De atenernos a las noticias que nos llegan, los rebrotes de la pandemia en China resultan más que alarmantes y, por si algo faltaba, su autoridad deja caer ahora que acaba de detectar en los cerdos un nuevo virus “potencialmente pandémico”, y también que, con objeto de quemar etapas en la búsqueda de una vacuna contra el anterior, probará sus efectos en los guripas de su vasto ejército. China es una nación compleja, al menos desde nuestra perspectiva, que no se sabe por qué causa viene enviando epidemias hacia Occidente –en el sentido inverso al de la rotación terrestre, como apunta Amando de Miguel– desde la más remota Antigüedad, y que en la actualidad ha logrado compatibilizar su comunismo de Estado con un voraz capitalismo exportable, presente ya hasta en la última aldea de Occidente. Lapotencia emergente tiene en sus manos  tanta deuda americana que, según los arúspices, si no la utiliza para desestabilzar a su acreedor lo hace sólo por no arruinar sus propias exportaciones. ¿No dijo Confucio que el hombre fue creado para traficar? Un sinólogo preclaro como Henri Michaux aseguraba que los chinos pueden negociarlo todo, desde un insulto hasta su propia muerte pasando por una ciudad. No tienen más que asomarse al “chino” del barrio para confirmarlo.

 

Antes de que el “corona” diera la cara, ese ejército comercial echó el cierre como un solo hombre y lo mismo vueve a hacer ahora alertado, no se sabe por quién, ante los inquietantes rebrotes, lo que sugiere un control diplomático eficacísimo que contrasta con la torpeza estratégica de nuestras autoridades, a estas alturas entretenidas todavía en la recomendación de la mascarilla y el lavatorio de manos pero sin la menor idea de cómo será el próximo curso escolar y apenas un sumario propósito frente a la oscura perpsectiva epidemiológica. ¿Quién concierta a la colonia china con tanta anticipación mientras nuestros “expertos” navegan la pairo sobre una estadística náufraga y le compran al chino –a precio de oro, por cierto– los imprescindibles avíos sanitarios en más una ocasión inservibles?

 

Tan probable es que eso no los lleguemos a conocer nunca como que, a la salida de tanta tragedia, vamos a encontrarnos en la ruina más rotunda mientras esos Fu Man Chu reabre sus garitos y sus financias patrias seforran con la crisis. Y no digamos que, de algún modo,  no se lo merecen cuando aquí no hemos sido capaces, no ya de reaccionar ante las alarmas, sino de algo tan elemental como producir mascarillas. Sabemos que los chinos inventaron hace mucho el papel, la pólvora, la cometa, la acupuntura, la cohetería o la brújula. No es raro que le den sopas con honda a un país famoso por sus textiles que ahora compra sus camisas al otro lado del planeta.

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