Una avioneta estrellándose contra un rascacielos de Nueva York, para qué más, y precisamente un día 11: he ahí todo un símbolo sin réplica hoy por hoy. Un camionero detenido en un fielato por parecerse a Bin Laden: he ahí otra prueba del temor que invade progresivamente al llamado mundo occidental. El miedo es una potencia incontrolable, en cierto sentido sobrehumana, razón por la que el genio de Goya lo fabuló como un gigante inalcanzable que avanza aplastando a las muchedumbres a su paso. Claro que hay excepciones, individuos que escapan al pavor colectivo, los héroes, pero los héroes suelen ser tipos peligrosos que, aunque acaben dando muerte al dragón y liberando a la princesa, no dejan de acarrear percances y tragedias, calamidades propias y ajenas, sufrimientos épicos. Mejor, pues, si las multitudes temen, es decir, si renuncian a resistir la causa que inspira el miedo, o al menos eso es lo que dicen los conciliadores. ¿Pide un imán que desaparezcan las inmemoriales fiestas levantinas de “moros y cristianos”, un suponer? Pues se cede y santas pascuas. ¿Exigen terrenos municipales para edificar una mezquita –con probada frecuencia escuela de extremistas—los mismos que jamás autorizarían en su país una iglesia cristiana? Se cede igualmente. ¿Molesta la tradicional alegoría de Santiago Matamoros en la pintura? No hay problema: se bajan los cuadros de salones y sacristías para evitar complicaciones. El miedo. En los colegios se impone a los alumnos que prescindan del término “moro” (¡) que no significa más que lo que significa y, en el peor de los casos, nada peor que “perro infiel” referido a los cristianos. Hasta el papa dobla la rodilla, que ya es decir, asustado ante los ayatollás. Con papel de fumar se la coge esta sociedad cautiva de su jindama que no hace con ello sino dar alas a una reivindicación cada día más gratuita y más humillante. Medio mundo se ha quedado sin aliento al ver la escena de la avioneta empotrada de Nueva York; casi otro medio ha contenido la respiración con la esperanza de un nuevo golpe. Ésa es la realidad y habrá que estar atentos porque seguramente lo peor está por venir.
                                                       xxxxx
No es arbitrario temerle a una fecha o a un signo cuando la amenaza no disimula su propósito de continuar la carnicería. Esta vez no estamos aguardando a los bárbaros encaramados en la muralla sino que los tenemos dentro –cientos de miles, millones incluso, en toda Europa—en términos tales que su número supera al de nuestras fuerzas de seguridad incluyendo al ejército, sin posibilidad de distinguir entre honrados buscavidas y terroristas execrables. De ahí el miedo. Los gobiernos temen no menos que los ciudadanos y todos ceden a las exigencias y se ajustan a los símbolos. Los días 11 de cada mes, por ejemplo, resultan hoy sospechosos en tanto que probables fechas de otra efemérides, un perfil asemejado a quien se busca desata la histeria en la aduana. Quienes claman por sacar la religión tradicional de la enseñanza están logrando introducir en ella la de los credos exóticos. No iba despistado quien dijo que el miedo al mal lleva por derecho al mal del miedo. Y al entreguismo. Pone los pelos de punta pensar que hemos llegado a un punto en el que un accidente aéreo en fecha simbólica encienda todas las alarmas. Pero en ellos estamos y es tontería disimularlo, porque mientras nuestros alféreces predican la contracruzada del “diálogo de civilizaciones”, el extremismo rival ve confirmada su estrategia de la reivindicación continua, creciente, sin fin. En un pueblo español no quemarán más la cabeza simbólica de Mahoma, por la Quinta Avenida han desfilado nuestros levantinos moros folclóricos pero sin cristianos. Y una escena del telediario consigue que el corazón nos de un  vuelco. El mal del miedo. Quizá lo que convendría hacer sería repensar las razones y sinrazones de nuestro miedo al mal.

