No hay quien me quite de la cabeza que el “pepinazo” que está arruinando a nuestra agricultura ante la insolvencia de un Gobierno más atento a sus problemas de partido que a la gobernación del país, es un montaje de gran envergadura organizado desde la competencia. No niego que la actuación de esa consejera alemana que ha sembrado la alarma sea fruto de su ignorancia o de su osadía, pero apostaría a que lo que ha venido después, a saber, el descrédito fulminante de nuestra huerta en Europa y el cierre de fronteras a nuestros productos, ha sido por lo menos el resultado de una manipulación  interesada. Tampoco voy a plantear el famoso “Quid prodest?” porque será demasiado fácil mirar hacia los clásicos competidores, evidentes beneficiarios de nuestra ruina. Lo que ahora me interesa resaltar es el fenómeno del miedo, ese fantasma intermitente que asola el mundo civilizado (en el otro se comen sin penárselo dos veces lo que se tercie) cada dos por tres, con el agravante de que la población se está quedando si referente seguro y como confiada en exclusiva a su arriesgada intuición. Para empezar, porque la Organización Mundial de la Salud, la antaño respetada OMS, salió hecha trizas de la crisis de la última gripe ante la que anunció un apocalipsis por fortuna sin fundamento. Y en el caso de los españoles porque ya me dirán cómo tranquilizarse confiando en una ministra sin estudios no especiales dotes como la que tenemos, cuyas intervenciones me temo que aumenten el desconcierto en lugar de fomentar el sosiego. Desde las vacas locas a los pepinos pasando por la crisis de las dioxinas, por la gripe aviar o la porcina, no acabamos de respirar hondo cuando ya nos acongojan con otra amenaza invisible con la que, indefectiblemente, muchos se arruinan y unos cuantos se ponen la botas. La psicosis de la peste está hondamente enraizada en la mentalidad humana por más que el mundo contemporáneo haya demostrado que a lo que tiene que temer a sus propias endemias.

 

Hemos visto y escuchado a la consejera hamburguesa y a la ministra Pajín con la lógica inquietud por ver en manos de quiénes estamos y, por descontado, con el miedo añadido de que alguna vez la llegada del lobo resulte cierta y una amenaza vital de envergadura haya de ser gestionada por esas aficionadas “de cuota”. La crisis de los pepinos no solamente va a descuadrar sin remedio nuestra economía sino también nuestra imprescindible aunque ya residual confianza en los responsables políticos. Uno a corto y el otro a medio plazo, no nos podían haber caído encima mayores desgracias.

9 Comentarios

  1. De ls estratgeias de la competencia no hay dudas. Pero de lo que se trata ahora es de que la UE compense al socio perjudicado y, en su caso, pase la factura a Alemania. Otra cosa significaría la ruina de nuestro sector más brillante. Conforme en que la actuación del Gobierno y la Junta, enredados en su “pleito de sucesión”, ha sido penosa. Y en que estamos en manos que no pueden inspirar confianza.

  2. Cuando escuché a la Pajín en la tele me dio miedo. Y por supuesto irritación de ver a esa mamarracha a carogo de la sanidad nacional. Que Dios nos ponga la mano encima en caso de que nos llegara una situación crítica.

  3. No sé por qué habría que fiarse más de Celia Villalobos que de Leire Pajín, pero en fin, reconozco que el panorama es feo. En lo que estoy más de acuerdo es en que una vez más nuestra “marca” está siendo combatida por sus competidores y en que las Administraciones no han sabido defender el caso. Escuchar a la señora Aguilar también tiene lo suyo, no podrán decirme que no.

  4. En mi larga experiencia como agricultor no recuerdo otra como ésta, ni una situación en que hayamos estado en manos de gentes como la minsitra o la consejera. ¿Cómo se explica que ZP no haya aparecido para dar la cara, dejando a su sucesor salir del paso con un par de pases de muleta, o que el presidente de la Junta ni se haya enterado de esta veradera ruina de tantos andaluces?

  5. A mi lo que me asusta es ver como es la gente de volátil y asustadiza, con que facilidad se puede arruinar honras, y regiones enteras.
    Respecto a la reacción de las autoridades españolas no estoy al tanto de lo que han hecho o han dejado de hacer pero creo que contra ese tipo de embuste, avalado por las autoridades de un pais “amigo”, poco podían hacer.
    Besos a todos.

  6. Aunque nos indemnice la UE, como parece posible, el daño ya no tiene arreglo y posiblemente la huerta española, es marca de calidad reconocida en los grandes mercados de toda Europa, no levantará cabeza. Pero no ecehen a un lado la cuestión sanitaria, que parece de órdago. Veremos cómo sale Alemania –esperemos que ella sola– de un labeirnto cuya tapia ha tratado injustamente de saltarse.

  7. La diferencia entre un hombre, que viva en la sabana, y una cebra consiste en que el hombre se estresa con solo pensar en el león mientras que la cebra no lo hace hasta que lo ve.Eduardo Punset

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    No es la primera vez que nos sabotean gratuitamente ni será la última.
    Recuerdo un boicot a las naranjas españolas en EEUU porque alguien dijo haber encontrado una larva de no sé qué mosca.

  8. Me adhiero a la crítica a la mediocridad dirigente, como causa directa o indirecta de ésta y otras adversidades. ¿Quién va a confiar en el criterio de una ministra como Pajín si sale a hablar de la bacteria famosa? El zapaterismo ha consagrado este disparate de cualquiera sirve para lo que sea (Trini para Exteriores tras su fracaso en la Esuela Diplomática, Chacón para dirigir un Ejército sin la menor experiencia ni en eso ni en nada que no sea el parttido y sus intrigas, doña Bibi para qué hablar, una ingeniera para economía…) y ahora tendremso que pagar las consecuencias durante un tiempo que esperemos que no sea largo.

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