Dicen que las crisis son ocasiones óptimas para los especuladores. Quien hubiera comprado acciones de ciertas empresas españolas hace una semana podría haber cuadruplicado su dinero en tan corto tiempo y seguro que ha habido no pocos afortunados que han podido hacerlo. Hay también quien anda con el anzuelo preparado a la espera de que los precios de la vivienda –ese sueño perdido—se derrumben para comprar a la baja. Unos ganan y otros pierden, como siempre en la vida, pero parece ser que nunca en términos comparables a lo que ocurre en las crisis. También como casi todo en la vida, la crisis es una cuestión de clase y acaso ningún ejemplo histórico comparable a la colosal intervención salvadora del sistema financiero que se está llevando a cabo, en régimen de discreta opacidad, pues está claro que la fenomenal inyección de dinero público servirá para enriquecer precisamente a quienes han provocado la ruina de los propios paganos. Donde de verdad se  vive la crisis en directo, en crudo, es en la zona baja de la sociedad, allí donde lo que se juega no es la fortuna sino la subsistencia y donde el zarpazo económico no se limita al quebradero de cabeza sino que supone, sencillamente, la pobreza si no la miseria. Ya hay, de hecho, elocuentes indicadores del impacto de la crisis que, no habiendo hecho más que comenzar, se mantiene en penumbra dentro de lo posible en un país que ha visto ir más de seis mil personas al paro durante el último mes y que ha asumido ya como una circunstancia irremediable, en algunas comarcas desarboladas, tasas de paro que afectan a uno de cada dos trabajadores de la población activa. Tiempos vendrán en que las tensiones se manifestarán en conflictos y ya no bastarán las palabras para contener la justa ira de los damnificados. De momento, al parecer, todavía hay margen y, con el inestimable concurso de los propios sindicatos, se puede ir difiriendo ese efecto fatal.

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Las ayudas de las organizaciones asistenciales, singularmente la de ‘Cáritas’, se han disparado en los últimos tiempos, tanto las consistentes en subsidios familiares  como las prestadas en los comedores a donde va a reponer fuerzas una vez al día la familia sin recursos. Los comedores universitarios –en cierto modo, imagen de otra época—han experimentado un extraordinario aumento de comensales, estudiantes y no estudiantes, que acuden a ellos buscando el menú de tres euros, y sus organizadores prevén que el aumento se disparará a finales de año. En el Ejército profesional, hasta ahora incapaz de cubrir sus necesidades de personal a pesar del desempleo ya existente, el ingreso está siendo también intenso por no decir masivo, sin contar incluso con el considerable número de voluntarios inmigrantes que han visto, como es lógico, cerradas todas las puertas ante este ritmo de destrucción de empleo, y ello a pesar de que los reclutas saben que cuentan con muchas probabilidades de acabar destacados en una zona de guerra, siquiera camuflados como misión de paz.. Han vuelto a abrirse, según cuentan, las puertas de la decaída industria del arreglo de ropa, un indicio bien ilustrativo de lo que es la pobreza padecida por las galdosianas clases medias sobre todo. Donde no se nota gran cosa la crisis es “por arriba”, como se dice en México, en las capas sociales no amenazadas por el fantasma del paro y a las que un encogimiento de la renta no le supone más que una contrariedad, nunca una situación desesperada. Y por supuesto, la indecible fortuna destinada por el Estado a salvar las finanzas está cayendo como agua de mayo sobre un sistema saqueado en el que tienen poco que temer las mismas manos que lo saquearon. La crisis es mala para todos, pero sin duda es peor para unos que para otros. Los políticos, por ejemplo, se han “congelado” el sueldo mientras “los de abajo” acuden cada día en busca de su plato caliente. No dirán que no tiene mérito.

12 Comentarios

  1. De veras, don José António, un artículo muy emocionante, muy bello, muy justo.
    Naturalmente que los que pagan el pato son los de abajo, y que los que se están forrando son los que ya lo estaban.
    Y los del medio , como yo, o no se mueven o pierden un poquito. Para consolarme recuerdo que siempre tendré trabajo porque no pueden echarme y en última instancia comeré lo que cultive en mi huerto.
    Me apiado de las familias cuyos padres de repente se encuentran en el paro, que empiezan por perder la tele, el ordenador, que empeñan la sortija de la abuela y que terminan en la calle porque ya no pueden pagar el alquiler o los créditos.

    Besos a todos.

  2. No me voy a sentir mal por corregir al Anfi, pues él ya se habrá dado cuenta. No son seis mil los que pierden el trabajo al mes, sino al día. Más de seis mil pues ha habido ciento noventa mil ‘bajas’ en un mes. Pura angustia.

    Mientras tanto seguimos tirando cohetes. Siguen algunos, vaya, que no yo. El llamado molt honorable por ejemplo, festeja no sé qué cosita y se gasta 300.000, 50 kilos de pesetas, en un fiestorro con paella -yo les daría arrós nègre del que ustedes se imaginan- para dos mil y se aprovecharán los barandas para mitinear, que es lo suyo. Como si hubieran pagado el festolín de su bolsillo.

    ¿Volveremos a los tiempos en que se recorta por ejemplo la gasola para los carros de los picos, pero hay para guateques y saraos? Me dicen que hay ayuntamientos en quiebra técnica, cortada la espita de la venta de suelo y los permisos de obras. Que no hay papel en las fotocopiadoras y que van a empezar a entrar por sus puertas los cobradores del frac.

