En el pleito de los fosfoyesos, hay más de un perro del hortelano y más de dos. Ahora mismo el Gobierno plantea, ¡otra vez!, encargar un estudio, a pesar de disponer de informes de todos los colores, desde los alarmistas que avisan del alto poder contaminante y patógeno de los vertidos, hasta los desdramatizadores que niegan todo riesgo e las dichosas balsas. Unos por otro y la casa sin barrer. Pero ¿y si al fin se concluye que esos desechos son fatales para la salud, cómo se justificará tanta demora? Es hora de ir pensando en que el colosal problema de tales vertidos debería ser abordado como un  problema común y urgente por todas las partes implicadas en lugar de seguir con la porfía inútil que dura ya demasiado tiempo.

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