En una decisión verdaderamente desconcertante, al menos para legos, el Tribunal Supremo acaba de establecer que el mero hecho de que un extranjero se halle de forma ilegal en España no es motivo suficiente para expulsarlo del país, extravagante criterio que lleva del tirón al cuestionamiento del valor real de esa ‘papela’ por la que tanto han bregado y hasta se han quedado en el camino muchos desventurados. ¿Qué hacer con el intruso, como conciliar la magnanimidad con la normativa, tiene sentido impedir el paso drásticamente a la oleada de inmigrantes sosteniendo al mismo tiempo que los papeles no son, de hecho, necesarios para instalarse y adquirir derechos? Durante casi veinte años se ha vivido en el aeropuerto parisino de Charles De Gaulle la extraña historia de un ciudadano indocumentado de origen iraní, Merham Karimi Nasseri, que ha resistido vivaqueando en la terminal atrapado en la kafkiana aporía de que ni podía pisar suelo francés por carecer de documentación, ni ser devuelto a Irán por haber sido expulsado de aquel país con carácter definitivo. Puede que recuerden la película que hizo Spielberg sobre este extraño precarista –“La Terminal”– en la que Tom Hanks encarnaba a esta náufrago burocrático que se levantaba a las cinco de la mañana, procedía a su aseo en los servicios públicos, comía los “vouchers” sobrantes de las aerolíneas y se valía para su cosmética de los ‘kits’ de cortesía que ofrecen los vuelos internacionales. Nasseri ha preferido ese rincón a aceptar el refugio belga o la temporalidad francesa, empeñado en su derecho a un pasaporte normal y corriente como el que un día le robaran, en extrañas circunstancias, y en ese plan ha sobrevivido durante décadas incluso tras obtener de la productora de su película una cantidad millonaria a la que, naturalmente, tampoco tiene acceso como indocumentado que es. Un papel puede serlo todo en la vida de un hombre –recuerden la épica de “Casablanca” y su almoneda de visados– o no ser nada. En LO curioso es que en España ambas posibilidades coexisten legalmente.
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Es posible que la nueva amenaza terrorista, la de estos mismos días, complique la situación de los extranjeros en nuestro amenazado país, entre otras poderosísimas razones porque comienza a obsesionar la idea de que, en este momento, reside ya en España una legión de inmigrantes mucho más numerosa que nuestras fuerzas de seguridad y que, como está demostrando la saga del 11-M, incluye un número elevado de activistas potencialmente peligrosos en grado extremo. Y ante eso podrán arbitrarse las medidas que se quieran, pero parece lo más perentorio que, en beneficio de la propia inmigración, se establezcan con firmeza los criterios de admisión y las condiciones de expulsión. Lo que no es posible, al menos a medio plazo, es mantener aislados en alta mar a unos por carecer de papeles y consagrar al mismo tiempo a otros en igualdad de circunstancias. Una leyenda como la de Nasseri puede integrarse sin problemas en la cara paradójica de la luna legal, qué duda cabe, y hasta convertir a su protagonista en un héroe respetado que se hace llamar “sir Alfred” y despacha a sus visitas con aires de anfitrión, pero poco o nada tiene que ver con la tragedia cotidiana y oscura de la muchedumbre que llega en busca de una vida nueva. El Tribunal Supremo tendrá que acabar asumiendo que esa decisión suya es por lo menos paradójica y que, tratando de ayudar a unos, supone, que es lo malo, una grave preterición para la mayoría. Aquí hemos llegado a largarles haloperidol a unos expulsados revoltosos a bordo de un avión o a reproducir en el telediario la inconcebible imagen de otros desgraciados desangrados en la impía alambrada de nuestra invadida  frontera. No nos faltaba más que ver al Tribunal Supremo mojando a conciencia esos disputados papeles por los que tantos vienen padeciendo un calvario desde hace demasiado tiempo.

4 Comentarios

  1. Qué alivio. Cuando parece que en este sufrido país, Expaña, sólo hay DNT, 11M, euskonazis ensimismados de las dos vertientes, la que asesina y la que comulga, políticos full y raboalcaldes rateros, el Maestro nos recuerda otro tema, que junto a la carestía de las viviendas, el trabajo basura, el resurgir de la inseguridad y otras yerbas malignas, nos acosa: los problemas derivados de una inmigración –dejemos a un lado la amenaza del integrismo con turbante- que en pocos sitios es tan descacharrante como aquí, donde los tontos circunflejos hacen relojes de arena. (Los jueces miramelindos estarían a gustito en un frenopático).

    Hoy es 14 de abril.

  2. 16:47
    La columna de hoy, con la que no me meto, me recuerda la entrañable película alemana “El Capitan Kopenick” de 1956, donde se plantea la necesidad de papeles para un nacional y cuando nunca se hubiera imaginado el derecho de un extranjero ilegal a permanecer en el país “invadido”.

  3. Verdaderamente incomprensible.Siento verdadera curiosidad por saber qué papeles son necesarios para poder expulsar a un ilegal.¿Cómo hay tan pocos comentarios hoy?

  4. 23:52
    Pienso, doña Sicard, que es porque casi todo el mundo quiere expulsar a los ilegales pero decirlo no es políticamente correcto.

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