El único modo que tengo de reconciliarme mínimamente con el panfilismo animalista es recordar al perro de Paulov que venía en mis textos liceanos. Esas imágenes marcan a cualquiera, y más a un niño sensible e incipiente hipocondriaco, a ver qué quieren, nada menos que un pobre perro atravesado por un tubo por el que, motivado por el tintineo de la campanilla que anunciaba el festín, destilaba el jugo gástrico en un recipiente. Ya de mayor, no  sé por qué, he asociado muchas veces la estampa de aquel pobre animal con la imagen de esos presos, generalmente norteamericanos, a los que la autoridad utilizaba como cobayas en peligrosos experimentos a cambio de reducciones de pena y más aún cuando me ha llegado la especie, seguramente creíble de sobra, de que, presos aparte, la laboriosa y expeditiva farmaindustria ha estado experimentando con cobayas humanas e inconscientes en plan de ver qué pasaba con la “nueva molécula”, que es como los cúrsiles del ‘marcahndising’ han enseñado a decir a los representantes. El progreso médico, en especial el farmacológico, se ha basado en estas prácticas peligrosas sin las cuales, hay que reconocerlo, andaríamos aún con el Dioscórides a cuesta moviéndonos entre el áloe curalotodo y la explosiva triaca, lo cual no justifica sus métodos, pero evidentemente relativiza sus consecuencias y, en especial, la responsabilidad de los experimentadores, a base de la teoría del mal menor. ¿Qué es preferible dañar a un perro, un chimpacé o un ratón, o lanzarse sin paracaídas, tras cada hallazgo de laboratorio, a su aplicación en humanos? Pues teniendo en cuenta la teoría y el proyecto de ley de Derechos de los Grandes Simios y la ahora anunciada sobre el buen trato a los animales de granja y experimentación, no sé que se podría responder, francamente, sin perjuicio de tenerlo más claro que el agua. Con estas pamplinas ultramodernas ocurre siempre igual: que hay que saltárselas de un brinco dialéctico porque si te obcecas en mantenerte en su plano lógico vas al agua.
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Uno tiene la sensación ante tanta extravagancia de que vamos que nos matamos hacia un humanismo proyectivo, inaplicable al hombre y exclusivo para el resto de las especies. Se “siembra” de víboras con dinero público un paraje en el que, al parecer, peligra la supervivencia de esos bífidos, se castiga severamente al ciudadano asustado que da muerte a la culebra como Hércules a la hidra, se pena con cárcel la captura de un par de jilgueros y se pretende, ya puestos, igualar los derechos de nuestros primos simiescos dedicándoles una piedad y una atención que pocos consagran a los ancianos abandonados o a los pensionistas en ruinas. Y ahora, en fin, se trataría de reducir al mínimo –¿y quién pretendería otra cosa?—el sufrimiento de los animales de laboratorio o de granja, garantizándole un hábitat y un transporte confortables, en especial a las cobayas, animales a los que tanto debemos, y que la Ley de Bienestar Animal define, a mi modo de ver de manera un poco obvia, como “seres vivos sensibles” y, en consecuencia, acreedores a un buen trato que nadie en sus cabales les discutiría. Es posible que este conflicto/confusión entre el reino animal al que pertenecemos todos y la república social exclusiva del ser humano acabe por constituir uno de esos rasgos de época que, con el tiempo, caracterizan el pasado con el trazo enérgico de la caricatura. Como lo es que un buen día, los animalistas caigan en la cuenta de lo anacrónico que resulta este neofranciscanismo en el que no creo que, ni por asomo, los peces salgan a la superficie a escuchar la prédica del ecólogo. Acabo de enterarme de que un viejo amigo, líder de la medicina alternativa en nuestro atrasado país, se ha refugiado en una clínica convencional en busca de esa iatrogenia contra la que tanta homilía lleva largada. Ojalá que estos francisquillos tardíos no tengan que recurrir nunca a la cobaya para curarse en salud pero en cuerpo ajeno.

