Un tribunal superior de la región alemana de Colonia ha provocado una considerable escandalera entre las comunidades hebreas al fallar que la circuncisión del niño por motivos religiosos constituye una actuación médica condenable dado que esa “herida corporal” modifica el cuerpo circuncidado “de manera irreparable”. Sigue merodeando, como se ve, la estremecedora escena del oficial nazi revistando la fila de varones sin pantalón para comprobar la condición de judíos pero, sobre todo, la que sigue viva increíblemente es la vieja cuestión que ya en el siglo I zanjaría el apóstol Pablo para abrir su proyecto a los gentiles. Miles de años ha subsistido el fetiche del prepucio que, por cierto, más de un estudioso y más de dos interpretan como una remota medida higiénica que evitaba al circuncidado la posible estenosis y su consecuencia, la balanitis, por lo general crónica, aunque llame la atención que nadie ha objetado nunca las fimosis practicadas en países no semíticos por idénticos motivos. La circuncisión se practicaba entre los judíos al octavo día del nacimiento del varón y se encomendaba, por lo general, a un “mohel” profesionalizado y conocedor de lo que, en definitiva, no es más que “rito de paso” que sólo se puede considerar como una agresión desde una mentalidad fetichista que vea en el prepucio no lo que es sino algo más, cuyo origen hay que buscar en le conciencia religiosa. El racismo latente es mudadizo y original, como Proteo, pero no deja de ser racismo.

Los tópicos perduran por encima de la propia experiencia que, en este caso, se supone que sabe que el 30 por ciento de los varones mayores de quince años están circuncidados y que en EEUU esa intervención se ha convertido en sistemática por las mencionadas razones higiénicas . De Rosseau a Peyrefitte –y antes desde Alfonso de Valdés—ha habido mucha guasa a propósito del Santo Prepucio por fortuna desaparecido de la circulación piadosa después del Vaticano II y, sobre todo, tras su misterioso robo, pero esa misma devoción popular declaraba el alcance del fetichismo como factor de la piedad popular. ¿Prohibiría la Justicia la cirugía estética, hoy tan de moda? Mucho me temo que también para esos jueces ha influido el fetiche que no ha cesado de dar la murga desde Jerusalén a Antioquía. Los tópicos son tenaces a poco que rocen el tabú sexual. En la Alemania de la Merkel como en la Sión de Santiago.

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