El domingo se vota en Alemania el futuro del país y el de Europa. Esto es algo en lo que pueden coincidir desde los merkelianos y sus socios liberales hasta los extremistas militantes en Die Linke. La hegemonía de Merkel parece asegurada, en todo caso, y aún se teme que su victoria se refuerce con un desplazamiento del voto democristiano temeroso ante la no continuidad de la coalición actual. Es verdad que la social-democracia ha aportado poco al debate de fondo –exigir un salario mínimo de 8’5 euros la hora no parece, desde luego, una utopía deslumbrante—aparte de la grosera “peineta” ofrecida como respuesta por su candidato, Peer Steinbruck, en una entrevista sin palabras. Un personaje tan interesante como Walter Welzer, luchador incansable desde posiciones progresistas radicales, ha anunciado que no votará en estos comicios para evitar que se prolongue “la ilusión de que habría una diferencia entre esta o aquella coalición” dentro de lo que él califica como “mascarada política”. Por su parte, un especialista como el profesor López Pina ha subrayado que el mal de Alemania no reside en la pérdida del paso en sus grandes empresas –Deutsche Telekom, la Max-Plank, Siemens o SAP– sino en que la caída de la inversión productiva alemana, en el desplome de las inversiones privadas que han provocado una honda crisis en la enseñanza y que no excluiría ni a instituciones clásicas de la pública, como la Humboldt, hoy acorralada por las deudas. Ganará Merkel, se dice y repite, porque hay una masa de treinta millones de merkelianos en el país frente a la que las minorías, radicales o no, resultan literalmente aplastadas. T.G. Ash llega a decir que la “actual autocomplacencia alemana encubre en realidad la carencia suicida de una visión política y cultural de la Europa del futuro”, como ya habrían señalado Habermas o Helmut Schmith. Europa se la juega en una Alemania hegemónica que no ve sus propios problemas.

Quizá no sea sólo ese gran país el que anda desnortado, sino el continente entero, la irreversible Unión Europea que deja pudrir sus problemas y no acaba de encontrar su identidad colectiva ni de desarrollar un federalismo exigente que no puede basarse más que en la solidaridad. Con papeleta o sin ella, todos votamos el domingo en Alemania un futuro común que no nos pertenece. Cuesta negarse a aceptar las razones del pesimismo que Weltzer ha explicado en unas cuantas palabras.

7 Comentarios

  1. Ayer hizo don Epi un duro comentario, no porque le faltara razón, sino porque es preciso distinguir entre la Verdad y el Mito incluso dentro de la Religión. muchos cristianos no consideramos este tipo de declaraciones más que como ¡partes del mito que envuelve al gran Misterio. Seguro que don Epi me comprende.

    Y Alemania. A ver qué ocurre pasado mañana. Mucho me temo que la izquierda alemana, tan deteriorada, no dejaría, en su caso, de ejercer la misma hegemonía que Merkel.

  2. La señora Merkel hace lo que haría cualquiera: barra para su casa. ¿Nos hemos olvidado ya de los miles de millones que Alemania lleva dados a los países en la UE? Seamos razonables, lo que no quiere decir que aceptemos que una potencia nos mediatice.

  3. Por la noche, mi respetado don Ropón, saltaron como bengalas las palabras del papa Francisco. Usted habla del gran Misterio, con mayúscula, y es el misterio precisamente la respuesta que me daba al final de nuestras largas y cálidas discusiones mi viejo amigo, ya fallecido, que siendo cura convivió con su mujer y engendró dos hijos, hasta que la Santa Madre lo retiró por las bravas.

    Creo, de las pocas cosas en que creo, que sin tanto misterio, adaptando el Mito según avanzaba el Tiempo, sería menos doloroso aceptar que la fe tiembla y se oscurece.

    Pero volviendo al tema de la virginidad, que me enerva, se trata de la posesión del macho, incluso antes de los esponsales. ¿De verdad no es aberrante que en nuestros días se celebre, y de qué manera, la Candelaria? Y el montaje –disculpen la dureza de mis palabras– que la Iglesia hace de Santa María en las naciones menos desarrolladas, deriva en manifestaciones externas que avergüenzan.

    Escribo con aflicción, sin el menor ánimo de injuria.

  4. Lástima que el tema de la virginidad nos haya privado de la opinión de don Epi sobre el tema de Alemania, un tema tan trascendente para todos nosotros. De toda formas, hay que advertir que ese tabú no es sólo cristiano sino de casi todos los pueblos. En el caso que dio antesdeayer lugar a este intercambio de opiniones, la exigencia procedía de los clérigos islámicos.

  5. Son las 13:15 horas del domingo y nunca me he gustado ir de profeta. Pero pienso, o me temo, que Merkel –resulta hasta tierno que la llamen Angélika– seguirá donde está. y casi todo seguirá igual allá en Doistchland.

    Otra cosa es que se permita abrir un poquito la mano con los PIGS.

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