Es noticia frecuente estos días la “guerra de los obispos” desatada en la China post-comunista. Se trata de la reacción, no poco lógica, de aquel enigmático régimen que crece a un ritmo fabuloso aunque sienta crujir los cimientos bajo sus pies, a la iniciativa papal de acelerar el proyecto wojtiliano de evangelización de aquel enorme país en el que masas crecientes de ciudadanos descolgados del milagro económico se abalanzan sobre iglesias y sectas en busca de la última esperanza. El estopín de la guerra parece que ha sido la concesión del capelo cardenalicio al obispo de Hong Kong, el discutido moseñor Zen, azote implacable de la China continental y sus peculiares métodos de control social, ascenso que el Gobierno y el Partido o viceversa han interpretado como un signo hostil que habría anulado de un plumazo, y nunca mejor dicho, la larga tarea diplomática que no es ningún secreto que se desarrolló bajo el anterior pontificado. La reacción del poder chino, muy lejano ya de los planteamientos maoístas, no ha consistido esta vez en el enfrentamiento y la exclusión de la nueva fe sino en repetir la lejana jugada de Enrique VIII consistente en el establecimiento de una “Iglesia patriótica” en la que la designación de los pastores deja de ser competencia o privilegio de Roma, incluso materia negociable entre las “dos espadas”, como diría el papa Gelasio, para pasar a integrarse lisa y llanamente en el repertorio de competencias políticas del Estado. Los obispos los nombra ahora Beijing y no Roma y las consagraciones las lleva a cabo sus obispos auténticos, según el acreditado modelo puesto en práctica con tanto éxito por el antipapa Clemente en la Iglesia de El Palmar, a su vez mera réplica cutre pero eficaz de las experiencias ortodoxas y, en especial, del patriarcado colaboracionista consentido por el propio Stalin. Hay tiros que salen por la culata y ése de enviar la púrpura a Hong Kong le ha reventado bruscamente a Benedicto XVI. La verdad es que también había que ser lila para esperar que los chinos se quedaran de brazos cruzados tras aquella provocación.

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La Iglesia romana sabe que es en estos hormigueros “en desarrollo” donde permanece agazapado su futuro estadístico. En China, por ejemplo, se cuentan en este momento trece millones de católicos que se disputan la fe de las masas empobrecidas del interior campesino y del suburbio urbano en feroz competición con otras iglesias y sectas de rápido crecimiento. El viaje del papa anterior a Brasil puso de manifiesto tanto la vitalidad de las sectas cristianas como el resurgir de los cultos aborígenes, lo mismo que el que realizó a México descubrió el vigor actual de las devociones sincréticas y de los cultos paganos. También el patriarcado ruso se resiste a un acercamiento del que siempre han recelado los “hermanos separados” y se aleja cada día más, según los observadores, de las posiciones transigentes conseguidas en tiempo y por expreso empeño de Juan Pablo II. En todo caso, el experimento chino –una “iglesia patriótica” vinculada con fuerza al omnipresente partido comunista—cierra una puerta importante a la estrategia romana de una evangelización compensatoria de las vertiginosas secularizaciones registradas en el mundo avanzado. La historia es vieja. Cuando Clemente apareció por Sevilla luciendo su ropa talar el cardenal Bueno Monreal le echó encima a la Guardia Civil pero sólo justo el tiempo imprescindible para percatarse de que la opción de encarcelar a un majareta que, eso sí, era al cabo un obispo consagrado, implicaba más riesgos que ventajas. No es una casualidad que una de las primeras providencias del papa reinante haya sido tender la mano a los cismáticos integristas de monseñor Lefèvbre. Lo que no se comprende es la pifia de Hong Kong. Amenazar “a un león con un mal palo”, como decía ‘don Juan’, nunca resultó razonable fuera quien fuera el domador.

10 Comentarios

  1. Estos días me encuentro en el esperpento mental de dar más crédito a ETA que al Gobierno de España. ¿Estoy enfermo?

  2. Viva don Evo, ché, espero alguna columna tuya sobre ese nuevo orate al servicio del Gran Orangutçan. Si vos supieras lo que yo de organgutanes, viejo, no callabas. Un beso.

  3. Me temo, Jefe, que lo de la púrpura, el cardenalato y las misas en latín van interesando cada vez menos a la basca.

    A pesar de estar bien traido lo de “la Voltio”, me temo que los blogeros -y blogeras, como servidora, oigg- pasan, pasamos, bastante del Benito Dieciseis. Quien visita el parque temático del Trastévere o cualquier romería de intere´s religioso-cultural-antropológico, toma ya, pues es como si fuera ya incapaz no ya de recitar el credo de Trento, sino ni de tararear el Ave Maria de Schubert.

  4. Impropio comentario en persona de tanto sentido común como doña Episosa. Más allá del distanciamiento, de la desocnfianza o incluso del rechazo, la crítica religiosa –y creo que eso es lo que hay en la columna de hoy, nunca es baladí. No es que yo barra para adentro. Mis adentros nada tienen que ver con esas “afueras”, mi querida Episosa.

  5. ¿? Observe, Sr. Cura, que ni siquiera Vd., que es el único representante del clero en éste blog, que sepamos, ha querido entrar en el tema.
    ¿Qué puede esperar de estas ovejas descarriadas, descreídas e ignorantes?

  6. Temo, hermano Griyo, que no ha entendido mi desencanto. ¡Claro que tendría mucho que decir, incluso que discrepar/coincidir con jagm, pero me refería al desinterés de la “parroquia”. Estoy entre quienes celebran especialmente las veleidades críticas de ja en torno a la Religión o a la religión, ya me entiende. Pero lo de “El Palmar de los chinos” tiene demasiado interés para pasar desapercibido en este blog. Sospecho que no habrá pasado entre lso lecores “en papel”, como suele decir con frecuencia doña Epi, cuya exhibición de lejanía también me ha extrañado. En cuanto a mí, no me vean como a un cura, por favor; si quiesiera exponerme a eso usaría un pseudónimo menos descifrable, como los demás.

  7. Me fastidia pero debo reconocer a jagm su instinto para poner el dedo en la llaga que más le duele a la política oficial de la Iglesia, aunque sospecho que él mismo procede de la Fe: se le nota mucho. Lo de Léfèvbre, por ejemplo, ha sido incomprensible como lo fue, nada más llegar Benedicto, el golpe a algún gran cristiano de EEUU, jagm sabe a quién me refiero, seguro. Pero esto de la China es un error de consecuencias difíciles de evaluar, dado el potencial demográfico y el expansionismo de esa nación. No se puede reproducir el modelo de penetración y de hegemonía antiguo hoy día y menos en países “exóticos”, ajenos a “lo nuestro”, como China. Nunca hemos logrado penetrar ben Extremo Oriente. Estamos viendo que alguna parte de culpa debe tener la propia Iglesia.

  8. Puede que nos hayamos quedado en la simplicidad, que nuestro dial se vea reducido a cuatro temas (eta, el bipartidismo canalla, las estafas y la salsa rosa). Yo que el maestro me echaba a descansar bajo los altos tamarindos, y que cada cual se las arregle como pueda, si engañado, pues engañado, si con cierto, pues mejor. No sé por qué decimos tantas cosas contra los jóvenes y su desinterés, cuando la realidad es que en cuanto nos sacan de la rutina parlera apagamos y damos media vuelta. Menos mal que GM es inaseuqible al desaliento. Afortunadamente para algunos.

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