Buena le puede caer encima al propio PSOE si se decidiera alguna vez, que no lo creo, a aplicar ese famoso ‘Decálogo’ contra la corrupción urbanística a sus propios concejos y “amigos políticos”. Para empezar porque cuesta entender que el partido que cobró de Gil por recalificar e ingresó la manteca en su cuenta corriente –“caso Montaner”— y que tiene en su crónica negra tantos “casos” incómodos, tenga la osadía de cargar contra los demás en plan adalid de la virtud cívica y la regeneración política. No se olvide que en esa crónica figuran desde los allegados íntimos del expresidente González hasta los escándalos en curso, pasando por el “caso Guerra” o el enredo del “maletín de Ollero”, la portavoza marbellí García Marcos y otros conseguidotes, y tantos alcalde, concejales  o responsables de partido implicados presuntamente en el negocio maldito. Chaves mismo hubo de parar en seco un megaproyecto costero auspiciado por uno de sus secretarios provinciales y no sabe qué hacer con las demoliciones pendientes de aquellos amigos ni cómo explicar sus propias cuitas familiares. Esperar que eso lo resuelva un ‘decálogo’ oportunista constituye una estupenda ingenuidad.

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