La burrada del presidente Mas me pilla, casualmente, hojeando el libro que un profesor catalán, Javier Barraycoa, ha escrito para desmitificar el mitologema catalanista. No, por desgracia, como lo hiciera Jon Juaristi con el vasco en “El bucle melancólico”, sino a base de acumular referencias históricas que probarían el carácter improvisado de una simbología que no se tiene en pie. Sería estupendo que esta colección de zarpazos –que le van a costar al autor un ojo de la cara y parte del otro—viajara sobre una plantilla historiográfica más rigurosa, pero aún como simple colección de datos desmitificadores me parece que va a tener un valor considerable en medio de tanta confusión. Las tesis del libro, pueden imaginarlas: los grandes símbolos (incluidos la señera, la sardana y el himno) son inventos oportunistas y relativamente recientes; la filipina “guerra de Secesión” no fue, en realidad, obviamente, sino una “guerra de Sucesión”; el catalanismo no fue antiespañol hasta muy tarde; el conflicto de la lengua y la estrategia excluyente nada tienen que ver con la intención de los filólogos iniciadores del movimiento ni con sus seguidores que, en su inmensa mayoría, serán de extracción altoburguesa hasta el punto de constituir una oligarquía mixta que alcanza nuestros días; muchos líderes mitificados, incluyendo los más señeros, fueron españolistas antes de calarse la barretina; numerosos entre ellos se pasaron entusiastas al franquismo y ejercieron altos cargos en él; fue el clima romántico, en definitiva, el que en el XIX funciona como crisol propicio para la creación de esos símbolos que serán organizados en el imaginario por una casta nada popular. Ya digo que echo de menos en el intento un armazón historiográfico consistente, pero el libro no deja de ser divertido, y mucho, aparte de aleccionador en innumerables aseveraciones que molestarán tanto más en cuanto resultan evidentes.

 

Claro que no hay por qué pedirle a los mitos ni verdad ni razones de mayor calado: ellos cumplen inflamando sentimentalmente el magín popular (prefiero ese casticismo a lo de “imaginario” galo), logrando que los símbolos –verdaderos o falsos—arraiguen en la sentimentalidad colectiva y crezcan lo bastante como para dar sombra a sus beneficiarios. Lo del nogal y las nueces que decía Arzállus, vamos. Que la parla catalana era en principio el limosín, que los papeles históricos se escribieran en latín o en árabe y otras lenguas mientras el castellano avanzaba como “lengua franca”, que “Els Segadors” fuera una “canción tabernaria reletreada por un personaje pintoresco…? ¿Y qué más da? La fe no precisa razones. Si tras ella bulle un negocio redondo, mucho menos.

7 Comentarios

  1. Interesante, le pido que dé el título completo de ese lirbo que alude. Antes de leerlo crteo estar ya de acuerdo con él pero me gustaría comprobarlo.

  2. Bien que nos entendían cuando les sacábamos las castañas más calientes del fuego, durante años y años. Casi todo lo que oigo hoy de Cataluña me suena a chino, se lo digo de verdad, por lo que creo que ese libro de que usted habla debe llevar razón. Nunca pasó en Barcelona lo que estña pasando. Nunca fueron tan xenófobos sus dirigentes, los que viven del cuento de la “identidad”.

  3. De buena gana leería ese libro, a pesar de los reparos que jagm apunta en su columna. Todo lo que sea contribuir a combatir el exceso nacionalista –¡gran negocio de esos clabnes familiares!– sea bienvenido.

  4. Probablemente el libro mencionado por el maestro es “HISTORIAS OCULTADAS DEL NACIONALISMO CATALAN”

  5. En efecto, es ese libro, porque ya lo habíamos comentado él y yo hace días en un bar de Sevilla. Su autor es Javier Barraycoa, com o se dice en la clumna, y su editorial Libros Libres. Si quieren mi opinión, es tan divertido como anecdótico, pero es verdad que permite una visión amplia de lo que es ese mito inventado en tan poco tiempo.

  6. Los mitos regionales son pobres, en general, aunque no mucho más que los nacionales. Caro Baroja escribió sobre ello, otros maestros también, y ninguno, salvo los que ustedes podrán imaginar, estuvieron jamás de acuerdo con ellos. Que el catalanismo no fue en sus inicios lo que es ahora,en pleno negocio, está claro. No son comparables Mílá o Admiralñl con Mas o Carod Rovira. Otra cosa es el cariz dramático que el mito ha tomado en manos de estos negociantes. Pero de eso no quiero hablar siquiera.

  7. ¡Cuando pienso que los hay que están luchando por Europa y esos retrógrados están todavía atrincherándose en una región!
    Besos a todos.

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