Como junto al entusiasmo, no poco gratuito, despertado por el presidente electo, la verdad es que los entusiastas tienen muy pocas razones de peso para justificarlo, la noticia de que el hombre piensa agasajar a sus hijas con el regalo de un perro ha levantado en medio mundo una ardua polémica sobre la raza que debería tener el agraciado. Se dice que por el perro conocerás al hombre, que el carácter del can reproduce fielmente el estilo del dueño y que, en cierto modo, cabría parafrasear el adagio antiguo diciendo eso de “dime qué perro tienes y te diré cómo eres”. La parte buena de la polémica es que los aficionados a la microhistoria vamos a enriquecernos con al crónica perruna de la Casa Blanca, reviendo a esos presidentes del pasado, grandes y chicos, junto a su fiel mascota y tratando de intuir en ésta el carácter íntimo del mandatario. La historieta que hasta ahora se lleva la palma es la que se refiere a la decisión de Franklin D. Roosevelt de enviar un barco de guerra a Alaska en busca de su perrita ‘Fala’ que se había quedado olvidada tras un viaje oficial a aquellas heladas tierras, decisión que provocó, como era natural, un intenso debate crítico en todo el país y un cabreo de solemnidad entre los contribuyentes. El pastor alemán es quizá el más preciado hasta ahora por los presidentes, al menos desde que Hebert Hoover le pusiera caseta a su temible ‘King Tut’ que no permitía, según cuentan, que se acercaran al dignatario ni sus asistentes, un poco como el ejemplar negro que John Kennedy eligió para encabezar su jauría de perrillos menores, pero quizá el más popular fuera el labrador de Ford, ‘Liberty’, que no se separaba del jefe ni en los actos oficiales. Reagan tuvo su ‘Rex’, dicen que muy solícito, Bush su ‘Milly’ del alma y Nixon un bello ‘setter’ que lo acompañaba en sus meditabundos paseos aparte de otros de razas enanas para el escena doméstica. Ya saben que Truman aconsejaba a quien quisiera tener un amigo en Washington comprarse un perro y parece que Obama no ha olvidado el consejo.

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En medio de esta polemiquilla se ha ido abriendo progresivamente camino la idea de que a un presidente como a Obama lo que le pegaría más sería hacerse con un perro sin dueño, con un paria de la tierra, nada que ver con los aristócratas raciales tan estimados hasta ahora  por sus predecesores, un perro anónimo, sin más casta que la astucia ni más ‘pedigree’ que la indigencia, una exigencia que se plantea desde la imaginaria suposición mesiánica de que Obama es el esperado salvador que aguardábamos todos para que el Imperio se reconvierta en una entidad benéfica y protectora. No acabo de entender por qué, hay que decirlo, porque Barak Obama no es un paria ni un desheredado de la tierra, ni siquiera un negro discriminado, sino un miembro aprovechado y competente de la oligarquía que es como en América, fuera de dos o tres apellidos, cabe denominar a la aristocracia. Tertulianos y hasta politólogos cruzan apuestas sobre la raza perruna que, finalmente, elegirá ese electo que bastante tiene ya con formarse una idea de la que se le viene encima y, con él, a todos nosotros, humildes “provinciales” entusiastas que lo han saludado como aún no se merece pero como, con suerte, acabará mereciéndose. Personalmente veo un gesto tan obvio como demagógico en elegir un perrillo desahuciado, sin ocultar que –también yo víctima de la vorágine romántica que nos arrastra—esa elección sería, sin duda posible, concelebrada como un buen augurio y piedra miliar de muchas esperanzas. Obama es un secreto, un melón por calar al que se escoge por su color y su vaga aroma, y ahora, encima, van a juzgarlo por el perro que elija antes de que dé un palo al agua. Los hay que nacen con el pie derecho.

Me refiero al can que, cuando acabe este cuento, verá cómo se libra de esta puta crisis nada menos que en el olimpo de la Casa Blanca.

15 Comentarios

  1. (Juás, juás. Nada más leer el título empecé a reirme. Me vino a la cabeza el graffito ‘Hay que matar al cerdo de Carrillo’. No tardó, se ve que cabía en la misma pared, la respuesta: ‘Carrillo, ten cuidado. Te quieren matar el cerdo’).

    No seré yo, pues una servidora es demasiado escéptika, quien le llame perro al mulatito. Ya quisieran muchos bípedos implumes llegar a la compleja y admirada psicología perruna, incluso a la de los más tontos de estos. Mismamente yo, que hace nada ya me proclamé rata.

    Pero lo que sí me admiro es ante la deleitosa historia que nos acaba de dejar el Anfi, sobre los distintos ejemplares que se han paseado por el despacho oval, o se han tendido a los pies de sus dueños allí mismo. Incluso alguna ¡perrrra! llegó a ponerse de rodillas. Pero esto es otra historia.

    Lo cierto es que volviendo a la idea -¿ideas, la Epi?, pero si solo sabe vomitar- del primer párrafo, en la polisemia del perro de Obama, solo se me ocurre el latino ‘cave canem’.

  2. Marc Bloch llamó la atención, hace más de 80 años, sobre la necesidad que existe de tener en cuenta que los reyes son milagreros, taumatúrgos. Y mucho antes el serio historiador Tácito, a comienzos del siglo II, se paraga a comentar cómo, recién llegado al poder, en nuevo emperador Vespasiano se vió en la necesidad de hacer un milagro en Alejandría ante la insistencia de la multitud de que curara a un manco y a un ciego que se le presentaron. Y, aunque el emperador no creía en ello, nos dice Tácito apoyándose en testimonios directos de su entera confianza, logró que su fe se acrecentara porque al final realmente ¡lo hizo!. La fe mueve montañas, y montañas de fe se han despositado en el bendito (barak) Obama.

