Ha sido espectacular la resonancia del artículo de Bernard-Henri Lévy sobre (contra) las llamadas “agencias de notación”, esos entes sin rostro que degradan o premian a voluntad, no ya a las empresas, sino a los países, regalándoles o suprimiéndoles sus famosas calificaciones: los de la “triple A”, ya saben. Se queja Lévy de algo que infinidad de peatones ya habíamos pensado, a saber, de que esos misteriosos poderes en la sombra tengan poder sobre los Gobiernos y en su mano la posibilidad de descuajaringar la economía de países y hasta de continentes, sin que se sepa qué metodología utilizan, qué datos manejan, quién se los suministra y garantiza. Y todo ello a pesar de su patente fracaso predictivo, dado que fueron ellas mismas las que no vieron venir, ni por asomo, la crisis devoradora del 97, las que ni presintieron la catástrofe de las llamadas “subprimes”, las que aplaudieron hasta cuatro días antes del estallido a Enron y sostuvieron en vilo a Lehman Brothers hasta el último instante en que ya lo impidió la evidencia. ¿Quiénes son esos poderes nuevos, quién puede tener tanta fuerza como para situarse por encima de los propios Estados y darle jaque a un continente, libres por su parte de cualquier sujeción, dueños sin amo, oráculos omnipotentes a pesar de su comprobado descrédito? Poca gente sabe que esos montajes son empresas, a su vez, empresas que cobran a otras empresas por sus consejos –no necesariamente inocentes y, menos, imparciales–, que van de la mano de los bancos, cuyas consejeros son a la hora de la toma de las decisiones clave, circunstancias que le dejan a uno perplejo considerando el milagro que, en realidad, es su poder omnímodo. Moody, Standar and Poor’s y demás son el nuevo poder que se ha erigido a sí mismo sobre los poderes legítimos, lo mismo amparando la golfería griega –como hicieron– que desacreditando proyectos nacionales de un plumazo, sin que nadie pueda explicar de dónde les llega la fuerza, qué poder superior las inviste en su aparente legitimidad, a no ser que empecemos a pensar mal del Sistema mismo. Y eso serían ya palabras mayores.

Nunca nos pusimos de acuerdo sobre los motivos últimos del crisis del 29 o de la llamada “del petróleo”, eso es cierto, pero al menos en ambos casos, como en otros a los que hemos sobrevivido, las decisiones las tomaban los Gobiernos o las imponían las Bolsas, no oscuros poderes a sueldo, exentos y enteramente libres, de los que apenas conocemos más que la razón social. Lévy propone degradar a esas agencias, quitarles los entorchados y devolver la ultima la palabra –la soberanía—a los poderes democráticos. Yo creo que se queda corto a pesar de su radicalidad.

4 Comentarios

  1. Albricias por el comentario. No sé cómo el Poder no reacciona frente a esta tragicómica sitruación. De acuerdo en todo.

  2. Llevan ustedes toda la razón. Nos gobierna Fantomas o el Dr.No desde sus guaridas y nuestros Gobiernso, impotentes mientras nos arruinamos todos.

  3. Me extraña que se mete ern una ciencia que no conoce (que yo sepa) pero el caso es que lleva toda la razón, aparte de que coincide usted con la tesis de BHL. En el fondo estoy de acuerdo con ustredes, pero me parece que simplifican la cuestión al presentar a las agencias de notación como meros chiringuitos.

  4. por una vez que estoy de acuerdo con este señor no voy a quitarle le razon!estas agencias deben de ser medios de especular: habría que hacer encuestas para saber como les ha afectado a ellos estas notaciones. Eso sí que sería periodismo de investigacion,,,,
    Besos a todos

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