Entre tantas definiciones como se han intentado, me parece que para el peronismo la mejor de todas es la que ve en él una religión popular, un mito diría yo, que vertebra e informa el “régimen” crónico que padece Argentina. Un libro publicado el año pasado, “El pingüino emperador” (Ed. Pluma y Papel), escrito por un abogado demasiado próximo al Poder, Álvaro Lamadrid, nos permite asistir a una interesante proyección de los avatares vividos por la familia Kirchner, en la que incluye no sólo al matrimonio presidencial, sino a hermanos, parientes y funcionarios leales, que explicaría el enriquecimiento exponencial de ese clan feliz. Mucho se ha hablado en aquel país de estas trapacerías del último peronismo, pero pocas historias he oído sobre el tema, con haber escuchado muchas, como la que Lamadrid cuenta desde que Néstor Kirchner era intendente de Río Gallegos –donde, al parecer, juntó su primer millón de dólares—hasta llegar a esta etapa de kirchnerismo póstumo que regenta su viuda. Lamadrid se refiere a estos 20 años de gobierno de la familia (los pingüinos tienen también una vida media de 20 años) como a una etapa política de “poder bruto” en el que ha llegado a normalizarse en la vida pública el autoritarismo, la corrupción y la violencia política, mientras el clan se enriquecía comprando terrenos públicos a precios irrisorios y revendiéndolos con beneficios enormes. En un ambiente cinematográfico, asistimos en estas páginas a espectaculares escenas de ese saqueo sistemático, en cuya tramoya no falta siquiera el avión nocturno para extraditar las fortunas a los paraísos fiscales.

La Argentina no tiene arreglo, probablemente. Una vez que le plantearon esta cuestión a un Presidente uruguayo, Jorge Batlle, oímos divertidos de tan alto mandatario la mejor síntesis posible: “Esa manga ‘e ladrones…”. Batlle tuvo que retractarse, por supuesto, pero ahí quedó bien firme el retrato del gremio. Al tardocapitalismo especulador, éste que nos trae de cabeza con sus manejos y truhanerías, se la ha ido el timón de las manos, y quizá nada mejor para caracterizar su crítica situación actual que una realidad de la corrupción que ha existido siempre pero que ahora parece haber perdido el norte hasta el punto de estrangular su gallina de los huevos de oro. Los Kirchner y su ralea no son una excepción en el Sistema, aunque quizá pudieran ser su mejor caricatura.

4 Comentarios

  1. Ya sabes, hermano, que los argentinos llegaron en barco: gasshegos, italianini, españoles de otras sangres… Luego, refugio de arios, que buena trabajera le dieron al bueno de Simon Wiesenthal.

    Para ellos -para muchos, perdón- mentir es un arte; engañar, un triunfo; robar, un culto.

  2. ¡Argentina! ¿Por quéle preocupa tanto ese país? ¡No nsabe usted que los argentinos coinciden en que no tiene remedio? Le gradezco como Argentina su atención tanto como admiro su sentido de la independencia.

  3. Lo de calificar al peronismo como religión o mito popular va a misa. DEe otra forma no se explicaría que un pueblo con elitres tan brillantes y ciudadnía tan despejada hubiera tolerado lo que lleva tilerado desde hace tantos decenios.

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