El cardenal emérito de Milán, monseñor Martini, papable destacado del último cónclave, se ha dejado caer en una conversa científica periodística concediendo (habrá que hablar con propiedad) que, ciertamente, “el uso del preservativo puede constituir, en algunas situaciones, un mal menor”. En el supuesto de que un marido padezca el SIDA, por ejemplo, como propone el obispo belga Danneels (nótese que el purpurado tiende a creer que el contagiado habitual es el varón, como si alguien supiese en qué orden surgieron ese huevo y esa gallina), y de que éste “obligue” (sigan atentos a la semántica) a su parienta a mantener relaciones sexuales, “ella ‘debe pedirle’ (insistan en no bajar la guardia: la sintaxis habla por los codos) que se ponga el preservativo” puesto que si no lo hiciera “estaría cometiendo un segundo pecado de homicidio”. Martini ha desafiado, no obstante, al pontífice revolucionario felizmente reinante con una concesión insólita que va en dirección enteramente contraria, por lo que cuentan los especialistas, con la papela que andan preparando en el Vaticano los edecanes de Benedicto XVI en contra del uso del condón en toda circunstancia y caiga quien caiga. Ya puede desgañitarse el afligido gobierno de Sudáfrica, la propia ONU y las organizaciones internacionales que vigilan aterradas los progresos de la pandemia, que estos célibes teóricamente castos no están dispuestos a entregar la vieja cuchara sino que mantienen enhiesta la grímpola del fundamentalismo coital: si jodes, ya sabe a lo que te expones. Lo más que el benemérito monseñor Martini está dispuesto a otorgar es su comprensión por el condonazo en defensa propia y en caso extremo pero, ojo, sin perder de vista que, incluso en circunstancias tales, echar mano del látex no deja de suponer un “mal menor”. Es asombrosa la terquedad o la petera del fundamentalismo católico en torno al sexo. La triste historia de Onán parece haber impresionado siempre a nuestros espirituales infinitamente más que la regocijada bigamia de Abraham.

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Ni siquiera el probable colapso demográfico del planeta, o lo que no sería menos grave, la implosión de la vida provocada por la explosión de la especie, ha conseguido que la rigidez moralista acepte el uso anticonceptivo del condón, como si consideraran más dañino el control racional de la natalidad que las atrocidades que saben de sobra que están ocurriendo en el mundo, especialmente en los países superpoblados como China que han impuesto la paternidad única, la esterilización masiva y hasta la inmemorial práctica del infanticidio como instrumentos demográficos compensatorios. Ahora mismo acaba Roma de nombrar el primer cardenal chino como si no supiera que ese régimen brutal destruye hogares por infringir la norma del hijo único o, sencillamente, ahoga a los recién nacidos excedentarios en los arrozales de la aldea. Eso es lo sorprendente del montaje romano: su capacidad para reconciliarse con los bárbaros del obispo cismático Lefèbvre y convertir al mismo tiempo en referente radical a un monseñor emérito que accede a sugerir el uso excepcional del condón sin dejar de considerarlo como un “mal menor”. A veces he pensado con triste sorna que si con esta gañanía la Iglesia continúa su marcha sin que se le caiga la tiara, eso del “non prevalebunt” debe de ser cierto y Belcebú debería ir resignándose a meterse donde le quepan las “puertas del infierno”. ¡Mira que decir que en caso de matrimonio con SIDA se admite la fundita, pero que ni aún así debe entenderse el recurso como algo normal! ¡Pero qué idea tendrán en esa majada de por dónde consagra el lobo sus pasos acechantes! Conozco a uno que duda incluso que Martini, de haber salido airoso del cónclave, hubiera sido capaz de este gesto mínimo. Yo no lo sé, desde luego, pero sí digo que la deuda que está adquiriendo el integrismo con esta humanidad desbocada y doliente constituye la más sutil Inquisición que jamás haya ejercido en su larga y deplorable historia.

15 Comentarios

  1. La que madre que parió a Peneque. Se levanta servidora esta mañana dispuesta a recordar las oraciones matinales del internado, a hacer un firme propósito de no escribir procacidades en este blog de gente seria y modosita y va y sale el Anfitrión hablando de impermeables y globitos.

    Ea, pues ya me tienen dispuesta a largar por estos deditos. Huy, lo que se me escapao. Resulta que aquellos confesores de antaño -ya ayer expuse mi pervertida idea sobre las religiones- no te preguntaban demasaido por tus injusticias, tus crueldades, tus pequeñas infamias -la Posadas dixit- sino que todas sus preguntas iban encaminadas a la entrepierna. Si habías pensado en lo que túyasabes, si lo habías deseado más tiempo del soplo de un ángel, si habías caído en el indigno pecado que se hacía con los deditos, con la mano o a tutta orchestra. Y así tó seguío.