28 Comentarios

  1. A ver si traen a Huelva uno de esos linces (los de Doñana, no los de la Junta de Andalucia que a esos nos los quiero por aqui) y de acuerdo con los protocolos de proteccion animal meten en el trullo al responsable de los vertidos de fosfoyesos (despues de que retire a su costa el vertedero radioactivo). Sería bueno para el lince (el de Doñana, no el de la junta) y de camino -solo de camino- para las personas “humanas” que vivimos en Huelva.

  2. Verdaderamente, querido amigo, este personal está perdiendo la olla, y lo malo es que nos la va a hacer perder a todos. Vayan tomando nota, cuidado, de todas estas “medidas revolucionarias” del Gobierno progresista para enternernos cuando estemos todos en el manicomio.

  3. Me acaba de poner por delante la ilustración del perro como el otro día me hizo ver los cartelones de laa Historia Sagrada que había en el aula de mi escuela. Hoy no hablamos de Moisés pero hablamos de Cerolo, y no tenemos dinero para atender a pensionistas, ancianos y demás “dependientes”, porque lo necesitamos para el hermano lince, la hermana cobaya o el primo gran simio. Una pena, que usted cumple con denunciar, seguramente en solitario o casi.

  4. Por más esfuerzos que hago no comprendo la causa de que e4sta sociedad se esté idiotizando a un ritmo tan acelerado. Hoy te cae el leñazo por criticar cosas que hace sólo diez años parecían obvias, y cualquier puede entender que, a este paso, acabaremos instalados en la más abosluta arbitrariedad y en la incoherencia más absurda.

  5. En cualquier marrio de N.Y. pueden encontrar restaurantes “suchi” en los que te filetean el pescadito recién sacado del estanque, ante tu propia vista, retorciéndose bajo la acción del trinchador experto. ¿Por qué no protesta nadie contra esa barbaridad? No me contesta ahora, hágalo después de la publicidad.

  6. Presumo en ciertos círculos de tener como amigo a un sabio. Este no es otro que nuestro JA de cuya lejana amistad me envanezco. Me dicen siempre que eso de los sabios es solo ya cosa de los cuentos infantiles, a lo más, para adolescentes.

    Pero reafirmo que este hombre es posiblemente de todos los españoles vivos y gran parte del extranjero, una de las mayores potencias intelectuales del presente. No le doy jabón porque sé que nunca le pediré nada cambio a mi rendida admiración.

    Sociólogo o periodista, igual podría ser físico nuclear o investigador genético. Su biblioteca es sobre todo su prodigiosa mente y su inigualable memoria. Dios nos lo conserve cincuenta o más años.

    Dicho esto -que no si lo digo reviento- me doy cuenta de que sabe más de Dioscórides, de Celso, de Abú-Ibn-Sina, Avicena para nosotros, o del mismísimo Hipócrates que servidora que tuvo que aprobar una Historia de la Medicina.

    Hoy se enfrenta a toda una punta de animalistas, de esos que piensan que investigar con un embrión de pollo es malograr un futuro ser vivo y “sintiente” o que conseguir un maíz al que no le afecte el oidium por transgenicidad es romper el inmutable orden del universo, aunque ello suponga mitigar el hambre de que hablábamos hace tan poco.

    Está muy bien esa protección del lince, pero mejor estaría que se aplicara un criterio de racionalidad en la mejora de vida de tantísmimos humanos. Si el lince desaparece, qué pena, pero también desaparecieron los pterisodáctilos y nadie derrama una lágrima en su recuerdo.

    Estoy de acuerdo en que los grandes simios, como las ballenas, los delfines o esa elefanta que se mira al espejo y se quiere quitar las tiritas, incluso el cobaya, el ratón o el perro, tienen sus derechos como seres vivos. Pero si el transplante del riñón de su hijo de usted lo va a hacer un buen equipo de cirujanos, no creo qiue a usted le importe saber que antes han ensayado el transplante con veinte pastores alemanes, y que diecinueve de ellos murieron.

    Rebátanme ese argumento y doblaré la cerviz con humildad.

