Las Diputaciones Provinciales son, como bien saben los historiadores, el feudo del caciquismo histórico. Del viejo y del nuevo, aunque en la actualidad, es decir, en un régimen autonómico, esas instituciones carecen de sentido se mire por donde se mire, salvo por el lado del reparto partidista que las ha convertido en el asilo de sus clientelas y en el arca sin fondo de su mantenimiento. Eso sí, ninguno de los dos grandes partidos que son sus normales beneficiarios, ni otros menos talluditos por lo que pueda caer, quieren saber nada de suprimirlas, como han sugerido ya –una vez perdidas en su mayoría– el ex –presidente González y el vicepresidente tercero Chaves. El dinero todo lo amaña y concierta. El debatillo actual sobre las Diputaciones lo demuestra una vez más.

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