No me resisto a comenzar por el divertido chiste que rula en Internet antes de meterme de nuevo en el mítico jardín del “peligro amarillo”, aunque ésta vez mirando hacia Japón, no hacia China. Un alumno “japo” estrena escuela en la Yanquilandia profunda y la maestra se propone iniciarlo a la Historia con un  repaso de efemérides. “A ver, ¿quién dijo ‘Denme la Libertad o denme la muerte’ ”. Voz del recién llegado: “Patrick Henry en 1775”. Aún sin reponerse del asombro, insiste la profe: “¿Y quién dijo que el ‘gobierno del pueblo para el pueblo no debe desaparecer de la faz de la Tierra’?” Otra vez el ‘nuevo’: “Lincoln en 1863”. Una voz anónima deja caer al desgaire: “¡A la puta mierda con los japoneses!”, provocando la reacción de la responsable: “Exijo saber quién dijo eso”, a lo que el ‘japo’ responde sin inmutarse: “Pues el general Mc Arthur en 1942”. ¡Para qué más! Desde el fondo del aula se oye gritar con rabiosa sordina “Anda ya, empollón: ‘¡chúpame ésta!’ ”, grosería que subleva a la pobre docente que reclama la autoría del disparate para obtener otra respuesta del recién llegado: “Bueno, eso se lo dijo Clinton a la Lewinski en el 97…”. No tengo la menor duda de que el chiste es de elaboración americana, como no la tengo de que, en el fondo, más que un pretexto para encadenar gracietas y paradojas, es en realidad un reflejo nítido de la xenofobia residual en un país para el que el “peligro amarillo” apuntaba más a Japón mientras en Europa apuntaba más a China, al menos entre comienzos del XIX –fue Napoleón quien dijo aquello de “Cuando China despierte, temblará la Tierra”, no se olvide– hasta finales del XX, por no hablar de los miedos actuales, que ya no derivan tanto de mitos como de estadísticas. La leyenda de la irresistible eficiencia de la raza amarilla, late bajo ese espléndido chascarrillo lo mismo que en las cautelosas reflexiones que –incluyendo éstas modestísimas– se prodigan esta temporada. Sólo el pinchazo financiero de la burbuja japonesa ha vuelto a concentrar las miradas en el dragón chino, pero el jodío ‘japo’ sigue siendo visto con desconfianza en Wall Street o en Silicon Valley.
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El mito del “peligro amarillo” fue ante todo un mito teratológico en el que la metáfora giraba, indefectiblemente, en torno al amenazante hormiguero o al dragón, desde el conde Keyserling a Henri Michaux o desde Soloviev a Jünger, en consonancia con una teoría social que esgrimía el espectro de las “masas”, presunta organización “natural” de los orientales, frente al “individuo” triunfante en Occidente desde el Renacimiento. Pero fue la guerra de 1905, es decir,  la primera derrota de un país (más o menos) occidental, Rusia, frente a uno oriental, como Japón, el hecho que logró desviar el miedo hacia aquel pueblo que, recién salido del feudalismo medieval, no era precisamente el hormiguero primitivo que vio Marco Polo en Catay, sino una imprevisible potencia cuya suprema capacidad mimética la convertía en un adversario real. A comienzos del XX se formuló el tremendo aviso estratégico del capitán Daurit, supongo que hoy olvidado, al que darían consistencia mítica las novelas de Pierre Loti –ya refugiado en Estambul, al fondo del Cuerno de Oro– aviso que, no cabe duda, tuvo su peso en la conciencia crítica con que se vivió estos años atrás en Norteamérica el “milagro japonés”. Miren, cuando oigan hablar del “peligro amarillo” no dejen de pensar en el “miedo blanco” tal y como propuso Jacques Decornoy en un libro memorable, es decir, consideren que, en muy buena medida (comprueben la cronología), esos pavores se corresponden con la creciente conciencia de una “decadencia de Occidente” que Spengler no fue el único en teorizar. Lo que, en realidad, nos asusta es la creciente conciencia de nuestro declive progresivo, no ese prodigioso vigor ajeno que mitifica, a su vez, una mentalidad como la que subyace bajo nuestro chiste.

21 Comentarios

  1. ¡Por fín, algún sabedor que se acuerda de Japón como objeto del mítico «peligro amarillo»! ¡Y sabiendo lo que dice! Acabo de pasar un rato estupendo, agradecido a quien se conforma con «asear» la faena sino que escarba a diario en su honda cultura para interpertarnos la realidad.
    Que el peligro amarillo es,en realidad, el miedo a nuestra propia decadencia, no se me había ocurrido. Es el poder de lo teratológico, en efecto.

