, con secretaría triple y coche con chófer. ¡Ni De Juana Chaos pudo soñar con algo semejante!
No sin razón el gentío acusa de debilidad o falta de carácter al Gobierno anterior a la moción-golpe, ése que acaba de secuestrar, con ayuda de los golpistas, la mismísima TV nacional. No haber mantenido en vigor una temporadita el jodido artículo 155 ha dado lugar a la inconcebible tropelía que supone subvencionar generosamente a un presidentín, que debería estar hace tiempo en chirona, para que viva en la opulencia de un exilio dorado y desde él mantenga una suerte de guiñolesco gobiernillo paralelo pagado por ustedes y por mí. Sí, por supuesto, ya sé que se trata de rebajar la insufrible tensión creada por los rebeldes, a ver si fuera posible reconducir una ya ingobernable autonomía sediciosa, pero no me digan que esa pasión por la flexibilidad justifica que un presunto (aunque clamoroso) delincuente sea financiado por el mismo Estado que trata de destruir. ¿No acabaron entre rejas en su día los Presidentes de Navarra o de Baleares, pongo por caso, o no están hoy sentados en el banquillo dos de los ex-Presidentes andaluces por presuntas infracciones incomparablemente menores que las fechorías perpetradas por el catalán?
¡Pobre Dioni, ya digo, y pobre Roldán! No en vano decía el proverbio antiguo que en España “se puede robar un monte pero no se puede robar un pan”. Lo malo es que ahora le llevan obsequiosos al forajido, hasta su remota covacha, el pan y el monte si se tercia. Sin duda, no ha habido mayor desafuero en esta ya larga etapa democrática que el perpetrado en beneficio del rebelde catalán. Y eso que se trata de un personaje minúsculo, intrascendente, y hasta ridículo si me apuran. Cuesta imaginar qué hubiera sido de él si llega a alcanzar una talla siquiera mediana.

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