  7. En Ceilán, Srl Lanka, o sea, en el antiguo Serendip, he visto trepanar a un pequeño simio (eso sí, era pequeño, no Gran Simio) para ofrecer al comensal de un restaurante exclusivo el cerebro palpitante. A ver qué me dicen ustedes, pero anundo en la pregunta que ya se ha formulado. ¿Recuerdan alguna protesta por estas atrocidades?

  8. Procuraré volver más tarde, porque ahora me han puesto ustedes los pelos de punta. Realmente cuando leo una noticia sobre cualquier loco antropófago pienso que no se trata de un hecho separado de la cultura general, sino que es una consecuencia de ésta. Qué horror, Dios mío. Hasta luego.

  9. No saben lo que dicen los maravillosos del animalismo. Sin experimentación animal estaríamos probablemente en peligro de extinción nosotros mismos, dado el desarrollo que lleva la patología, las transformaciones impresvisibles del medio ambiente, y los efectos impredecibles de la alimentación o la polución. A esos choicos les vendría muy bien un poco de estudio y reflexión que, por lo general, no tienen. El ecologismo no se centrará mientras ea una mera moda y, en cierto modo, un emblema juvenil.

  10. El recuerdo de perro que ha perseguido mis noches de peque es él de Goya, “perro semihundido” creo que se llama, en los ojos del cual hay más humanidad que en los de muchos animales de dos patas.

    Andamos los seres humanos sobre el cráneo, incapaces de discernir entre lo esencial y lo superfluo, presos de nuestros buenos deseos,de los grupos de presión y de nuestra debilidad. ¡Pobre humanidad!

    Aunque no esté siempre de acuerdo con él, lo que admiro en nuestro anfitrión es que tenga una visión coherente del mundo, con una escala clara de prioridades y que la defienda con valor.

  11. Mis “cumplidos” al jefe vinieron sin que yo leyera a doña Epi ni a los que están detrás.

  12. Me ha encantado el artículo. No tengo ni idea de esta nueva Ley que está en curso, pero estoy de acuerdo contigo en todo lo dicho, “entrañable hipocondríaco”, “amante de mi otro entrañable Nicolás”, ¡qué bonito nombre, me encanta, qué mofletes y que hechuras, o mejor “jechuras”! Sabes quién me lo ha descrito, creo que muy bien, me lo imagino perfectamente, pero estoy deseando… leer este último libro tuyo, ya verás como será el mejor que has escrito en tu vida.

    Estoy contra todo ensayo de seres humanos, sin su consentimiento, claro. Pero en la experimentación con los animales están nuestras posibles curaciones de enfermedades todavía en vías de investigación, por ejemplo el cáncer o el parkinson, en este último por cierto, está un amigo mío. Por lo que yo sé, no tienen un trato perverso con ellos, sólo los pasos indispensables en un Laboratorio, y en él está siempre presente “el no hacerlos sufrir”, lo sé de veras.

    Todos los que critican esto, deberían pararse a pensar un momento en nosotros, “LOS ANIMALES SUPERIORES”, así nos llaman, ¿no? Aunque veces creo que deberíamos aprender de los comportamientos de lo que llamamos inferiores.

    Por cierto, la “iatrogenia”, palabra que no tenía ni idea lo que significaba y he tenido que buscar en el diccionario, que tiene obsesionado a tu amigo, y me parece un signo moral poco común en las personas, es bastante común entre nosotros, sobre todo los hipocondríacos, que basamos toda su curación en los médicos, y algunas veces, diría yo muchas, están los medios en nosotros mismos. Yo tenía una gran amistad con el padre de una amiga mía, que tenía un problema derivado precisamente por su total confianza, su EXCLUSIVIDAD en “la curación de todo” en manos de los médicos, de tal manera, que él los visitaba, y se calmaba, se creía curado. Tenía que vivir con un “galeno” a su lado, para también dejar descansar a su familia.

  13. Del mismo modo que hay abogados en defensa del asesino. tendrá que haber defensores de animales. ¿no os parece ?.Luego. que decidan los jueces…

  14. Para que haya abogados ha de haber derechos de los defendidos, y en el caso de los animales, en ello estamos, o está el zapaterismo animalista.

