Ha sido noticia durante toda la semana en la prensa europea la denuncia de un grupo de científicos sobre los riesgos graves que entraña el uso del teléfono móvil. Es un tema traído y llevado, como lo fue el de las antenas en su día, pero que vuelve con tanta fuerza que se prevé ya para el 2012 la inserción obligatoria en el aparatito de avisos aterradores como los que nos hemos acostumbrado a ver en las cajetillas de tabaco, previéndose la prohibición de los mismos en lugares públicos para el año 2015. Las causas de la alarma médica siguen siendo las mismas: no hay pruebas formales del daño potencial pero sí consenso sobre el riesgo que implica el uso y, sobre todo, el abuso de unos artefactos cuya invisible actividad energética no controlamos en absoluto. Estamos más o menos, ha dicho algún especialista, como hace medio siglo estaban nuestros padres frente a las advertencias de riesgos implícitos en el tabaco o en el amianto, es decir, en esa zona penumbrosa de la conciencia pública que suele vencerse hacia el escepticismo aceptando un riesgo en el que el hábito ayuda a no creer. De momentó, y frente al silencio discreto de las productoras, los médicos previenen ya contra el peligro que supone la proximidad física, aconsejando su alejamiento del cuerpo y el uso a través de mediadores o “manos libres”, aparte de la completa prohibición del uso por parte de menores. Una batalla perdida porque raro es el país que no posee más ‘móviles’ que habitantes e insólita la vista urbana en la que no aparezcan diversos usuarios con la maquinita pegada a la oreja. Comprobamos una vez más que los saltos civilizatorios no salen casi nunca gratis aunque comporten colosales negocios y cambios cruciales en las conductas. Vivimos confiadamente en un mundo saturado de ondas, trufado de invisibles dardos que amenazan nuestra salud que nos resistimos a imaginar pero que están ahí amenazándonos silenciosamente. No me imagino el día en que los telefoninos desaparezcan del paisaje urbano, pero tampoco creíamos posible la prohibición del tabaco y ahí la tienen: hay países en los que se estudia ya su proscripción incluso en los espacios abiertos. Calculen.

                                                                 xxxxx

Los datos sobre el uso del aparato  de que disponemos entrañan, por otro lado, un peligro diferente y añadido al riesgo sanitario de sobra conocido ya por la autoridad que trata como puede de enfrentarse a una moda tan invasora. En Vigo, un 10 por ciento de los menores se consideran adictos al móvil, en Madrid ha habido necesidad de poner en marcha un plan especial para combatir la plaga y, esta misma semana, la prensa europea difunde la noticia de que en un hospital de Lérida se está llevando a cabo un programa que pretende acabar con la adicción  de un numeroso grupo de adolescentes patológicamente absorbidos por el teléfono y la comunicación directa a través de la ‘webcam’ de Internet, a la que venían dedicando cinco horas diarias o más. Un problema, eso sí, que hay que contemplar teniendo en cuenta que los 44’1 millones de españoles poseían hace ya tiempo 44’3 millones de teléfonos celulares, “unos doscientos mil móviles más que ciudadanos”, como ha subrayado alguien, una cifra que ha crecido notablemente después, como consecuencia, entre otros factores, de las nuevas aplicaciones tecnológicas y el crecimiento del acceso a la Red a través del propio móvil. Muchos sociólogos son conscientes hoy por hoy de que el ritmo vertiginoso de las nuevas tecnologías entraña efectos nocivos junto a sus innegables ventajas en lo que parece una broma del Progreso a la ingenuidad humana propulsada por su fatal tendencia al consumo. No parece que ese riesgo de cáncer que los más pesimistas anuncian a los usuarios sea el problema más urgente que tiene planteada esta comunidad parlante que dinamiza la ‘sociedad-red’. Pero ya sabemos que es raro que el mono loco escarmiente a tiempo. Lo entenderemos quizá cuando no tenga ya remedio.

8 Comentarios

  1. Cómo está la humanidad, Dios mío! No sabemos nunca pararnos a tiempo, siempre pasándonos! ¡Pero qué tristeza! Fuera de la peligrosidad de las ondas, ser adicto al teléfono o a la red hoy es algo corrientísimo. En cuanto a protejer a la juventud es cosa imposible: dentro de poco tendrán movil hasta los bebés de pecho: se lo traerán al nacer, regalo del hada madrina!

  2. Batalla perdida, amigos. Nuna un avance importante dejó de tener efectios negativos, y nunca fue desechado por esa razón. Además de que este negocio es hoy uno de los mayores del mujndo. ¡Qué más le dal al negocio unos tumores más o menos!

  3. Sin telefonifo se vive mejor. Tras abandonar el tabaco no iba este pecador a caer en un riesgo tan tonto.

  4. Me prgunto, aparte del riesgo, para qué sirve el móvil. ¿Libera o encadena? ¿A los padres o a los hijos, a los cónyuges, a los trabajadores y sus jefes? Todos protestamos pero todos lo tenemos. Hay progresos imparables, apdre cura, aunque hace muy bien en resistirse usted.

  5. Gasto entre 0,02 y 0,04 eros al día en telefonino. Eso sí, le parasito a mi pareja el suyo cuando lo necesito -poco- con lo que gastamos unos 11 ó 12 eros al mes en el chisme.

    Mi unidad familiar no contribuye gran cosa al enriquecimiento de las operadoras. Sniff.

    Nota bene. Como con el tabaco también habemos -je,je- ‘fumadores pasivos’ de ondas electromagnéticas. (Un amigo, abstemio hasta el desaire, murió no hace mucho de cáncer de páncreas).

    No somos monos locos. Somos simplemente locos. Lo de monos puede ofender al género primates.

  6. Sra. Marta, ¿pararnos?, quizás para reflexionar lo que hemos avanzado, y seguir adelante. O, ¿nos deberíamos haber parado cuando fuimos capaces de hacer fuego?. Cuando aprendimos a hacerlo debimos aprender a controlarlo, pero después seguimos avanzando. Lo que hay que averiguar es si efectivamente es perjudicial para nuestra salud. Otro ejemplo, la utilización de los rayos X. Eectivamente son perjudiciales, y tanto daño hicieron al principio, pero se ha aprendido a controlar sus terribles consecuencias y hoy ningún radiologo muere como consecuencia de sus uso. Repito, averiguemos que puede perjudicar en la uso del móvil, o celular, y pongamos remedio en el caso de que sea nocivo. Yo desde mi ignorancia me da la impresión de que tienen muy poco, o nulo, peligro. Recuerden la polémica que en su día causó el microondas.

  7. Conozco un caso de una persona que ha debido renovar su marcapasos dos veces en poco más de un año, cuando fue programado para durar veinte. Llegamos a la conclusión de que la primera vez fue por efecto del microondas que utilizaba mucho. La segunda en un arco detector del aeropuerto. El señor Berlin hace bien en ser optimista. Pero el peligro no es ni muy poco, ni nulo al menos por ahora y más en niños que abusan del aparato.

  8. 21:43
    Yo estoy con don Isaiah.
    Creo que hay mucho más peligro psíquico que físico.

    Prohibir. Es la vocación del poder. Yo creo que bastaría regular el tipo de aparatos que puedan ser usados por los niños.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.