    “En aquel tiempo, Jesús se marchó y se retiró al país de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: “Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo.” Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: “Atiéndela, que viene detrás gritando.” Él les contestó: “Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.” Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió: “Señor, socórreme.” Él le contestó: “No está bien echar a los perros el pan de los hijos.” Pero ella repuso: “Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos.” Jesús le respondió: “Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.” En aquel momento quedó curada su hija” (Mateo 15, 21.28).

    Hoy que es domingo no está de más leer el Evangélio con la esperanza de conjugar milagrosamente el demonio de la crisis.

    Saludos a todos y agradecimiento a nuestro acogedor jagm.

  3. Muy oportuna tu ironía sobre la preopuesta del can cellejaro, esa demagógica ocurrencia que viene a colmatar este festival de ilusiones desatado como no se recuerda otro. Ojalá Obama asuma su papel, el que le han asignado las gentes en su inocencia, ojalá todo sea para bien, peor por favor no empecemos con pijadas ocmo la de que el presidente elige un chucho y no un perro de raza. ¿No hay un eco de racismno al rtevñes en esta propuesta? Gracias, ja, por tu valerosa equidad y sentido común.

  4. DE acuerdo. estaba deseando que alguien lo dijera tan claro. Lo del perro y eso de que hablamos de Obama por referencias, sin tener ni idea de cómo es. La democracia tiene estas cosas románticas, que no suelen ser buenas. En fin, revivamos la ensoñación de Camelot y volvamos a la era Kennedy sin olviodar queáquel buen hombre nos puso la borde de la guerra mundial.

  5. Pues aquí otra rata, de biblioteca y bodeguera a más no poder, odiada y vilipendiada pero que huele al zorro taimado a leguas de distancia. Será porque ha aprendido a valorar más un migaja de práctica que una tonelada de sermones. Alguien dijo que la esperanza puede ser el peor y más peligroso de los señuelos. No diría yo que le falta razón. ¡Huy, he dicho razón! Vade retro.
    Dª Epi…..nada, que le voy a decir que Vd. ya no sepa.

  6. Esperaba este comentario –casi fuera de contexto,. dadas las circunstancias– pero de lo más agudi y perspicaz a mi entender, pues enlaza con ese contraelogio de la esperanza que hace el señor Caleuche, y lo hace de manera muy discreta y muy cuerda. Jagm sabe Historia y es sociólogo: dos buenos requisitos para ponerse en guaddia ante una “operación sentimental”, que diría él mismo, como la que ha encumbrado a Obama hasta las lámparas del mismísimo Empíreo. ¿Qué “clase” de perro? La pregunta no puiede exp`resar mejor –y ja lo ve bien– esa condición sentimental, intuitiva, no fundada del entusiasmo universal por Obama.

  7. Ya ha hecho el primer milagro Obama: Zapatero le ha dado las gracias a Bush. Ese Barak tiene baraka, no hay duda.

  8. Se agradece el aviso: Obama no es un pobre, ni un clase media, ni un negro, nada de eso, sino un miemnbro de la clase privilegiada que acaba en Harvard. Su papá sería uno de los negros kenianos esquiroles que delataban al Mau Mau…

  9. Griposo y todo, no quiero dejar sin saludo esta columna graciosa y llena de inteligenmte crítica “preventiva”. Como nuestro ja, también yo veo que este incendio de la opinión tiene poca yesca, lo que no quiere decir más que lo dicho: que el entusiasmo carece de base, que es meramente emotivo, que ya veremos por donde nos sale, que seguro que no será peor que el estúpido que se va… Y en lo del perro callejero, de acuerdo al cien por cien: pura demagogia. A ver si se van los virus y volvemos todos al Casino viejo…

  10. (Por alusiones de estimados casineros)

    Vivimos permanentemente afectados, “tocados” por los acontecimientos y hasta las decisiones más frías movilizan nuestra afectividad (D. Le Breton). Cómo me dijo en cierta ocasión un querido maestro, por mucho proceso de racionalización que valga no dejaremos de ser seres emocionales ni de buscar consuelo en nuestros mitos. Afortunadamente, lo que no quita para que nos cuidemos de los mercaderes de sentimientos.

  11. También en Francia se han levantado ciertas voces contra la admiración incondicional y adulación del señor Obama. Las voces discordantes son de derechas. Dicen que a Europa le habría mejor convenido el otro porque éste va a poner aranceles elevados para protejer los bajos salarios.
    El artículo divertido, y de los comentarios suscribo totalmente a don Lépido:veamos lo que hace el prohombre y luego hablamos.
    No sé nada del origen de Obama.¿Quiénes eran realmente sus padres?
    Besos a todos.

  12. Paradojicamente doña leticia en la familia real acoge el rol del perro de obama, pero en definitiva lo de dñoa leticia con el principe no forma parte de la estrategia politica de la ilusion afronorteamericana de que las cosas van a cambiar para las hoy en dia no ya tan minorias, sino producto del amor de dos personas. Un saludo

  13. bueno solo queda decir,que el nuevo y controvertido presidente de los estados unidos, hizo la mejor eleccion.El de llevar ala casa blanca un can que no solo lo va a cuidar de ese humilde aposento sino tambien lo va librar del mal de ojo, sino tambien le va dar mucha tranquilidad y paz ,que es una de la peculariedades de este buen esponente canino. como es el perro PERUANO ,y que mejor nombre que el de MACHU PICHU. viva el PERU carajo!!!

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