Leí hace unos años un libro que me encontré en París cuando había superado ya las veinte ediciones, circunstancia que me llamó la atención tratándose de una obra sobre el neoliberalismo. No tenía ni idea de cómo se las habría arreglado aquella joven canadiense para lograr semejante éxito editorial pero en cuando le eché la vista encima comprendí que no había más truco que un vehemente alegato contra la economía de mercado, es decir, que era un libro a contracorriente, y ya se sabe que Camus auguraba lo mejor a esa clase de literatura. Naomí Klein, que así se llama la autora, acaba de publicar ahora otro (entre tanto he oído rumores pero sólo lejanos) titulado “La doctrina del shock” que es un encendido argumentario contra el libre mercado al que la autora no considera, ni mucho menos, un inocente fenómeno acaecido en democracia sino el resultado de una estudiada estrategia de estafa y violencia que le ha salido bien al Sistema desde Chile a Rusia y desde Sudáfrica a China. ¿Cómo se las avía el capitalismo para introducirse y apalancarse en esas áreas nuevas a las que somete con rigor? Pues según Klein aprovechando las crisis hasta convertirlas en francos accesos para unas “medidas de choque” (¿les suena?) en las que es preciso incluir, según ella, junto a las apacibles y burocráticas, las más drásticas y violentas. El neoliberalismo no ha descubierto nada pero ha extremado el recurso a la crisis y, en especial, al desastre, para colarse de rondón en la vida de las sociedades a base de un modelo que la autora denomina “la economía del shock”. Polonia lo mismo que China, la inmensa mayoría de la región hispanoamericana, la guerra de Irak o el huracán ‘Katrina’, la crisis y el desastre en suma, ha sido utilizados para aplicar el antiguo truco de convertirlos en oportunidades de negocio. El desastre, incluida la propia guerra, son el combustible que necesita la insaciable máquina de ese modelo económico, global por otra parte, hoy casi incontestado en todo el planeta. Se pueden decir cosas muy duras, pero quizá no más concluyentes que esta ristra de alegatos contra la ortodoxia vigente. El evangelio de Chicago no trae la paz sino la guerra y el desastre es su mejor baza. Aviados vamos.

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Es verdad que esta temporada los propios norteamericanos están comprobando por sí mismos la falacia de la transparencia neoliberal pero, frente a esta evidencia, que tardará en hacer su efecto profundo, cierta izquierda ingenua o desnortada ve en la crisis de los mercados una señal de bonanza y futuro, algo así como el signo celeste que confirmara su reticencia y su oposición. Sobran ejemplos, en todo caso, para apuntalar la tesis de Klein, si pensamos, entre tantos otros casos, en la privatización de la guerra y el negocio mercenario destapado en Irak, el saqueo legal de Nueva Orleáns tras su catástrofe o el festival de compra “a la baja” que se prevé en el mercado inmobiliario europeo (en el español, para qué hablar) por parte de un capitalismo en penumbra en el que la enorme masa de dinero negro no sería la única ventaja a la hora de competir con la sociedad en apuros. Me gusta esa flor negra de Naomí Klein, la observación de que el capitalismo no es una moral (a salvo Calvino y su prole) sino una práctica implacable que ha sabido sacar provecho incluso de la desgracia. Ya veremos en qué consisten las “medidas de choque” que nos aguardan a la vuelta de la esquina optimista, en especial las que nos vengan desde Bruselas o, a su través, desde la mismísima Babilonia yanqui. Me disgusta en esta autora cierto sonsonete “piquetero”, su idea de que la llamada “reconstrucción popular” (se nota que ha vivido en Argentina)  o la oposición masiva a las políticas liberales son la única salida al laberinto de la recesión que no viene pero que cabalga sin freno. Pero reconozco en su desafío dialéctico una fuerza casi olvidada a estas alturas. ¡Hacer el agosto con el desastre! Esa idea bien merece una reflexión profunda.

6 Comentarios

  1. 10:04
    “¡Hacer el agosto con el desastre!”

    Nada nuevo bajo el sol.
    Ya el millonario Creso, dueño del servicio de “bomberos”, negociaba con el infortunado propietario la compra de la casa que ardía antes iniciar los trabajos de extinción.

  2. Si mi información y mi criterio no fueron lo suficientemente manipulados, al parecer los tres de las Azores -que fueron cuatro- se relamían de gusto pensando en el negocio de las grandes constructoras que levantarían -ladrillo y hormigón- todo lo que cayese en Bagdad y alrededores.

    ¿Y quién me dice que la primera ficha del dominó de las subprime no la hicieron caer los mismos que ahora están preparando el latón debajo del cárter para recoger toda la grasa barata -de balde, vaya- que luego previo blanqueo volverán a vender?

    Cuando oigo hablar de esas reuniones de ¿ficción? en que unos tipos silenciosos y oscuros se ponen de acuerdo en enrevesadas cavilaciones que todas llevan adonde mismo, no sé si echarme a temblar o utilizar ese fantasma como sábana vieja de algodón de la que cortar trapitos limpios y suaves para el cuidado de almorranas y similares.

