Está siendo extraordinaria la actuación del PCE, columna vertebral de IU, en torno al libro de reflexiones de Fidel Castro, al que nuestros voluntaristas siguen llamando el “Comandante”. En su antiguo feudo cordobés sus voceros han dicho nada menos que el castrismo es la clave para la paz y la justicia social en todo el mundo, admirable utopía dentro de la utopía que no deja de ser notable aunque sea por insólita. Lo que si no supone una novedad propiamente entre esos dirigentes, sí que permite ver la distancia que media entre el proyecto de esa izquierda un día democrática y su actual caricatura integrista. El propio Romero venía a decir hace poco que se retiraba con el propósito de ser más comunista cada día, como el fundamento o la firmeza de las ideas dependiera más de la voluntad y la cantidad que de la sosegada experiencia. La noticia del castrismo ha ido de mal en peor, incluso descontadas las críticas viscerales, hasta alcanzar la evidencia de que ningún futuro aguarda a la Humanidad por ese horizonte. Proponerle a la Andalucía un futuro como el presente cubano, más que una terquedad, es ya una aberración.

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