Espero que no se me fiche como pesimista irremediable si digo que acaso no exista mayor estafa que la idea de felicidad inventada por los filósofos y adoptada con amargo entusiasmo por la gentecilla del común. La aspiración al bienestar absoluto tiene que ver con el instinto, por supuesto, pero han sido los razonantes quienes le han otorgado la carta de naturaleza sin la cual no hubiera contado tanto en la comedia humana. Claro está que los filósofos han debido curarse en salud hablando de ‘eudemonismo’, es decir, desencarnando el sueño humano y la aspiración instintiva, a un plano abstracto en el que el deseo pudiera ceñirse a la idea, esto es, aceptar una versión del deleite más concerniente a la conciencia que a los sentidos. Eudemonismo, palabra que encantaba al Kant de la “Razón Práctica”, traduce literalmente la idea de que el sujeto está amparado por un demonio bueno –emparentado más tarde por el pensamiento cristiano con la Providencia y hasta con el ángel de la guarda— que le facilitaría la posesión de los bienes materiales necesarios para satisfacer razonablemente la aspiración al confort del cuerpo y del alma. Pero los hombres han venido saltando limpiamente sobre la razón ética y atenerse a una noción más pedestre del deseo y cada vez más alejada de esa tradición que inaugura Aristóteles, canonizan los estoicos, sacramenta Boecio, cristianiza Buenaventura y entierra la experiencia cotidiana de la fatalidad. Es verdaderamente notable el empeño de las generaciones en superar lo insuperable, en inventarse la realidad y hacer de su propio “desideratum” una especie de realidad escondida. Los filósofos han sido, en este sentido, bien prudentes al resignar el concepto en el ámbito vulgar. Rostand llegó a decir que la felicidad inteligente no existe. Epicuro, Epícteto, Séneca y tantos otros lo dijeron de otra forma pero quizá no más rotundamente. La ambición de la totalidad se disuelve al fin en la nada. Decía Alain que este tipo de conclusiones se entienden sin esfuerzo a la vuelta de los entierros.

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Anda por ahí rulando la curiosidad del fracaso del rey de Bután, el minúsculo edén de Shangrilá, en pleno Himalaya, en su intento de imponer la felicidad por decreto a sus súbditos, un objetivo político y constitucional, como bien sabemos, no del todo ajeno a Occidente. Todo parecía ir bien en el riente paraíso hasta que al sátrapa en cuestión, el rey Wangchuck, se le ocurrió hace unos años modernizar su edén ampliando aquella ventura tradicional con el añadido catódico de la contemplación televisiva que ha hecho añicos sobre la marcha la beatitud budista hasta reducirla al caos propio de las sociedades modernas. Nada es igual ya, por lo visto, en Shangrilá, no se extasían los súbditos felices repitiendo el mantra ni buscan en el horizonte del ocaso la señal bendita del Maestro, sino que se abisman en la pesadilla televisiva en busca de una nueva moral que anda dando de sí crímenes nunca oídos, al tiempo que desfonda la vieja sociedad que venía recorriendo los siglos sin alterar el paso ni perder la sonrisa. Ahí tienen esos que sostienen que la perversidad creciente nada debe a la pedagogía de la tele el mejor argumento en contra de su tesis, y ahí tiene ese tirano benéfico la comprobación fehaciente de que la felicidad puede que sea “una aptitud”, como decía agudamente el olvidado Bernard Grasset, pero acaba resumiéndose siempre en ese fracaso mayúsculo que Pascal describió como nadie. Hace poco ha aparecido una curiosa reflexión conjunta sobre “La historia más bella de la felicidad” en que un grupo alrededor del sabio Delumeau viene a confirmarnos lo que siempre supimos y, de paso, a ponernos en guardia frente “la tiranía de la felicidad”, esa vieja férula reestampillada filosóficamente por la Revolución Francesa. En Bután han sustituido el sueño del nirvana por el tontiloquio venezolano de las telenovelas y los místicos sablazos del ‘kung fú’ interactivo. Aquí no hemos de perder todavía la esperanza de recorrer ese camino al revés.

15 Comentarios

  1. Alfonso Guerra, presidente de la Comisión Constitucional que estudió y aprobó el estatut (lo votó dos veces), se acaba de destapar la nariz y casi se desmaya:
    “Alfonso Guerra compara las reformas estatutarias en España con la disolución de la Unión Soviética” Pinchen y lean:
    http://www.elmundo.es/elmundo/2006/04/03/espana/1144087516.html
    … y cosa curiosa, toda la culpa es de Aznar. Lean, lean.

  2. Qué oportunidad la de gm ayer denunciando la cobardía y el oportunismo de estos personajes. Dardos cmo ése justiifcan a un escritor por sí solos.