    Si tenías pareja, novio formal se entiende, con permiso paterno y autorización de pava en el portal, ni digamos. Había que explicar si el beso confesado era casto o no; si en la mejilla o en la frente; si en la boca, sequito con los labios cerrados o mojadito; si con lengua y con cuánta lengua; si en la tetita o en la almejilla, o en la pimporreta superior del llamado miembro. Una adivinaba a través de la rejilla que el ocupante del asiento se iba poniendo encendido, pero con los ojos bajos, una no adivinaba dónde o cómo o cuánto ocupaba el reverendo su diestra mano, o la siniestra -no se pierdan el término- si era zurdito. Eso sí, debía tener una buena suplementación en la ropa interior porque, al menos una, nunca percibió olores cono- o desconocidos.

    Y lo que le pasa al Martini, para mí seco, por favor, es que ya sabe, está seguro que nunca va a poder ser tiara. Lo que nos pasa a muchas viejas y viejos. Que pensamos, decimos y proclamamos verdades, que hace años ni hubiéramos permitido germinar en nuestra mente. Más razón tiene este Anfitrión que un santo laico, que éso es lo que es -servidora está pensando si ponerle una capillita sobre mi cómoda y alumbrarlo con una mariposa de aceite-, al comparar este serretazo que continuamente nos encaja la Santa Madre en las ingles del cuerpo , prohibiendo el látex y otros adminículos, con el Santo Oficio. Lo único que ahora no les resulta fácil encenderle al prójimo la candela bajo los pinreles. Si no, ya se vería.

  2. Sí, señor Griyo, se dice mendocino y mendocina, ya lo sabe usted por mí misma. Aprovecho para animar a los habituales de este quilombo a seguir a seguir hablando en plata, y al anfitrión –¿se acordó de mí en París, aaayyyyyy– para agradecerle que siga ofreciendo a los demás, como hizo desde lo que lo conozco, cuánto va aprendiendo, que no para nunca, doy fe. Aquí en Argentina, como él sabe, tuvo eco en un periódico que a él le gusta mucho y a mí ya no, una columkna suya poniendo en su sitio a la jerarquía colaboracionsita de aquí. Creo que pocos escritores españoles han merecido que les contestaran los soberbios mitrados de esta nación tan difícil. Besos a todos.

  3. La Iglesia siempre tiene un Martini sobre la mesa: es su mejor coartada. ¡A que no habrió la boca Martini antes del cónclave! El amigo de GM sospecha con razón: si sale papa, ni pío. Aparte de que ya está bien de la matraca del condón por parte de estos señores que son incapaces de asumir una modernidad siquiera mediana. Nadie les pide que renuncien a sus credos básicos, pero todo indica que van derechos a meterse de nuevo en condenas galileicas (ahí está el tema de las células madre) por las que pediraçan perdón dentro de cinco siglos.

  4. Si lo que dice el anterior, ” el amigo de GM”, va por servidora, que sepa que una es mujer y muy hembra.

    Nos ha merengao.

  5. Ya ayer escribíamos del origen de la religión como ingeniería mental y social para preservar comportamientos necesarios para la supervivencia de la especie.

    Una de ellas, -la cátólica quizás la organización más preparada de la historia para sobrevivir-, sigue siempre acosada a derecha e izquierda por los que creen que los corsés son innecesarios para el desarrollo de la civilización humana.

    Unos pidiendo libertad para los instintos y otros asesinando a teólogos para que no liberen de la indignidad al continente sudamericano. Padre Ellacuría, obispo Romero y otros.

    Los que hacen una lectura del cristianismo, para adaptarlo a los que desean libertad para eliminar el mítico complejo de culpa, llevan más de cuatro siglos imponiendo un desarrollo basado en la libertad para comerciar y aumentar sus riquezas hasta el Agamenón. Luteranos de todo tipo y católicos integristas.

  6. A mi doña Mendocina. ¿y cuál es ese papelote que al Anfitrión le gusta y a vos le incomoda? Porque una se asoma también a la prensa escrita de más allá del Charco.

    A mi doña Anais (y vaya con el alias que se ha colocado por montera y como reina): servidora, si algo es, ha sido, o fuere o fuese, pues que también católica. O mejor, algo cristiana. Pero de base, incluso un poquito subterra´nea. Si el Galileo existió y no fue un invento paulino, con la mayoría de las cosas que dijo no hay más remdio que estar de acuerdo. A ver si no por qué le dieron matarile los que ya sabemos. Los mismos que se lo darían hoy, of course.

