Ha sido mala la jornada del 1º de Mayo para los sindicatos. Poca gente en sus convocatorias, aforos mermados, la credibilidad por los suelos. Hubo más gente en los actos espontáneos festivos que en los políticos, como sin el personal estuviera de vuelta ya de monsergas y pregones. Sin que faltaran enfrentamientos dialécticos entre parados y profesionales de la política en medio de un clima de general desconcierto. Tendrían que darse la vuelta como un guante esos sindicatos dóciles que no han hecho otra cosa durante la crisis que figurar en el cortejo del Poder. Quizá nada será igual cuando salgamos de ese foso profundo. Pero los sindicatos no tendrán que esperar para ver confirmada su decadencia.

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