Hay quien se ha felicitado porque en este “annus horribilis”

solamente se hayan registrado 88 muertes de periodistas, cifra benigna si se compara con la de 112 que murieron en 2012. Los detenidos (870 al día de hoy) dan menos que hablar, como es lógico, salvo si son “secuestrados” propiamente. Una profesión de riesgo, el periodismo, no cabe duda, no tan denostada como el Poder pero casi, por la que habría que levantar un cenotafio mayúsculo en el corazón del mundo libre o, por lo menos en ese País Vasco, en el que acabamos de ver cómo se homenajea a una amplia camada de asesinos convictos y hasta confesos mientras que se cuestiona la actitud de un joven valeroso que tuvo los redaños de levantarse en la rueda de prensa ofrecida por el grupo criminal y encararse con él sugiriéndoles que se arrepintieran de sus tropelías. ¿El juez, el fiscal? Nada por aquí, nada por allá, como en la prestidigitación, amparados ambos en la mandanga de que semejante aquelarre terrorista para nada constituye delito, aunque la suma de víctimas a manos de los retratados supere la de los periodistas caídos en todo el planeta. Un mindundi del grupo (posiblemente, gran delincuente, no sé) le ha dicho al periodista en cuestión que ya estaba bien de “buscar protagonismo” como si cupiera mayor protagonismo negro que posar ante el fotógrafo una banda de asesinos. ¡Esos son bemoles –los del periodista—y no los menguados que se necesitan para liquidar por la espalda a un guardia civil o volar con una bomba a un niño! Gran decepción para España entera la cobardía del fiscal y la arbitrariedad del juez y una pregunta entre los mejor informados: ¿por qué no ha intervenido el Fiscal-Jefe, Torres Dulce, sin duda el mejor considerado de cuantos llevamos sufridos en democracia?

 

Cabe pensar que ETA anda algo esmirriada cuando consiente que se increpe de esa manera a sus sicarios, pero también que la amnistía encubierta que buscaba ZP la están completando, por omisión y sin mover un músculo, el gobierno actual, sus fiscales y sus jueces. Ésa es la lección que nos ha dado ese digno espontáneo y ésos los dos pájaros que ha derribado con un solo tiro su valeroso sentido del deber. Después de todo, la mayoría sabemos, aunque sea “in pectore”, que ETA ha perdido muchas batallas pero está a punto de ganar la guerra. ¿Qué dónde? Pues en las instituciones, en la vida legal y hasta retratándose en grupo para que la víctimas no olviden las caras de sus malhechores.

3 Comentarios

  1. Es raro que una columna como ésta, que alude a un hecho tan impresionante y que, probablemente, hemos visto muchos de nosotros por TV, no haya tenido aún comentarios. Los datos son, eso sí, estremecedores y la actitud de El Perioidista al que se refiere valiente como pocas frente a la cobardía vil de los asesinos.

  2. Todavía queda gente con lo que hay que tener para enfrentarse a pecho descubierto a la canalla.

  3. Aplaudo la prudencia de los dos comentarios anteriores en la línea del Anfitrión, pero un servidor quizás. porque tengo cada vez más poca vergüenza, afirmo que el valeroso espontáneo le echó dos testes, sin diminutivo. Como los del caballo de Espartero.

    Recuerdo a un viejo pediatra que me enseñó muchas cosas, que en la valoración del neonato, el test de Apgar, consignaba si el nacido era varón: “testes en bolsa”. (Ya puesto les comento una curiosidad sobre el tema: a veces el recién nacido varón aún no tiene cerrado el conducto que comunica el escroto con el abdomen. Si se aplica un estímulo en la cara interior del muslo, con una uña por ejemplo, se observa cómo sube el huevecillo y deja ese lado vacío. Es el llamado reflejo cremastérico. Pocos minutos después -madre Natura es sabia- el testículo, que aquí sí vale el diminutivo, huyendo del calor, vuelve a su bolsita).

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