    A mi don cura de pueblo: como supongo que usted no usa bragueta de esa del cuello hasta los pies, y mucho menos que los botoncillos sean de colorines, pues como que le veo más más en esa catacumba a la que hago referencia ahí un poquito más arriba, que con la turba de señoritos, las señoritas son muy segundonas, que pululan por ese parque temático del Trastévere, donde se cambia de país con sólo cruzar la calle. Vamos que una, por muchas veces que vuelva a Roma, va a admirar el castelo de Sant’Ángelo desde este lado del río.

    No recuerdo si es en la rúa del Trittone donde está Mondadori, pero allí se pasó servidora una mañana ojeando librotes en la sublime lingua d’il Dante y como se les entiende casi tó, po que mu bien, que ahí sí volveré. O a tomarme un expresso en un bareto que localicé próximo a la escalera de Piazza d’Espagna y donde cada mañana, con el café más barato, y mucho mejor, que en una taberna de pueblo de aquí, pegaba el oido al personal de mono, los paletas, los mecánicos, los barrenderos, y hasta pillaba alguna cosilla. Aprendí algunos tacos incluso, lo primero que debe conocerse en lengua extraña y que la mayoría de los diccionarios no traen.

    Me parece que me he vuelto a pasar de labia. Abur, mis cuates. Besos para todos.

  7. ¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿ “Ya ayer escribíamos del origen de la religión como ingeniería mental y social para preservar comportamientos necesarios para la supervivencia de la especie.”????????????
    ¿Cuando hemos hablado del origen de la religión ni de la supervivencia de la especie? Me ha hecho releer todo lo escrito ayer, Doña Gertrudis.
    Ayer hablamos de los derechos de los simios que se las arreglan, igual que las golondrinas o los geranios sin ninguna religión. Nosotros parece que somos más cerrados.
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    Allá por el año 2000 el obispo de México defendía, precisamente en la víspera del día internacional contra el sida, la prohibición del preservativo con el argumento de que el contagio del sida es cosa de Dios.

    Parece que éste Papa, como el anterior siguen y seguirán en contra del preservativo, o sea, a favor del sida.

  8. Rectifico, Doña Gertrudis, leído a la ligera no es lo mismo que leído pero tampoco hubo debate sobre el tema sino simple mención de pasada.
    Para mí, el origen de las religiones no tuvo nada que ver con el vestido sino con la conciencia y/o el conocimiento de una muerte segura. Pero éste es un tema que da para varios días de discusión.

  9. No estaría de más un poco de rigor a la hora de cepillarse el papel de la Religión. ¿Se acuerdan de Max Weber, del propio Kant, de James, de Eliade (que no sólo hablaba de mitos), de Pascal, de tantos como vieron en la Religión algo menos simple que lo que suele repetirse en “plan Puente Ojea”. Hoy miso, ocmo ayer y antier, se han manifestado aquí desdebnes impropios de gentes que piensan con serenidad. El propio patrón, que tanta leña da donde más duele, consta que anda profundamente interesado por el tema y que no lo trata a la ligera. El culo y las témporas: no confundir. Roma y el Evangelio: no confundir. Monseñor…, el que sea, y Ellacuría, aquí nombrado hace poco: no confundir nunca. Y por favor, un poco de respeto, con una aclareación: no escirbo desde la fe ni siquiera soy creyente de una religión. Sólo animo a ver en la Religión un hecho psicológico e histórico más hondo que el que se pinta en las caricaturas.

  10. Por favor, D. Isaías ¿Ha visto Vd. alguna broma, caricatura en el comentario de Doña Gertrudis o en el mío?

    Yo me declaro ateo, no agnóstico, y acepto la inevitabilidad de la muerte definitiva. Fuí educado como católico, apostólico y romano y llegar a mi ateismo me ha costado muchos años de reflexión.

    Este ateo, nacido católico, respeta profundamente a todos los creyentes cualquiera que sea su credo y muy poco a las jerarquías de las diferentes religiones que, para mí, solo son instrumentos de poder.

  11. Si he escrito que han asesinado a teólogos y sacerdotes por intentar liberar de la misería a seres humanos, no creo que eso sea falta de respeto, si no mi más profunda admiración hacia esos miembros de la Iglesia Católica, precisamente denostados por gran parte del Vaticano y al parecer por el profeta Isaías, por el intento de acercarles parte de la felicidad que otros poseen, sin esperar hasta después de la muerte.

  12. No va descaminada respecto a mi bragueta y el color de la botonadura, mi señora doña Epicálida, pero no prejuzgue por tan poca cosa. La discusión de hoy ha estado en el fiel –cada cual tiene derecho a su opinión– y ha acabado mejor. Qué ejemplo estos rincones si trrascendieran a la Gran Opinión. ¿Por qué no podrá debatirse en público con la misma tranquilidad que en privado? No está Trebonio para contestarme y bien que lo siento, por más que me incomoden las personas con facilidad para coger el número cambiado a los demás.

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