  15. ¿No sabés que don josian es terriblemnete tímido, aunque no lo parezca al escribir o hablar? ¿Cuidado con los elogios que me lo veo ruborizado y sin saber dónde meterse. Lo del perro, genial. Aquí en Argentina también hay tontilocos de esa especie pero no hemos llegado a tanto. Realmente en Esapñaa se está llegando en los últimos tiempos dondo no ha llegaod nadie. El tiempo dirá si esa audacia era buena, peligrosa o nada más que mala. Muá, jefe.

  16. Decía el clásico , ¿verdad, ja, que donde hay muchas leyes existe el peor orden jurídico: “plurimae leges, pesima republica”, o también “corruptisima republica plurimae leges”. Aquí crece y crece el Aranzadi pero mengua la Justicia. Y se abarcan materias jamás legisladas, incluso retorciendo los moldes hermenéuticos. No quiero poner ejemplo para qu eno me diga nadie que soy un homófobo…

  17. Nunca sé si jagm valora el ecologismo o lo ataca, si es consciente de sus servicios o está en contra por sistema. El trato a los animales es ufndamental en el nuevo humanismo. Debería enterarse de eso antes de seguir por este camino.

  18. Doña Epi,
    volviendo a leer toda la columna, caigo en lo que dice usted sobre los alimentos transgénicos y pienso que los que no los quieren es porqué no se sabe el efecto que tendrán si se cruzan de manera imprevista con otros genes. Hay quien dice que el Sida es una creación de laboratorio: un germen de nuestros amigos los grandes simios que se inoculó algún sabio por distracción o accidente.

  19. Un poco de rigor, doña Marta, que el tema lo merece. Lo de los transgénicos ha sido debatido hasta la saciedad, bien es verdad que sin grandes acuerdos. Lo del SIDA…, bueno, vaya usted a saber, porque se ha llegado incluso a hablar de la creación del virus como arma de algún Estado.

  20. Tranquilícese el Obtuso, con perdón, pero jagm habla con claridad sobre este tema hace años, sin dejar de reconocer los méritos que son notorios ni plegarse ante la beateria y el jugeteo que muchos se traen entre manos, sin contar a los políticos acollonados que ceden ante ellos. La Ley de los Grandes Simios es uno de esos casos de ridícula cesión, y la que comenta hoy gm, otro.

  21. 20:54
    Sobre los transgénico, doña Marta, le diré que no es lo mismo incluir en una especie un gen resistente a una enfermedad que incluis genéticamente proteínas de alacrán en la soja por su efecto positivo en el ganado de engorde. ¿Sabe que problemas tremendos les producen a muchos alérgicos semejantes adiciones?

    De lo del virus del SIDA hay quien postula que fue el resultado de empalmar dos medios virus, que se le inoculó a un preso de Los Ángeles que al salir, como premio por prestarse al experimento, lo difundió entra la población gay local.
    Cuando la enfermedad se convirtió en pandemia le echaron la culpa al mono verde africano que, de contaminado por los humanos, ha pasado a ser culpable.
    Ahora este mono ha pasado a ser un protagonista esencial para la experimentación de vacunas y remedios.
    Cosas veredes…

    Se utiliza como argumento, para esconder la verdad, el hecho de que la población africana padece la mayor incidencia de la enfermedad. Esto solo es debido a la terrible falta de medios que sufre el continente, tanto en profilaxis, en tratamientos y en diagnosis.

  22. 21:03
    Abundando en lo anterior les recuerdo que un solo afectado por la enfermedad del sueño, el ilustre explorador Dr. Livingston, extendió la enfermedad del sueño por toda África durante sus famosos viajes.

  23. ¿Sabían que en las cetarias marinas, los criaderos de atunes instaladas como jaulas frente a la costa. en mar abierto, se alimenta a esos túnidos con morralla de pescado rellena de medicamentos (vitaminas, proteinas, antibióticos)? Pies ya lo saben. Lo siento.

  24. 22:29
    No solo lo sabía sino que allí están cebando a los atunes juveniles, que deberían ser los reproductores de mañana.

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