Por más despectivo que resulte el término “cultura de masas”, acuñado por la sociología crítica americana de los años 70, hay que reconocer que su éxito actual está basado en la confabulación de la curiosidad alcahueta de masas efectivamente sin otra capacidad posible, con la mostrada por un amplio sector social, tradicionalmente ignaro y siempre indiferente ante la cultura en todas sus manifestaciones, ante el enigma visto desde una perspectiva que pudiéramos llamar –sólo para entendernos, por supuesto– realidad “trascendente”. Las autoridades de Roswell, en pleno desierto de Nuevo México, administran con astucia el burdo asunto del ovni supuestamente estrellado en sus inmediaciones y los cadáveres de esos presuntos extraterrestres que han logrado hacer del pequeño poblado la capital mundial de esa ciencia sin contenido que es la ufología, hasta el punto de colocar a la entrada del pueblo vistosos carteles en los que se da la bienvenida –“Aliens Welcome”– a los eventuales visitantes del espacio. En Rennes le Château, el pueblecito del Languedoc que hizo célebre la leyenda del oro secreto de el astuto abate Saunier, el turismo papanata avanza cegado por la patraña de una leyenda de cátaros y templarios que peregrina a su mínimo cementerio y escudriña la iglesia de la Magdalena en busca de señales que permitan la confirmación de las disparatadas hipótesis, hábilmente administradas, a su vez, tanto por la diócesis como por el consistorio. A una abadía cisterciense de Tarragona, la de Santes Creus, acude también una riada creciente de curiosos ávidos de comprobar que, en efecto, en cierto retablo del XVII (¡un poco tarde para hablar en serio de templarios y rosacruces, en todo caso!) aparece al pie de la Cruz una Magdalena embarazada que “demostraría” por demás las fábulas y embustes puestos en circulación por le famoso “Código da Vinci”, ese monumento a la ingenuidad que ha logrado tomarle el pelo a medio mundo. Lo mismo que al monasterio pontevedrés de Santa María de Oia, ante cuyo retablo se dejan las pestañas detectivescas los seducidos por la jácara montada por el chismorreo hermético en torno a la difamada “discípula”. No creo que haya precedente de un esfuerzo colectivo comparable a esta monomanía ante la que Renán sonreirá, a buen seguro, desde su lejana perspectiva crítica.
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Desde luego no deja de ser grotesco que una sociedad que apenas lee ni se interesa por la historia esté respondiendo con tanto entusiasmo a la convocatoria de un puñado de intrépidos “iniciados” que les venden por toda mercancía una vaga leyenda que incluye desde las fantasías artúricas a las soplapolleces contemporáneas. Nunca tuvo más mirones la ‘Cena’ de Leonardo ni hubo más colas intrigadas ante la ‘Gioconda’ que desde que la teología mayor ha sido jibarizada por los nanomitógrafos a un laberinto de pamplinas esotéricas en las que a la pobre Magdalena le ha tocado el papel más arrastrado y el mito histórico que ha sido capaz de caracterizar a Occidente trata de ser reducido a una basura fabulística centrada en la presunta “descendencia de Cristo” y la rancia leyenda merovingia de la “sangre real”. Nada como la novedad, pocas cosas tan atractivas como la extravagancia, ninguna acaso como la ingenua trasgresión del saber acreditado a la hora de poner el tenderete en el zoco de los fisgones y los buscavidas. Balzac sostuvo –por la cuenta que le tenía, claro está– que frente a la “historia oficial”, por lo general mentirosa, se alzaba incólume la “historia secreta”, la mediavoz sin responsable, el cuchicheo libre. Y estos pelafustanes espontáneos han convertido de hecho esa “boutade” en uno de los más espectaculares negocios de nuestro tiempo. “Alien Welcome”: el cartel no necesita comentario. El trapicheo de este magdalenismo insensato, tampoco seguramente.

15 Comentarios

  1. Alguien que se atreve a denunciar la superchería. ¡Enhorabuenas, no sólo a esa persona sino a todos sus potenciales lectores! Es una vergüenza el vapuleo indecente que se le da a la Razón en nuestra cultureta mediática, pero más lo es el silencio de los críticos, de los intelectuales, que saben que podrían llevarse un palo del lectorado, de las editoriales y de “la otra crítica” si decidieran denunciar a los cuentistas. Gracias, sr. gómez marín por su gesto de hoy.

  2. Gracias también, esta vez en nombre de María de Magdala, gran figura incomprndida sobre la que estos ignorantes apalean basura. Sobre Cristo, mejor no añadir nada…

  3. El opio me parece mucho símil. Más bien lo que le da esta caterva al gentío es vino peleón, alcohol de garrafa, falsa erudición mentirosa. También yo me revelo ante esta invasión que parece no tener límite. Y es curioso eso que dice: quienes nada se interesan en la Historia se vuelven locos por cualquier superchería que les cuente un indocumentado.

  4. Ningún ejemplo mejor que el de las Caras de Bélmez, engaño auspiciado por el Ayuntamiento incluso después de haberse demostrado su falsedad. En estos casos –ahí está El Escorial, pero también Fátima o Lourdes, no nos engañemos– basta con ñla afirmación de lo extravagante, En efecto, señor g marín, nunca escucharemos a alguno de estos “investigadores” hablar de Renán.

  5. Y es que en el fondo lo que manda es la pela, huy, digo el leurito. Ciegos de ripio y cartelón, tullidos falsos o no -‘Divinas palabras’-, charlatanes, vendedores de mantas y similares han sido sustituidos por Códigos da Vinci, Cenas secretas, Últimos merovingios -me las he chupado las tres, pero ni una más, mea culpa- que se venden en los híper, los nuevos templos del dios Consumo. Ahí tienen la pottermanía y el montaje de vómito que se organiza, un márquetin agresivo y delirante que derrama sus dádivas -supongo- a las televisoras que lo llevan al noticiero.

