Comiendo en ‘Lip’ un mediodía soleado me decía Rubén Amón, nuestro corresponsal en París, el día en que detuvieron a Bernardo Provenzano, que no había que olvidar la naturaleza endémica de la Mafia si pretendíamos entender su existencia y su funcionamiento. La leyenda de Provenzano comenzaba ese día, justamente, cuando los periódicos de todo el mundo lanzaron la imagen del hombre secreto, refugiado en un cuchitril, frugal y previsor, que en esa situación insufrible había sido capaz, sin embargo, de dirigir una organización complejísima y obtener beneficios incalculables, una leyenda que tal ven contribuyó de modo extraordinario a elevar la figura de un vulgar aunque hábil criminal a la condición de héroe. Todas las historias de la Mafia, especialmente las italianas, coinciden en eso, en la responsabilidad de la estimativa externa en el prestigio del crimen organizado, pero quizá nunca habíamos podido ver tan de cerca esa hipótesis como al descubrir estos días en ‘Facebook’ cientos de páginas dedicadas a exaltar el prestigio de los mafiosos y la honra de sus organizaciones. En Italia no se ha hecho esperar una viva reacción a la vista de esa propaganda inconcebible en la que los apoyos a Provenzano superan los setecientos mientras que los del ‘capo’ Totó Riína –autor de un millar de asesinatos incluidos los de los jueces Borselino y Falcone, el mismo al que sorprendieron en su día dando el beso ritual al incombustible  Andreotti—alcanzan ya los cinco mil. Familiares, políticos y jueces protestan contra esta incívica manifestación de culto a los macrodelincuentes e interpretan que de lo que, en realidad, se trata es de deslegitimar la acción de la Justicia a favor de los reos. No estoy de acuerdo. A mi juicio se trata, una vez más, del inveterado reflejo de admiración que despierta el bandido dentro y fuera de su propio ámbito.

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No resulta especialmente extraño tampoco que en pleno ambiente de descomposición moral y anomia progresiva, algunos sectores sociales radicalizados (por estatus, por edad, vaya usted a saber por qué…) y refractarios al orden social impuesto –que ellos internalizan como una suerte de cerclaje externo—vean en el trasgresor la imagen del insurgente con causa, tal como se vio desde el romanticismo en adelante, es decir, del héroe que echa sobre sus espaldas la trae emancipatoria que la masa es incapaz de realizar. No discuto que la campaña de ‘Facebook’ responda más que nada a un plan propagandístico de la propia Mafia en busca de las simpatías populares, pero tampoco renuncio a la idea de que semejante apología del Mal hunda sus raíces en el psiquismo colectivo y resida en estratos bien profundos del imaginario común. Provenzano y, sobre todo, Riína, son dos malhechores de proporciones descomunales, razón por la que el hecho de que en un país altamente civilizado reciban el apoyo y aún el homenaje de miles de conciudadanos resulte difícil de comprender al margen de repugnante. Nada más lógico en una sociedad medial, y en especial, en Internet, que un loco o una panda de ellos, celebren cuanto quieran la maldad de los verdugos. Pero es cosa bien distinta encontrar en un sitio web de redes sociales como el mencionado nada menos que quinientas ‘páginas’ a las que se asoman a diario los admiradores de los malevos. Mucho descontento debe de haber, en todo caso, a parte de todo, para que tanta gente se pliegue a la que sin duda es una iniciativa mafiosa, prestándole un apoyo que no es lógico que pueda ser improvisado. Se admira a la Mafia, se venera a los mafiosos, se exalta a los verdugos, seguramente, desde un sentimiento irreparable de frustración y, ciertamente, la situación de la Italia actual puede favorecer en considerable medida ese fracaso ético y esa defección moral. El bandido no pierde su nimbo romántico ni ante la evidencia de su miseria. La sociedad debería preguntarse por qué.

10 Comentarios

  1. Interesante, un tema que merece más atención de la que se le presta. Completamente de aceurdo en que esa afinidad o simpatría enraiza en el sentimiento profundo de la colectividad. Recuerden al Lute, nuestro último mohicano.

