El comercio y los vecinos de la Isla Chica, el populoso barrio de la capital, se han puesto al fin de acuerdo con el Ayuntamiento y aceptado los planes municipales de reordenación de su zona tras la operación de venta del viejo Estadio que, por cierto, salvó al Recre. La historia ha sido larga, incluyendo un innoble pleito penal con el que la oposición quiso acabar con el Superalcalde, pero definitivamente va a terminar a base de concesiones mutuas y rebajas de todo tipo. ¿Quién ha perdido (tiempo, dinero, servicios?, los políticos enredadores o el pueblo soberano? Pues habría que decir que éste último, si no fuera porque, en realidad, es la propia democracia la que más sufre soportando estos trajines. Se ha tardado años, se ha gastado mucho dinero, se han desperdiciado energías y perdido mucha confianza pública, total, para ver cómo acababa saliendo a hombros la vieja propuesta. Debería funcionar un sistema para exigir responsabilidades a los enredadores partidistas. Como no existe, habremos de conformarnos con que, al menos, sus zancadillas no logren derribarnos.

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