Hay muchos españoles que se preguntan la razón por la que las instituciones concernidas han decidido celebrar la final del Copa del Rey en Barcelona, a sabiendas de que esa decisión garantiza, una vez más, la bronca de los independentistas al Rey, es decir, al Jefe del Estado, que ya se llevó galanamente otras lo mismo en Bilbao que en Valencia. No hay memoria de situaciones semejantes ni siquiera en este país tan abrupto, pero todo indica que en las actuales circunstancias se ha apostado por “normalizar” el desacato, como si aceptar a título anecdótico –y así lo hizo ya explícitamente el PSOE– el insulto público a quien representa legítimamente a la nación entera no equivaliera, de hecho, a trivializar la realidad institucional y no sólo en términos simbólicos. ¿En qué país democrático se tolerarían estas broncas insurgentes a grupúsculos? No hará falta recordar la firmeza con que Sarkozy zanjó en seco la polémica provocada por la rechifla de ciertos aficionados a La Marsellesa con la providencia de cerrar de inmediato cualquier encuentro deportivo en que se reprodujeran hechos semejantes, ni insistir en que en Gran Bretaña o en Alemania resultaría inimaginable que cuatro bellacos aprovecharan el amparo de la muchedumbre para insultar a quien preside el Estado. Y si embargo, aquí no sólo se renuncia a estrategias enérgicas como la francesa, sino que se convoca con estupenda anticipación y sin necesidad alguna, una final en un estadio ya demostradamente hostil por parte de unas minorías que acaso no lo sean tanto. Más papistas que el Papa o más tontos que Abundio. O quién sabe si, simplemente, irresponsables hasta el absurdo.

 

Claro que no puede extrañar demasiado que se desprecie como insignificante una bronca a la primera magistratura del país cuando estamos viendo a órganos del propio Estado convocar actos en los que se desafía e insulta impunemente a las instituciones legítimas, y a los propios mandatarios encabezar esos despropósitos ignorando su responsabilidad. Allá los monarquistas con la defensa sus ideales, pero la de aquellos que a todos concierne es obligación de los demócratas sin excepción. Ya es grave que un presidente del Gobierno tenga garantizado al abucheo soez cada vez que acude a un desfile militar. Pero eso no puede evitarse de antemano como evitarse puede que abronquen al Rey unos futboleros descerebrados instigados, ni que decir tiene, por los profesionales de la sedición. Si en Barcelona está garantizado el escándalo, ¿por qué no se elige otra sede para la final de Copa? La misma elementalidad de esta pregunta nos remite a la estupidez o a una malevolencia que, por cierto, contempla y sanciona el Código Penal.

3 Comentarios

  1. Tontos no. Malévolos irresponsables sí.

    Don ZP sueña con ser el presidente de la Tercera República Española.
    No es la primera vez ni será la última que le pone chinitas en el zapato al Rey.

  2. Un disparate inexplicable, en efecto, don ja, que sólo se entiende si hay alguien que trata de provocar situaciones enojosas al Rey. Al fin y al cabo, la Federeción y esos organismos futboleros dependen en última instancia de este Gobierno más que han dependido nunca. Y estoy con usted en que esta cuestión bien merecería una intervención del Poder legítimo en defensa de sus instituciones. Claro que si un Pujol sale diciendo que Cataluña no tiene por qué respetar al TC y el Gobierno de España no iene nada que decir, ya me dirán ustedes.

  3. Estoy con don Griyo: tal tonto no puede ser el hombre.Y si lo fuere, tiene asesores para aconsejarle e informarle.
    Un beso a todos.

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