  2. Lo bueno de hoy es el chiste, lo demás no lo entiendo bien. Al Prof quiero preguntarle ¿y qué es «lo teratológico»?.

  3. Como no creo que mi buien amigo el Pro se moleste en contestarle (sobre todo por el tono), lo hago yo: teratológico es lo que se refiere al mosntruo, al prodigio. Al dragón chino, al hormiguero humano…, etc.

  4. ¿Cómo era aquella historia de que los romanos, con su sistema doméstico de agua a domicilio en cañerías de plomo, se iban a lo largo de los años intoxicando con un saturnismo que se instalaba en sus neuronas y al cabo del tiempo los Calígulas, los Nerones and co. se iban volviendo majaras perdidos y de ahí a la decadencia solo quedaba que oi barbaroi se fueran comiendo el Imperio por los pies?

    ¿Cuál es nuestro plomo actual que nos deposita en el córtex el metal pesado que lo destruye? ¿El ombliguismo, la ignorancia buscada a conciencia? Comparen los niveles de exigencia de la educación oriental con la occidental y quizás no yerren demasiado el tiro.

  5. El mayor peligro del ser humano, no es externo, «lo lleva dentro».

    El progreso humano occidental es debido al deseo de acabar en lo posible con la «incertidumbre» que produce lo desconocido. Eso ha producido la Ciencia, la razón y la lógica. Para captar el exterior hay que emplear los sentidos y estos acaban en sentimientos. Ahí está el mayor problema entre nosotros. Unos los usan a ciegas sin reconducirlos hacia la razón y por dicha causa nos pueden conducir de nuevo al «paraíso perdido», la selva originaria.

    Anoche Tele 5 dió imágenes del barrio de Usera en Madrid calificándolo de barrio chino en su mayoría. Comerciantes madrileños con muchos años en el negocio, están vendiendo sus locales por la «compentencia china». Y lo están comprando nuevos chinos. Se vieron niños en escuelas especiales para ellos en chino y algunos hablaban el castellano. En España hay unos 100.000, la mayoría en Madrid y Barcelona.
    Aquí con la inmersión lingüistica en catalán lo tienen como el del chiste del amigo JaGM. Mi hija, profesora de ciencias en un instituto, me dice que los mejores estudiantes son los extranjeros, principalmente los del Este europeo. Sus padres tienen un interés enorme en la enseñanza de sus hijos.
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    Y ahora otra perla de mi visita de ayer que me encuentro en la exposición del CCCB:

    Un escrito de D. Antonio Vallejo Nájera en la exposición sobre la transición:

    “Compréndase que instintos y sentido moral se hallan al mismo nivel de la inteligencia. Cierto es que algunos imbéciles parecen sociables y de buena voluntad, e incluso muestran algo de cariño hacia parientes y amigos, pero es mucho más común en ellos un alma viciosa y pervertida.”

    Este espécimen fue el primer catedrático de psiquiatría de España. También uno de los mayores “intelectuales” del régimen franquista.
    Si llega a saber que en España, a los homosexuales se les legalizaría su unión, al finalizar la guerra civil fusila a todos los vencidos.

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    Una noticia de esta mañana: Un investigador español en Toronto de neurología, ha encontrado parte de la zona cerebral de la memoria. Aplicándole electrodos a un enfermo por otras causas, ha dado con ella.
    Puede ser mayor hallazgo para resolver el enigma del Alzheimer.

  6. Estupenda novedad este enfoque sobre lo japonés. Curioso ver cómo los tópicos se incrustan en nuestra estimativa y no dejan espacio para lo que cualquiera –al menos cualquiera atento, como jagm– puede deducir de los datos disponibles en la bibliografía.

  7. Importante columna. Histórica, cultural, sociológica, psicológicamente hablando. Toda una lección en una cuartilla. Magistral.

  8. Formidable el efecto que produce la mezcla de sabiduría y llaneza, de que hace gala jagm. Casi me he caído de risa leyendo el chiste del japonesito, pero mi sorpresa ha sido enorme cuando me e encontrado en la segunda parte que no se traía aquí para divertirnos sino para ilustrar un tema tan antiguo como apasionante.

