El Diablo ya no es lo que era. Ni la trascendencia, así en general, es decir esa zona barruntada que el conocimiento se esfuerza desde siempre en escrutar como quien otea desde lo alto una tierra prometida. Uno de los espectáculos intelectuales más divertidos lo constituye ese paradójico empeño en ‘racionalizar’ lo irracional del que han vivido en todos los tiempos y lugares los listos de la tribu, incluyendo en el programa obras tan eminentes como las de Alberto Magno o Paracelso. El pensamiento europeo ha basculado siempre entre la exigencia de razón y la aceptación tácita o expresa de la voluntad esotérica, crédulo o escéptico, pero rendido siempre a la sugestión de eso que la historiografía francesa dio en llamar “lo real maravilloso”. Claro que hay tiempos y tiempos, que no en todas las épocas el pulso entre la cátedra y la barraca ha sido el mismo, y por descontado que no es lo mismo asomarse a los enigmas de un Cornelio Agripa que entretenerse con la sofistiquería parlanchina de los mercaderes de misterios. Hoy mismo no hay manera de prender una radio o una tele sin acabar enganchando el eco de una psicofonía, la dudosa parusía de un alienígena o la, al parecer, ya inevitable elucubración sobre la absurda hierogamia entre el Cristo y María de Magdala, sin olvidar las caras demostradamente falsarias que brotan en una cocina aldeana o el misterioso prodigio que esconden las Pirámides. Hasta el difunto papa no dudó en detenerse en la Plaza de San Pedro para exorcizar a una turista lo que, naturalmente, dio alas a la industria exorcizadora que tanto debe al cine de terror. Barre lo esotérico en el mercado mediático, eso es lo que hay, y francamente, a uno no le tranquiliza nada esta deriva irracionalista conducida por investigadores de fortuna. La bruja Lola es una caricatura pero el dibujo es el mismo.
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Urge decir que eso es algo que ocurre aquí y en todas partes, circunstancia que, si les digo mi verdad, no sé si es buena o mala. El cineasta David Lynch, sin ir más lejos, acaba de adquirir en Berlín una colina escombrera llamada Teufelsberg o “colina del Diablo”, con el objeto de fundar sobre tan raro Zagarramurdi una universidad esotérica, y ya se ha dejado retratar, el tío, sobre el terreno portando su antorcha junto al gurú de un conocido montaje alemán que, según los expertos en sectas, se dedica a vender curaciones prodigiosas y prohibitivos cursos de iniciación que prometen al novicio acabar levitando a voluntad. La gran cuestión es, a mi juicio, el hecho mismo, esto es, la razón del imparable progreso de la superchería, la causa del creciente éxito de una camelística que riza el rizo de sus cuatro pamplinas vendiendo a dos pesetas los más acreditados duros de la experiencia humana, sin que cuente gran cosa la inverosimilitud de los portentos manoseados ni la evidente insolvencia de unos manipuladores que están convirtiendo el ámbito de la opinión en un fumadero de opio. Y claro también que si la gente se pirra por esos camelos por algo será, quiero decir que el culto a la fantasmagoría debe de ser la respuesta a los graves vacíos provocado por el fracaso de la razón con el concurso de una inopia, como la que estamos viviendo, que propicia a tope la credulidad. La gente crédula es más manejable y el Sistema lo sabe, de modo que los David Lynch o los Tom Cruise no son en esta misa negra más que ingenuos monaguillos endiosados por su vanidad. La cuestión, en cualquier caso, no es banal porque funciona en la estrategia del control social como un mecanismo de ajuste que garantiza la dimisión racional de amplios sectores sociales y eso se traduce sin remedio en alguna forma de sumisión. Entregamos nuestro destino cuando renunciamos a nuestra razón. La industria del camelo y sus beneficios no importan tanto como su efecto profundísimo sobre la conciencia enajenada.

8 Comentarios

  1. Madrugo para celebrar esta sensata protesta frente a ese “imbéil colectivo” de que alguna vez nos habló don ja. Es una vergüenza ese espectáculo en sesión contínua, como luego comentarñe más despacio.

  2. Pues sí, cada día que pasa hay menos religión y más superstición. Y creo que es porque el ser humano , en su pequeñez, necesita pensar o sentir que algo existe más allá, y cuando le dicen que no, que aquí están solitos, se buscan una sustitución, y la encuentran facilmente porque siempre habrá algún estafador dispuesto a proponérsela.
    “El fracaso de la razón, con el concurso de la inopia”: el ser Humano no es sólo razón y querer reducirlo a eso, lo enferma, lo amputa. La razón no tiene la culpa, no fracasa, pero es insuficiente. ¿Cuántas veces he sabido que esto no era razonable y sinembargo es lo que he hecho? ¿Quién se casaría
    Hay qué ver la cantidad de cartas de magas y de videntes que se reciben y te prometen, mediante ridícula óbola, la fortuna, la salud y el príncipe azul.

  3. Escandaloso en verdad el asunto. Me veo co frecuencia obligado a apagar la tele o la radio, asqueado de tanta basura. Hace bien en denunciarlo, jefe.

  4. No me atrevo a perogrullar, salvo dar fe de cuánta estulticia se tropieza una nada más que saliendo a la compra, cómo te venden desde yerbas milagrosas a dietas sin sufrimiento, colchones milagreros o pócimas ‘naturales’ con las que se puede conseguir de todo: amores eternos, loterías seguras o salud pluscentenaria…

    En el fondo no es más que una inmensa sacaliña, como la que con más glamour nos venden los colorines del domingo o esos grandes almacenes de los triangulitos.

    Acepto sus severas admoniciones, mi don Páter. Pero conste que esa postura de frivolidad que a veces me reprocha, seguro que con toda la razón, no es sino la amarga acracia a la que el destino volandero me lleva empujando desde hace más de cincuenta años. Si existe el Dios en que usted cree, no le quedará otra opción que la benevolencia hacia esta desvalida y no del todo mal intencionada prenda que firma rarito. Mi máximo respeto y mi afecto, si lo acepta.

  5. Pues sí, cada día que pasa hay menos religión y más superstición. Y creo que es porque el ser humano , en su pequeñez, necesita pensar o sentir que algo existe más allá, y cuando le dicen que no, que aquí están solitos, se buscan una sustitución, y la encuentran facilmente porque siempre habrá algún estafador dispuesto a proponérsela.
    “El fracaso de la razón, con el concurso de la inopia”: el ser Humano no es sólo razón y querer reducirlo a eso, lo enferma, lo amputa. La razón no tiene la culpa, no fracasa, pero es insuficiente. ¿Cuántas veces he sabido que esto no era razonable y sin mbargo es lo que he hecho? ¿Quién se casaría si sólo fuera razonable?
    Hay qué ver la cantidad de cartas de magas y de videntes que se reciben y te prometen, mediante ridícula óbola, la fortuna, la salud y el príncipe azul.
    Con respeto al tema d e ayer, me parece que los mercenarios no son tan lpables. Los que los contratan, en todo caso , lo son más, y por otra parte, lo siento pero para mí sí hay guerras más sucias que otras, y a menudo son las civiles, las que enfrentan un hermano a otro.
    Buen fin de semana a todos.

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