    ¿Algún exégeta o copain del Anfi me podría aclarar por qué salva a Calvino de esos afanosos que santifican la acumulación de riqueza?

    (Bemvindo, mi don guadianesco Elitróforo, y no se venda vuesa merced tan caro).

  3. [fusilado de una tal Shiva en los comments de aquí más abajo, donde el Jefe habla de cositas de Andalucía]

    (¿Fuera de contexto?) Ayer me llamaron a las 5:10 p.m. ‘Pon el Canalsú, verás qué espectáculo’, fue el mensaje. Enciendo el electrodoméstico y hay una conexión en directo con … ¡Alcalá de los Gazules!

    Duró un buen rato la pavada: unas vaquillas asustadas y unos mozos machotes que les hacen quiebros y volatines, aunque eso no se vio. Solo a los machotes tras la faena. Pero el número fuerte era la retransmisión de la confección de un plato típico, una especie de gazpacho ¡caliente!, que lo confeccionaban -¿se lo imaginan?- doce o catorce ¡mujeres, ni un solo hombre! Eso sí, ataviadas con delantales y pañuelos a la cabeza. Los hombres estaban por detrás, de miranda y el vaso en la mano.

    Luego las mozas sesentonas se echaron un baile. Ningún hombre bailaba. Me imagino que en la misa del santo Patrón, el alcalde -no sé por qué me barrunto que socialista, perdón, de la Pezoe, que son cosas distintas- encabezaría la función con su vara y su canesú. Luego fue entrevistado en directo. Nada de racaneo, por tó lo alto.

    Según mis noticias, dicha ídem correspondería a un programa que se llama Andalucía Directo, más tardío, pero no iban a tener a las criaturitas hasta tan tarde sin comer. Pues se intercala el notición en otro programa distinto y ‘a juí’, que dicen en mi pueblo.

    Por cierto, en dicho Alcalá nació el día de la Candelaria de 1977, la Excelentísima Señora Ministra de Igualdad, doña Bibiana Aido, que tuvo la aguileña y preclara visión de apuntarse a la Pezoe-A en cuanto cumplió la mayoría de edad. Qué carrerón lleva la señora: primero, directora de la Agencia Andaluza para el Desarrollo del Flamenco -con un buen sueldecito, supongo- y ahora con 31 añitos recién cumplidos, en todo lo altito de la cucaña. Felicidades, compañera. Tú sí que vales.

  4. No hay nada más poderoso que una creencia, decía, ya va para dos siglos desde entontces, Numa D. Fustel de Coulanges. Y el dinero, que yo sepa, hoy no es más que una creencia (y por eso existe): si yo lo poseo es sólo porque los demás piensan que es así, pues no es desde luego nada tangible (o “material”, que dirían los clasicos). Si lo unimos a otra creencia, la de la propiedad privada, el cuadro se completa (¿por qué no puedo yo vender mi “propiedad” a Inglaterra si realmente es sólo mía?). Y luego se nos acusa a los andaluces de querer vivir del cuento, como si no lo hiciéramos todos, en mayor o menor medida: Todo consiste en hacer creer a los demás que el trabajo dignifica. Sobre todo al que puede vivir del que realizan los demás, digo yo.

  5. No tengo bastantes conocimientos en economía para oponerme a la señora Klein, pero es verdad que su tesis es seductora.
    Gracias doña Shiva por el nombre que busqué ayer desesperadamente. A veces estoy segura de tener Alzheimer.
    Besos a todos y a usted en especial.

  6. Cuando alguien dice ‘soy un imbécil’, tenga cuidado con él, madame, porque de imbécil no tiene un pelo. Incluso si ha cometido una imbecilidad.

    Su Alz. no me preocupa lo más mínimo. Ni debería preocuparla a Vd.

    Le copio un párrafo interesante de la web de la Fundación Alz. España:

    “¿ Las perdidas de memoria: se trata de una queja amnesica “banal” o de una queja susceptible de revelar una enfermedad de Alzheimer?

    Las pérdidas de la memoria son normales en las personas mayores,-(tampoco digo que sea usted mayor, madame, solo que la edad avanza cada día)- y responden a dificultades psicoafectivas, como consecuencia del envejecimiento. Aunque son molestas para la persona que las sufre, estas dificultades no son graves…/ (En el Alz.)… las dificultades de memoria, muy evocadoras, se deben a una falta de memorización de la información a corto plazo. Se refieren entonces únicamente a los hechos recientes -RECIENTES, madame- (por ejemplo lo que he hecho ayer), y no afectan a acontecimientos del pasado (mi juventud) o a lo referente a nuestro conocimiento del mundo…”

    Tiene una amplia información, clara y suficiente para calmar muchos miedos en:

    http://www.fundacionalzheimeresp.org

    Smuakisss, smuakisss. (Es la versión de la gente joven para la onomatopeya del beso).

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