  3. Enhorabuena al jefe por la parte que le toca, pues lo de Marbella, carro al que ahora se sube todo el mundo, ha sido cosa muy particular de El Mundo en la que alguna parte, estoy seguro, ha debido tener él. Curioso como cuando el GAL o Filesa y siempre: los silentes de toda la vida rompen a denunciar como un solo hombre. Debilidades humanas. Más mérito todavía, por tanto, para quienes actúan con fuerza. ¿”De la mano de quién”,esta vez, ultracríticos de partido? Sigbificativo el silencio de algunos de los de aquí sobre el particular. Igual que significativo el silencio de la COPE.

  4. Guerra dice: lo que pestá pasando en España es lo mismo que ocurrió en la URSS. A ver, MTs de pago, díganle algo al exJefe universal, por favor, denuncien al famoso “Número 2”, al hombre en el saombra, al “Oyente”. Jagm ya lo hizo y acertó de pleno. Eso tendrán que reconocérselo.

  5. ¡Lo poco que importa la Cultura! Escriba usted para esto, amigo, rememore lecturas, saque conclusiones, proponga hipótesis: aquí no interesa más que si es usted un mandado, que si los que lo dicen son nunos héroes secretos, que si el PSOE que si el PP… Tocanmos fondo. Su periódico hoy: La mitad de los jóvenes 20/24 años andaluces abanoda sin lograr título de ESO.

  6. Epicteto de Frigia, al que se ha referido el patrón hoy, decia : “No pretendas que las cosas ocurran como tu quieres. Desea, mas bién, que se ocurran tal como se producen y serás feliz ”
    La parcialidad descalifica, Dña. Clara, y si además va acompañada de imposturas, pues mas aún.
    Por cierto me he terminado creyendo lo del pago…pero aún no he recibido transfrencia alguna. A ver si Vd. tiene mano, mujer ?

  7. ¿ La felicidad ? Pués podría ser el equilibrio entre la realidad y el deseo.

    También… la paz interior ante la incertidumbre.

  8. Y las tostadas de manteca colorá, Sra. Stein, no lo olvide, que de eso también vive el cuerpo.

  9. Puestos a puntualizar, MT, digamos mejor Epícteto de Hierápolis, lugar frigio en efecto, famoso por sus ciltos. Vide Estrabón, XIII, 14 o cualquier vademecum menos el que ha empleado usted.

  10. Puestos a leer no se pierdan la entrevista a la ministra Dª Elena Salgado publicada en el dominical de “El País”.
    “He querido ser más ministra de salud que de sanidad: enfatizar en que la gente no enferme” dice nuestra protectora.
    Y más. Lucha contra la obesidad, la anorexia, el sobrepeso infantil, el tabaquismo, el cáncer, las drogas.

    Pues se queda corta la ministra en eso de preferir ser ministra de salud en vez de serlo de sanidad. Se ha empeñado que seamos/estemos sanos mal que nos pese.
    Yo creo que le vendría mejor ser ministra de la Felicidad aunque sea a golpe de prohibición y multa. Ella sabe por qué lo hace. Por nuestro bien, por supuesto.

    Todo muy bien, Dª Elena, pero cuando los españoles no enfermen y no se mueran de nada ¿Cómo les va Vd. a pagar las jubilaciones?
    Al final la España de las Naciones será el paraíso de lo prohibido. Ya se acordarán del prohibido todo de los tiempos del general.

  11. Que no Dª Clara, que D. Marco no cobra. Lo suyo es masoquismo. Porfa, no se lo cuente a nadie.

  12. O sea que no era del mismo Bilbao ? jo ¡ Que chasco! Sr. Gramático lo que aprendo de Vd.
    A, por cierto, Sr. Smith, hay mucho masoquista y mucho sádico en esta charca ¿ a ver si me los puede etiquetar?

  13. Pues… yo le emparejo, sin ánimo celestino con Dª Gertrudis, que por cierto hoy ha estado fina. Mis respetos.

    Podríamos hacer un psicoanálisis de su ciberpersonalidad pero no extenderme le acoto sus razones de su comentario del viernes 31:
    “es cierto que hoy estoy especialmente contrariado pero no solo con el patrón sino conmigo mismo y empiezo a no soportarme en este ejercicio de antifaz que considero en ocasiones mezquino. Hoy a quien mas detesto es a mi mismo, amigo.”
    Júzguese Vd. mismo.
    (a petición del interesado)

  14. No se mosquee, magnicida, que bastante lleva con aguantar la vergÑuenza de sus correligionarios. Ah, por cierto: ah, exclamación se escribe con hache. Pffff, perdón.

  15. Volviendo a la columna de hoy, un poco tarde, empieza Vd., GM, diciendo: “acaso no exista mayor estafa que la idea de felicidad inventada por los filósofos” y ¿que me dice de la felicidad para después de la muerte, que tanto opio para el pueblo y riqueza para los ricos ha producido?

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