Nos toman por el pito del sereno, no se puede decir que la autonomía haya supuesto una defensa práctica para romper ese antiguo ultraje. El presidente catalán dijo hace poco que a los escolares andaluces “no se les entendía” cuando hablaban su lengua, es decir, el español o castellano y ahora ese trujimán que ha hecho de sus pactos de estabilidad el negocio más redondo, Durán y Lleida, va e insulta a los jornaleros andaluces a los que él ve, como en un fotograma demagógico, engolfados en la taberna a costa de la “aportación” de los catalanes. ¡Para que hablen luego de “campaña anticatalana! Y mientras, claro está, la Junta sin mover un músculo y su presidente más callado que en misa. Andalucía se ha convertido en el pimpampún que sirve a los logreros del negocio autonómico para afinar la puntería ante la humillación voluntaria de sus inútiles representantes.

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