10 Comentarios

  1. Se queda corto con Goya, Dese una vuelta por Lavapiés si no tiene tiempo de pasarse por la Zona Cero.

  2. Dentro de pocos años tendremos muchas fechas, montones de motivos, cantidad de excusas, y no habrá mañana tranquila para el hombre tranquilo. De Las Torres Gemelas a Cprea, de Atocha a Afganistán, de Teherán a Bali. Tendrán donde escoger. Nosotros somos quienes no tendremos. ¿Cómo hemos podido invertir el mundo de esta manera?

  3. Marcopalo, es que fuimos muy «arrogantes», además de perder las cruzadas, deberiamos habernos ido a las cavernas. ¿Que fue esa tontería del Renacimiento?. Ellos siguieron en la Edad Media y les ha ido tan bien!. Sí «español musulmán» otro día me lo cuenta, pero como decía León Felipe «yo ya me he dormido con todos lo cuentos». Bueno por si no lo sabe León Felipe fue un poeta español que escribió en el siglo XX con dolor de España, y no de Al-Andalus

  4. Ah de la vida: nadie me responde. Se me viene a la cabeza el verso de Quevedo en días ocmo hoy, en que el personal duerme a pierna suelta, indiferente a los razonamientos esforzados del anfi, que no perdona día ni puntada. Un esfuerzo, hombres (¡y mujeres!), que çel se lo merece.

  5. 18:33
    El terrorista no vence cuando le mata a Vd., a mí o a 500, sino cuando nos hace tener miedo.

    Ayer fue un día de victoria gratuita para los terroristas porque consiguieron acongojar a tantos millones de perros infieles sin gastar ni un sólo dólar ni la vida de un desgraciado mártir.

    La muerte está ahí. Nos espera a todos y no suele ser nada clemente.
    Hoy mismo ha muerto un amigo mío tras más de un año de agonía.
    ¿No es mucho mejor la bomba criminal que el cáncer?

    Les juro que tengo mucho más miedo a la “piedad” de los médicos que a las bombas de los criminales.

  6. Los españoles tendrán muchos defectos pero no son cobardes. Yo creo que si un día no queda mís remedio que dar la cara sabrán darla.

    En cuanto a mi, ni me enteré! Algo bueno tiene no tener tele y enterarse de las noticias con retraso y a menudo por un blogg amigo!

  7. 22:58
    Tiene bastante razón, doña Marta, pero no hay nadie más cobarde que los políticos españoles.
    No nos los merecemos, pero es lo que tenemos.

  8. Relean de vez en cuando «La rabia y el orgullo». Ya sé que la Fallaci se pasó siete pueblos y una estación de renfe, pero hay cosas que le hacen a una sentirse viva.

    Es cierto que el miedo está ahí, pero también lo está la inseguridad ciudadana -otra vez- y el personal vuelve a salir del cine o el teatro con prisa en busca de territorio amigo. También está ahí el miedo a un sinfín de cosas que creíamos superadas por muchos años.

    Pero ninguno como este miedo, nuevo por renovado, a los barbudos con sotana y turbante que incitan a disparar morteros o misiles, a ponerse cinturones de explosivos -con ácido bórico o con metenamina, qué más da- elevando preces a su Dios «¡Allah akbar! ¡Allah akbar!». Unen la palabra de Dios a los estampidos y a las muertes de inocentes.

    Si nos agachamos quedaremos en posición de ser atravesados por sus miembros circuncisos. Me temo que zapatéticos y desatinos nos están llevando a una genuflexión profunda y al rozar el suelo con la frente, estamos ofreciendo por diana lo que usted y usted y yo estamos pensando.

  9. Amigo jagm, hay que reconocerlo: así no hay manera humana de sacra adelante el blog. Habría que buscar solución a esta insolvencia, porque una cita que, cuando funciona, allega 20 0 30 comentaros merece la pena. Haga algo, por favor.

Responder a Isaiah Berlin Cancelar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.