En los viejos tiempos de la dictadura se hablaba mucho del “oro de Moscú” y, nunca supe por qué, también del de Praga. Se daba por sentado que si hacíamos una asamblea en la Facultad, se producían carreras por las calle y nada digo si había una huelga en una fábrica, la mano que mecía esa cuna no era otra que la larga que desde la URSS –Rusia, solía decirse– enviaba sin tasa para recompensar a los rebeldes. Mucho menos se habló del “oro alemán” o sueco, incluso mientras duró la polémica de la ayuda socialdemócrata que un PSOE adolescente y recién llegado recibía de “Flik y Flok”. Siempre el oro, la eterna canción que evoca al militante como mercenario y en la que los poderes constituidos ven a las primeras de cambio la racionalización más cómoda de la rebeldía. El sábado se produjo en Moscú una sonada manifa –la autoridad municipal se vio forzada a autorizar hasta 30.000 participantes—convocada por las redes sociales como refuerzo del movimiento contra el fraude electoral del pasado día 4, que viene rebotando desde el Este lejano a la propia capital, en cuyo centro –alrededor de la Plaza Roja y el Kremlin—ha podido verse el mayor despliegue de fuerzas desde el “pustch” contra Gorbachov. No han faltado los incensarios de los popes y el concurso de los estudiantes, a algunos de los cuales se les ha retenido en clase por el procedimiento simplón de imponerles un examen por sorpresa o anunciarles repentinamente una inverosímil epidemia de gripe. ¡El oro de Washington, cientos de millones de dólares han logrado perturbar la paz de hierro impuesta por Putin y éste ha rescatado del desván, sin pensárselo dos veces, el espectro de la Guerra Fría! Los propios observadores internacionales de la OSCE aseguran, sin embargo, que durante el domingo electoral detectaron numerosas irregularidades, confirmando la sospecha de que Putin podría haberse agenciado alrededor de veinte puntos más de los que realmente obtuvo en las urnas. Más oro haría falta para probar eso, me parece a mí.

No hay dictador que no atribuya a algún adversario la financiación de la rebeldía que se le opone, como si no supiera hasta el gato que en las protestas y hasta en las revoluciones pesan mucho más que el oro otros factores no siempre fáciles de definir. En este caso se ha escuchado la voz de un archimandrita tronar “contra el cinismo” de ese régimen bicípite que ha sabido meter en vereda a las masas y dar a cada mafia lo suyo. Pero esto que se ha visto en Rusia sugiere que no todo está definitivamente  ganado ni perdido. Putin, que fue capo del KGB, debe de saberlo mejor que nadie.

1 Comentario

  1. Sin duda no es el oro el que ha sacado a la calle a los manifetantes moscovitas pero desde luego a los desertores sirios si que les viene bien el dinero y las armas que les mandan desde diferentes paises occidentales. Creo que es imposible derrocar un régimen sea el que sea, sin ningún medio.
    Un beso a todos.

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