No sé si será cierto que Chaves y Pizarro proyectaban derribar a Griñán tras el previsible batacazo de las municipales y tampoco si será verdad que los mismos se reunían los viernes en Sevilla en una especie de Gobierno paralelo al legítimo hasta que Griñán puso pie en pared. Lo que sí sé es que Pizarro se ha referido públicamente a Chaves como el auténtico presidente de la Junta autónoma y eso –por encima y por debajo de la obligada rectificación del Vicepresidente tercero—constituye un atentado a las reglas del juego democrático imposible de justificar. Pizarro no es nadie una vez dimitido ni lo fue nunca sin el respaldo de Chaves. Eso explica muchas cosas al tiempo que las envilece.

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