Se dijo en tiempos malos pero  no tanto: los que mandan van por un camino y la opinión pública por otro. Ahí tienen a Chaves convocando hace poco al personal a votar lo que a casi nadie interesaba. Ahí lo tienen ahora defendiendo la excarcelación del asesino en serie (los tópicos no dejan de ser útiles y verdaderos) a contracorriente de un pueblo que estos días anda desconcertado y clamoroso. Y la causa es elemental: a Chaves se le da una higa de la opinión de los ciudadanos pero valora sobre cualquier cosa el interés de su partido, que es el suyo, convencido además –lo ha dicho el partido sin cortarse un pelo– que seguirá ganado elecciones porque la inocencia del electorado lo lleva a votar “la marca y las siglas”. Esta democracia mínima exhorta a votar como un deber cívico y a callar luego, durante toda la legislatura, como una simple imposición. Ya me dirán qué importancia tiene que los que mandan marchen en solitario. Chaves no es la excepción sino la regla.

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