He echado de menos una reacción más intensa ante el reciente artículo de Ralf Dahrendorf en torno a las causas de la inmigración. Dahrendorf fue uno de los guías indiscutidos (o poco discutidos) de mi generación, uno de los pocos talentos que consiguió el respeto sesentayochista sin perder el de los adeptos dogmáticos de Marx, cuya obra glosó y disecó con tanto tino, antes de que lo secuestraran (a Dahrendorf no a Marx) los burócratas de Bruselas como comisario de no sé qué y de que en su civilizado país le ciñeran las sienes con el laurel de los lores. Bien, pues Dahrendorf, al borde los ochenta ahora, ha dicho alto y claro, como solía, algunas verdades como puños que vienen queriendo escamotearnos entre los demagogos, los miopes y los pusilánimes. La primera de ella –que choca de plano con el argumento áureo de ZP– es que el terrorismo masivo, el internacional, ese fantasma que recorre el mundo de esta era convulsa, no es sin más una consecuencia de la pobreza, pues la pobreza, como sabe cualquiera que se haya asomado a la Historia, puede ser terreno abonado para la utilización demagógica (para las “ocasionales demostraciones”, dice el maestro) pero es poco probable que funcione como base de acciones revolucionarias serias. Recordemos nuestro propio XIX, con sus “revoluciones de verano”, esos “estallidos revolucionarios” con que los Pérez del Álamo de turno hicieron de asustaviejas del “ancien régime”para acabar inexorablemente como el rosario de la aurora. En buena medida, el llamado “socialismo científico” vino a superar esa fase inútil de la rebeldía –prima hermana si me apuran del propio bandolerismo o, al menos, de sus presupuestos ideológico/sentimentales– con un proyecto de acción basado en esa razón histórica que tantos traspiés ha propiciado. Dahrendorf, poco crédulo ya cuando entonces, sostiene hoy que la pobreza es mal caldo de cultivo para la Revolución, pero que allá donde exista está creando las condiciones de una ruptura irreversible con la tradición que apunta sin remedio a un vuelco de las actuales condiciones de vida en ambos mundos, en el miserable y en el privilegiado. Las pateras: busquen ahí a los futuros partisanos. Hoy no es imaginable una Mano Negra envenenando perros guardianes ni un Fanelli o un Salvochea predicando en las cortijadas. Hoy, digo, si Lafargue el yernísimo viniera de nuevo a predicar en este desierto el subversivo credo del “derecho a la pereza” tendría que instalarse en Barbate más o menos. Más o menos como Cervantes.

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Lo que Dahrendorf viene decir es que es que, tanto en el vasto universo de la desintegrada Unión Soviética como en el heterogéneo que en ese  planeta cerrado sobre sí mismo que llamamos mundo islámico todo pudo ir más o menos normal mientras duró el equilibrio de la rutina, pero que una vez rota esa homeostasis que tenía mucho de inercial, no va a haber forma de evitar el éxodo masivo, sin duda el gran fenómeno del siglo XXI. El Tercer Mundo nos ha visto por la tele y se ha creído la película en principio para descubrir enseguida que el viaje hasta nuestras placenteras playas era mucho más largo y proceloso de lo imaginable. Y si quizá la primera generación ha venido soliendo resignarse, hasta ahora al menos, al ruido y la furia de su “banlieue”, las siguientes, como estamos viendo en Francia o Gran Bretaña, son ya harina dentro costal. Un costal al que le estallan las costuras de la peor trilita imaginable: las ambiciones estimuladas (por las “medios”, por las mafias, por los propios Gobiernos) y finalmente rotas. Dahrendorf descarta toso simplismo, incluso el que, componiendo sus propias razones, acabo de utilizar, pero sostiene que no es la pobreza sino la frustración el motor del terrorismo. Dentro de unos años hablaremos como ahora hablan ya en Francia. Sarkozy es, en cierta medida, una respuesta de esa Historia que Fukuyama quiso enterrar viva.

