No me parece proporcionada la movida organizada por el propio Arenas contra el llamado “palacete” de la presidenta de la Diputación, y menos que se espere, con la que está cayendo, una  comisión investigadora para aclarar ese caso, o que se lleve la cuestión al Parlamento, como si no hubiera un puñado de problemas onubenses de mucho más calado. Pero tampoco el despótico silencio de esa Presidenta que debe de creer que el dinero público es suyo y que ninguna obligación política ni ética la obliga a explicar por que derrocha de esa manera manirrota en plena crisis. Sin salir de ese organismo habría cuarenta asuntos políticamente más interesantes que ventilar, y que tal vez resultaran tan rentables o más electoralmente que el lío de los tresillos de cuero.

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