  9. Comentario al canto. Hemos descubierto el truco de eliminar el nombre del autorpara no predisponer a los alumnos. Hoy ni que decir tiene que se han fijado mucho más en el formidable chiste del coleguita japonés, pero así y todo hemos podido hablarles en lo que que cabe del «peligro amarillo». Lo sentimos por doña Cándida a la que deseamos lo mejor pero lo más lejos posible de nosotros.

  10. Interesante, supongo que sacado de Internet, como todo el mundo, pero interesante.No quiero rtegatearle méritos.Lo que me ha parecido francamente grosera ha sido la anécdota de entrada.

  11. De estar nosostrso en pleno apogeeo desde luego ni nos acordaríamos de los Chinos o de los Japoneses. Lo que pasa es que en esta tierra no hay sitio para que la humanidad entera esté arriba, así que cuando unos suben otros bajan, y es lo que nos ha tocado vivir.

    El chiste ese ya lo sabía. Ahí va otro:
    Es el primer francés, pongamos que se llama Vilepin.
    Son las once de la noche está visitando Pekón y parece que es pleno día: hay focos por doquier y una multitudde chinos que suben y bajan por los andamios, haciendo malabarismos con ladrillos, sillares, hierros, picos, palas, enfin aquello es un hervidero humano. El primer francés está más que admirativo. «Qué cosa más extraordinaria! Cómo trabajan, es increíble! Tiene Usted un pueblo valiente y trabajador como ninguno» «SU excelencia es demasiado indulgente: hemos tenido que poneldos equipos para tenerlo todo listo pal las olimpiadas,pelodígame, dice acercándose uy hablando bajito, me han dicho que ustedes trabajan 36 holas. ¿Cuáles el truco puesto que sólo hay 24 holas en un día?»

    Un beso a todos.

  12. Me ha parecido una de las columnas mejor trabadas en mucho tiempo, con independencia de que el chiste le guste o no a algún espíritu delicado. Es curioso porque es cierto que casi nunca pesnamos en Japón cuandos e invoca el peligro amarillo.Lo malo, querido ja, es que no habrá mucha gente capaz de leer hoy a Loti.Por cierto, ¿qué has hehco con Claudel, a quien bien conoces, y que tuvo que ver ocn el asunto, como segruo ?

  13. ¿Quién dijo que no era verdad que se puede enseñar divirtiendo? En este punto jagm es el plumífero más «ilustrado» que queda hoy en España.

  14. Aplastante erudición, como tantas veces, peor lo curioso es que no disgusta sino todo lo contrario. (Hoy me he apuntado a ese capitán citado para ver si lo localizo).

  15. Despedida y cierre (por mi parte).

    Felicito a los asiduos del casinillo porque hoy ha sido más tal y menos aula. No reniego de la docencia, a la que dediqué parte de mi vida laboral, pero prolongarla hasta en la sopa… (He asistido a suficientes comidas con docentes y terminan dale que te pego al temita).

    Por ello no puedo menos que refelicitar al Anfi y a mi dilecta doña Sicard, porque ¿qué tertulia es tertulia si no se intercala de cuando en vez un chistecillo?. El señor N. debe haberse tragado un palo de fregona y por eso se molesta con su cuello tieso de que en sitio tan serio (¿?) se cuenten chistes. No passsa nada.

    Va por usted, madame:

    -Oye, ¿qué significa «pour quoi»?

    – ¿»Por qué»?

    – Porque me sale en el ejercicio de traducción.

    (Sé que es muy viejo pero es que todos los otros pocos chistecillos que me sé son escatológicos o directamente pornográficos). Buenas noches.

  16. 23:18
    Bueno, pues vale. Yo voy a recordar uno que seguramente saben todos:

    Iban cien mil chinos llorando por la calle y un guardia les preguntó que qué les pasaba “Es que nos hemos peldido”.

  17. 08:01
    Anoche, cuando escribía el chascarrillo anterior, ignoraba que había cien millones de chinos, es lo que he entendido, bloqueados por la nieve y el hielo en condiciones dramáticas.
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    España en los extremos:
    Me despierto con la noticia de que estamos a la cabeza en Europa en la inflación y en el paro, también lo estamos en la deuda exterior y ya se ha comentado aquí que estamos en la cola del aprovechamiento escolar y de la compresión de la lectura.
    Nadie ha dicho que en esta interminable campaña electoral estamos a la cabeza de la demagogia, del cuento chino y en la cola de las relaciones internacionales.

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