    Lo de atraer al turista ya lo profetizaban Berlanga, Lolita Sevilla y Pepe Isbert. De cuando en vez pongo el Canalsú de exportación y durante un par de días intento que no se me note mi acento andaluz del que me siento tan orgulloso. Más que nada por el bochorno de que alguien de por aquí lo vea. Cada pueblito aparece con su tocomocho para que alguien pique y le dé por ir allí.

    Pero no me quedo con las ganas de decir que llevo casi mediado ‘El pedestal de las estatuas’. Trabajillo me está costando, pero lo voy a terminar. Mucho me temo que señor de las Troneras se ha apuntado al carro facilón de la historia espuria. Y con la malísima leche que últimamente le rebosa, si es que alguna vez la tuvo algo más sana, no repara en gastos a la hora de escupir, pisotear, escarnecer. Su originalidad (!) le ha llevado a decir que encontró un manuscrito. Como Pascual Duarte mismamente. Nos ha merengao.

  6. ¡Es que tiene usted cosas de bombero, don Pero! ¡Mira que leer un “galazo” de esa naturaleza! La columna de hoy denuncia la estafa cultural sistemática que consiste en confundir Historia con Leyenda o incluso con patraña inventada. Vale que uno discuta si Isabel fue tan católica como se dice y merece los altares, o si Colón fue el pirata genovés que conocemos o acaso un vástago espurio de noble cuna. Eso no hace daño. Lo que sí lo hace es llevar al lector a situaciones y perspectivas falsas, simplemente inventadas. Caso del Da Vinci y de tantos otros. Pero cuanco eso llega a la tele de consumo directo y masivo (la lectura no deja de ser, aunque otra cosa digan los políticos, un artículo de consumo de elite) la cosa es distinta.

  7. Lo que asombra es que conceda más crédito a cualquier aventurero que a Renán, por seguir con el ejemplo, que se ponga de moda la nueva tesis sobre la murete de Mussolini o la leyenda de la supervivencia de Hitler en tan poco tiempo y de manera tan imparable. ¿Por qué le gustará a la gente tanto lo que han llamado ustedes “patraña”? Creo que ésa es la diracción por la que apunta la estupenda columna de jagm.

  8. Coinbcido con Herodóto por comprobación: mis alumnos, en varias ocasioens, me han “cortado” con el argmento de que les gusta más leer esa falsa historieta que la Historia real. ¿Qué podemos hacer ante esta debilidad por lo falso? No lo sé, peor lo que más me intriga es la razón. ¿Lo podría explicar alguna vez, querido gm?

  9. Discusión en mi toldo. Le digo a un vecino que por qué lleva días embebido en uno de esos “Códigos” y me contesta, extrañado, que por qué no. Cuando le digo que se trata de un montaje falso para lectores incautos se insulta una barbaridad. Comprendan que esto tiene mal arreglo. Sobre todo con la colaboraicón del cien y la tv.

  10. Como ja sabe bien, de sus tiempos de estidioso de la sociología literaria, lo que dice Roque va a misa, por supuesto, pero no es nuevo sino muy antiguo. A Blasco Ibáñez, por no irnos más atrás, lo hizo rico el centón de “Los 4 jinetes”, por cuyos derechos cinematográficos cobró una millonada de la época.
    Buena pregunta de doña Clara, la que se refiere a la causa de esta tendencia del lector. Pero sin respuesta a no ser que nos pongamos pesimistas.

  11. Releo la columna (como tantas veces) y concluyo que tiene más sustancia de la que puede sugerir a primera vista. Luego se han añadido interesantes comentarios que también enriquecen mucho el asunto. Me alegro infinito de esta sensibilidad demostrada por tanta gente ilustrada frente a una moda denigrante que debería ser combatida por la autoridad, ya que, en mi concepto, no toda lectura es provechosa ni mucho menos.

  12. Totalmente concorde, jefe, amigos blogueros. Me han dejado sin nada que añadir a un debate que, en cambio, podría resultar inacabable.

  13. La Historia no interesa, la historieta entusiasma. Llevan razón ustedes al plantarse ante este atentado. Algo me ha llamado la atención hoy: la ausencia de una sola discrepancia, el consenso espontáneo de personalidades tan distintas sobre un tema que, realmente, constituye una amenaza porque la falsedad del criterio no es inocua nunca.

  14. Y que lo diga, don Bártolo. Que hablen los profes de esta tertulia y confirmen los estragos que hacen los “Códigos” en la mente de sus alumnos. Yo añadiría los que provocan en la mente de lectores accidentales, de gente sin base para oponer al texto una crítica consecuente y fundada. Porque ustedes han hablado de alumnos que leen las “patrañas”, pero nade han dicho de los docentes entusiastas de ellas, ni del silencio de los críticos en general, poco dispuestos a enemistarse con las poderosas editoriales.

  15. Hay Dios, que pena que comente con una semana de retraso, es decir, unicamente para mi misma!
    Pues a mi me encanta leer al Harry Poter y ya me he terminado el ultimo en ingles.
    Si , a la gente le gustan mas las historietas, le petite histoire, las anecdotas que la Historia con H mayuscula. Es facil de comprender: para interesarse por laHistoria, ya hay que conocerla, saber situar en el espacio y el tiempo, echar puentes con problematicas, obnjetivos, tener una vision general de lo que se esta cociendo, en cambio las anecdotas se comprenden por si solas.

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