Da vergüenza ajena el video de campaña que se le ha ocurrido a las minervas de Rubalcaba. El del nene pijo que, camino del colegio de pago, le dice a la nani que qué bien que, el día de mañana, sus hijos (los de la nani) lleven al cole a los suyos (los del nene). Hasta desde el propio Gobierno se ha oído discrepar a un ministro ante tamaña bobada en la que, obviamente, se supone que el nene pijo es un alevín de “pepero” y la pobre y humillada nani, tata o como ustedes prefieran, así como sus hijos, encarnan al proletariado genuino que sólo el PSOE representaría. ¿Cabe en cabeza humana mayor simpleza y peor mala fé? Todos sabemos que los hijos de los mandamases sociatas se han educado en colegios de élite, despreciando paladinamente la opción pública que, sin embargo, tratan de presentar como la única progresista, un hecho que demuestra, aparte de su desvelo por la prole propia, su convencimiento de que el sistema privado es superior al público. ¿Y es eso cierto? Pues de fiarnos de los observadores del ramo, por supuesto que sí, aparte de que sería cosa de bobos pagar los altos costes de la enseñanza elitista si se creyera que la que el Estado ofrece gratis es mejor. ¿Por qué el Rey, el presidente del Gobierno o el de la Junta llevan a sus hijos a los jesuitas, a los liceos extranjeros o a colegios aún más exclusivos en lugar de confiar su educación al sistema de todos? Pues porque saben que sólo el altísimo precio de esa educación para ricos garantiza unas condiciones óptimas que en los abigarrados centros públicos resulta cada día más inalcanzable a pesar de la abnegación de la mayoría de los docentes. No hay que recurrir a Veblen para entender que la docencia es un mecanismo de reproducción de las diferencias sociales, el criadero en el que se reproduce la sociedad desigual. Para entender algo tan simple no hay que ir a Salamanca aunque un socialismo de “la hoz y el Martini” pretenda hacernos creer lo contrario.

¡Pero de qué van estos cuentacuentos advenedizos y deslumbrados por las sofisticaciones de la pijería! La verdad es que, vayan donde vayan, el nene del video clasista podría funcionar a la perfección en la campaña liberal-conservadora, a poco que su afligida trabajadora entienda que lo que el niño dice en su inocencia no es más que lo que ha aprendido de sus padres, es decir, la razón de una “nueva clase” que por recién llegada no es distinta de la tradicional. Sus imágenes traslucen la agonía de la socialdemocracia, ese posibilismo decrépito y trincón que se ha convertido en la tumba de la utopía.

4 Comentarios

  1. Otra vez, al pan pan, y al vino, vino. Siga usted así. Es un orgullo para juchos de los que nos consideramos sus lectores y amigos.

  2. Estos cuantacuentos, como dice usted, van de lo que van, de gente que no ha perdido nunca en las apuestas, viviendo de ellas. No veo por qué un Pepiño no podría llevar a su prole al mismo colegio que fueron los Solana y a usted mismo le oí en la radio, que me hizo mucha gracia, que era lógico que un fracasado escolar quyisiera lo mejor para sus hijos. Vamos, don jantonio, que usted sabe de sobra de lo que van. Lo dice claro (y cita sin problemas, tirando a dar) cuando dice que si la enseñanza pública fuera mejor sus hijos irían a ella. ¿Tiene usted uan idea de lo que es hoy la enseñanza pública?

  3. Lo que pasa es que hay muchísimo cinismo y más demagogia aun. Detesto las hipocresías! Y estos señores son unos hipócritas de mucho cuidado.
    Besos a todos.

  4. Cuánto me extraña que esta columna/zurriagazo no haya provocado en el Casino más respuestas y comentarios. Del video no difo nada: quien ,o hsya visto, ya tendrán su opinión formada, y quien no lo haya visto, eso quie sale ganando. Sólo diré que he visto pocas exhibiciones de más indecentes de cinismo por parte de unos políticos que envían a sus hijos, en su gran mayoría a los centros privados de lujo, mientras poco menos que insultan a los que preferimos los privados. Ha hecho bien en citar por arriba y no extenderse en listas inútiles: cualquiera en españa sabe a qué colegio van los hijos de los poderosos, políticos o no.

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