  2. En Andalucía hay monumentos oficialmente dedicados a bandidos históricos, como jagm sabe bien, porque estudió el tema en su conjunto hace muchos años (lo he releído hace popco en Internet, en “Triunfo”). No hay qué esforzse, en resumen, en demostrar la tesis propuesta en la columna. El bandiodo atrae, deslumbra, a la gente, a mucha gente, sobre todo a la que va animada por un sentimiento reivindicativo. Es como su larga mano, su “sosia” en us imaginación,m el que hace lo que a él le gustaría hacer. Preciosa columna, inteligente y bien informada. Sus enemigos lo van a poner a caldo, don josian.

  3. Para ayudar a la comprensión de este fenómeno, muy bien planteado a mi entender por J.A. Gómez, estimo que puede ser de utilidad un libro reciente: el de Armando Fernández Steinko, ‘Las pistas falsas del crimen organizado. Finanzas paralelas y orden internacional’, Ed. Catarata, Madrid, 2008.

  4. ¿Fracaso ético? Pues vale. Pero para una tipa superficial como moi-même, la razón es más simple. En los tiempos dorados de los narcos gallegos, los miñancos o los piturros, los chavales jugaban a picos y narcos. Ninguno quería ser picoleto en el juego. Por la sencilla razón de que quienes tenían planeadoras de ensueño, cabrios y todoterrenos deslumbrantes, mansiones de puturrú de fuá y regalaban puñados de billetes por sencillos apaños, eran los malevos. Qué expresión tan del Anfi y tan descriptiva. Hoy en el México que vive de la nieve cocalera, triunfan los narcocorridos que grupos de aspirantes a serlo canatan en todos los garitos.

    Y es que se han impuesto en la sociedad unos no-valores despreciables que vienen envueltos en el oropel de lo fascinante, del dinero fácil y del lujo por encima de todo. Así nos va.

  5. Está en racha, jefe, no baje la guardia. ¿Sabe lo que más le agradezco? Que se olvide de tanto rajoy, tanto zetapé y tanto coñazo prescondible para tratar de buscar cada día, al hilo de la noticia o el detalle, los asuntos de fondo que ya no se llevan en la prensa. Lo de hoy es interesante por sí mismo, pero también por el enfoque, que Doña Epi ha glosado con su gracia de siempre.

  6. Un escándalo más del inquietante Internet, como suele usted decir, a pesar de que debe viajar por él lo que no está en los escritos. Lo que no entiendo es por qué la apología del delito no se castiga, se haga donde se haga, y más si se hace en un medio de alcance mundial.

  7. Reconozco que siempre he sido muy sensible a la figura del bandido de honor, ese anti-héroe. Pero una cosa es llamarse Diego de la Vega , Mandrin o Eleuterio Sanchez y otra Toto Riíni . El Lute me caía muy simpático cuando se la jugaba y mucho menos desde que pretende que se le revise el juicio y se le declare víctima del franquismo. ¡Vamos hombre! …También me encantan los narcocorridos. Sin embargo, doña Epi tiene sin duda razón cuando dice quz la popularidad de esa gente se debe al hecho que tienen dinero y lo gastan ahí donde viven.
    Me extraña que los redponsables de Faceboock no reaccionen.

    Besos a todos.

  8. Ya le digo Dª Epi, tampoco me extrañaría ver a algún descerebrado con resaca de la orgía del ladrillo haciendo “negocios” para pagar su bemeuve tuneado y acabar rezando a la Santa Canina en el patio del talego (con esto de la globalisation).
    De todas maneras ¿qué mayor bandidaje que el saqueo de las arcas públicas para tapar las razias de los mayores piratas de nuestros tiempos?. Ni el vil Olonés.
    Saludos.

  9. al final es un estilo jerarquizado de politica, solo que con un punto de vista nazi, pero hay muchos salvadores sueltos, una forma de ver que asi se consigue el respeto y asi la vida va bien, aunque muchos quisieran ver a los que han llevado a los gobiernos a donde estan ahora en el punto de mira de estas organizaciones, lo ininteligible es que ademas son colegas. un saludo

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