11 Comentarios

  1. No hará falta una segunda generación nacida en nuestros extrarradios. Esta generación que con o sin papeles hoy trabaja en la construcción, pongamos por caso, dentro de un par de años es posible que se vea empujada a la marginalidad. Nustras banlieus de chabolas, alrededor de la ciudad o junto a los olivares o los campos de fresones, tendrán todo el año lo que hacen hoy como temporeros: vivir un poco del pille, del mínimo saqueo, del hurto más o menos consentido.

    Nuestros servicios sociales, hoy sobrepasados en su capacidad, lo tendrán sobremanera difícil cuando aumente exponencialmente el número de solicitantes. Si yo fuera Rajoy, que no lo soy ni Dios lo permita, no tendría excesivo interés en gobernar los cuatro años venideros. Que se coman el marrón los que han montado el belén.

    Y hablando de Belén. Dejen que el cava catalán se lo beban los que hablan catalán. Hay muchas otras opciones para descorchar estas navidades.

  2. Hoy, cuando el Papa cambia el nacimiento de Jesús de Belén a Nazaret en su «belén» del Vaticano, es un buen día para hablar de deslocalizaciones, como hace jagm. A quienes les han enseñado (antes de que la Historia comenzara en la creación del mundo por Felipe González y sus ángeles) que el Imperio romano cayó en el siglo V ante la invasión de los bárbaros, quizás no tenga clara idea de que es invasión comenzó mucho antes, ya en el siglo I cuando el estado de bienestar de los romanos atraía a los extranjeros (bárbaros en latín) y comenzaban a instalarse para trabajar sus campos primero y para servir en sus ejércitos después. Como diría Carlo Mª Cipolla comentando el ocaso del Imperio español, esto ha sido siempre algo cíclico. Es una cuestión de tiempo… y de costumbres ligadas a un determinado nivel de vida. Ese que ansían los que se ven al margen y que cada vez sienten con más fuerza que se les necesita. Repito: el hecho de que en España haya oficialmente cuatro millones de inmigrantes y dos de parados nacionales, pienso que es un síntoma claro de lo que ocurre.

  3. En la Historia de la humanidad, todas las revoluciones que se han llevado a cabo han sido con el estómago lleno.

    Cuando hay hambre, el único deseo imperante es saciarla. Una vez conseguido llenar el estómago, el espíritu está presto para el vuelo de la imaginación.

    Felices fiestas y un 2008 lleno de ilusiones satisfechas para todos…..

  4. Lógica reacción de EM tras la sentencia (admirable) de ese juez justo. Aburda pero epxlicable reacción de Chaves al recurrir, porque no querránm que se quede desnudo ente los ciudadanos como el rey de la fábula. Total, un triunfo de todos. Que un Consejo Mundial se haya fijado en Sevilla ya es un logro de los periodistas de EM. De don jagm entrev ellos, y muy destacadamente, por supuesto.

  5. 00:33
    Sí don Rogelio, el Abate tiene razón, lo que pasa es que ahora el proceso se acelera:
    1º El hambre los empuja al paraíso.
    2º Les llenamos la panza y entonces empiezan a pensar que el paraíso no es justo, que por supuesto no lo es.
    Y ahí empiezan los problemas.

  6. El «efecto llamada» lo produce la televisión. Crweo que el artículo de hoy es un modelo de reflexión profunda y me extraño del poco interés suscitado.

  7. Lo de las pateras va a mis, el análisis también. Una columna para reflexionar mucho. Desgraciadamente, como nosotros mismos probamos, los temas cruciales no son tan «interesantes» en la práctica como otros que yo me sé.Menos malque cponozco la firmeza de las conviccioones de nuestro amigo, que seguirá por donde su conciencia le dicte.

  8. Bonirto homenaje a Dahrendorf, inteligente el análisis del viejo maestro y los desarrollos que hace jagm. Un tema muy navideño, si bien se mira, quiero decir, si se mira desde la costa a la que llegan esas pateras sin que ánmgeles canoros las reciban no Magos regios les ofrezcan regalos.

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