    Por otra parte seguimos manteniendo una administración, perdón, dieciocho, como si fuéramos marajhases. Asesores, cogecosas, enchufados, tiralevitas, estampillados, quitapelusas que van aún con sus chaquetas de lino y pagan con la visa platino en restaurantes de mil tenedores.

    ¡Qué buen momento para una regeneración, una reconducción, llámenle como quieran, de este despilfarro con dieciocho parlamentos, diecisiete virreyes, diecisiete gobiernillos, mil y un parásitos revoloteando alrededor de cada gota de miel como son tantas consejerías inútiles -vivienda, cultura, presidencia, gobernación- gabinetes de prensa, televisioncillas cutres y demás agujeritos negros por los que se van los caudales de todos a la mar donde unos pocos solos pescan!.

    Si los partidos, dos, los demás son adherencias, excrecencias, tuvieran un mínimo sentido regeneracionista, este sería el momento de la grosse coaliktion y aprovechando los treinta añitos de mi doña Consti -a cuyo sagrado me sigo acogiendo, a pesar de tantos pesares- darle un repaso que no la conocieran ni los padres que la parieron.

  3. El presidente de esta vDiputación, un verdadero producto rural de la PSOE, ha decidido ir de viaje centeneraio a todos los lugares que visitó García Lorca, aparte de trasladarse a ferias ganaderas o agrícolas y viajar va países, como Uruguay, que ya me dirán qué tienen que ver con la Diputación de Granada. Esa es la austeridad de esta pandilla de logreros a los que un logiotipo también centenraio les ha resuelto la vida de una vez por todas.

  4. A Cáritas le quitó la suibvención oficial la ministra Matilde Fernández por publicar que en España había ocho millones de pobres. Hoy habrá muchos más –6.000 diarios más, doña Epijusta– porque por debajo de el esplendor y lujo de estos tiempos ilusiorios que hemos vivido no había un duro en la cuenta de la mayoría de las familias. De modo que cada parado es una tragedia, un no tener con qué ir a la plaza al día siguiente, la desesperación de ver a estos tíos con sus líos y sus gastos intactos mientras la ruina se abate sobre “los de abajo”. Muchas gracias por esta columna generosa y justa.

  5. Justa crítica, buenos ejemplos (quizá falta el invasor de la propaganda de compra/venta de oro, el del consumo masivo de “marcas blancas”…). El otro día dijo jagm en esta ciolumna que estamos ante la mayor erstafa de la Historia y yo me apunto a esa idea brillante y tenazmente ocultada por la cuenta que nos trae a todos.

  6. En la “sociedad opulenta” no han faltado nunca del todo los comedores públicos, que todos hemos visto en Londres sobre todo, pero lo que va a venir ahora, la que ya está aquí, es tremenda. Ahora es cuabndo hay que plantearle al Estado (desde un agnosticismno férreop copmo el mío, incluso) el mérito social de una Iglesia Católica que presta un impagable servicio a la sociedad española y no sólo deando de comer. Ah, y en un país al que ya se la ha dado la famosa pasada (18 años, según mis cuentas) por la panacea sociatista.

  7. Mi amigo jagm ha expresado a veces un a idea que comparto al cien popr cien con el y con el ahora mudo Berlín, nuestro amigo: que el socialismo ha fracasado tal como lo conocemos en la realidad pero que el capitalismo no ha fracasado menos.
    Nuestro común amigo Rudolph Bähro (ver “La alternativa”, Alianza Editorial) se habrá revuelto en su tumba al enterarse de que, contra lo que se hizo con el sistema socializador –negarle el pan y la sal, foorzarlo al enorme gastoi militar para impedir su desarrollo, etc.– al capitalismo fracasado lo hemos msalvado entre todos con nuestros impuestos y la riqueza de nuestra naciones. La mayor estafa de la Historia: sinn duda, amigos míos. Busque y si encuentran otra mayor, avísenme.

  8. Como economista he pensado siempre que el librod e Smith es una maravilla, Hayek un atractivo desmitificador, pero el sistema capitalista un sistema casi “natural”, quiero decir, que es interiorizado por la mayoría como el “normal”, cosa que la antropología económica sabe que no es cierta. Me apunto a lo de la estafa mayor de la Historia. un 15 por cienti del PIB para salvar a la Banca está siendo correspòndido por ésta con toda clase de trucos, empezando por subir sus propios márgenes. Ante la pasividad del Estado, naturalmente.

  9. Yo no esperaría otra cosa de un sociatismo cuyo mascarón de proa se ha reconvertido en peón de confianza de Slim y compinche de los moritos de ahí al lado.

  10. Jefe, cometeré una imprudencia sacando aquí un comentario privado que me hizo el otro día por teléfono, ¿me perdona? LO hago porque me gustaría que lo pusiera de título de una columna echando por tierra el cambio de chaqueta de esta pandilla. Lo que me dijo fue una frase: “Yanquee, come here”…

  11. Se engrosan las colas de los comedores sociales y hace unos años atrás el objeto mas valorado por la poblacion era la cartilla de racionamiento, que mala memoria tenemos, la vuelta al pasado es una cuestion de ciclos, lo que esperamos es que la postcrisis no tenga las consecuencias que la postguerra civil. un saludo

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