Al Parlamento andaluz le da igual que le da lo mimo de los avisos y censuras del Defensor del Pueblo. No quedan ya, además, Defensores capaces de recoger sus papeles y decir “Adiós, muy buenas” cuando sus Señorías, como ocurrió alguna vez, se levantaron en masa para irse al bar. El Defensor es la inutilidad institucional  convertida en coartada asamblearia del “régimen” que, periódicamente, se deja flagelar por encima de la albarda y una ayuda para la cantina de la Casa. ¡Pero si no le hacen caso a los jueces ni a la leal Oposición, cómo esperar que se lo hagan a un beneficiado inerme! “Vivimos nuestra peor Historia y en la mayor desigualdad, aumentan los pobres y las mujeres discriminadas…” . El Defensor “dixit”, los trinca-dietas, ni caso.

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