Casos recientes han puesto en el candelero el debate sobre la modificación de la Ley del Menor, esa cómoda rendija por la que escurren su responsabilidad auténticos infantes y otros que no lo son tanto. El juicio separado de uno de las asesinos de Marta del Castillo ha colmado el vaso al comprobarse que lo único que ha conseguido semejante procedimiento ha sido lanzar al efímero estrellato del telediario a un joven delincuente sobre el que pesa el cargo de violación y muerte de la muchacha desaparecida, destacado entre la caterva de delincuentes hechos y derechos que andan tomándole el pelo a la policía y a la Justicia como rara vez se ha visto. Hay democracias muy estrictas que tratan a la delincuencia juvenil como un fenómeno específico pero sin permitir que esta consideración, tan juiciosa, se convierta en una cataplasma procesal y, de hecho, en motivo de general desmoralización. Estos días se ve en Jacksonville, Florida, el caso de un niño de 12 años que tiempo atrás quitó la vida a su hermanastro en un arrebato de cólera, y para el que la fiscalía –una vez rechazada por la defensa la componenda de rigor—solicita una pena de prisión perpetua sin tener para nada en cuenta las circunstancias que concurren en el caso, que incluyen un padre maltratador que acabaría quitándose la vida ante sus propios hijos y una madre encarcelada a cuenta de sus problemas con la droga. Ya en Gran Bretaña habían sido condenados duramente dos menores que asesinaron a un tercero, pero quizá ésta sea la primera vez que se recurre a la reclusión perpetua de un criminal apenas ingresado en la adolescencia. La fiscal del caso dice que ella no está en su puesto para perdonar sino para aplicar la ley garantizando la protección de la comunidad y el castigo y rehabilitación del delincuente. Sobre todo en el caso de que lo condenen, no me cabe duda de que este lío va a dar mucho que hablar.

Lo que no podemos es mantenernos al caldo y a las tajadas, protestando por la práctica impunidad  de esos niños precoces para el crimen y al mismo tiempo salvando nuestra buena conciencia con unos lugares comunes que acaban por imponer la lenidad de modo que un zagal que degüella con una catana a sus padres y a su hermana está en la calle poco tiempo después sólo por el capricho del calendario. Si queremos evitar casos como el terrible de Jacksonville será imprescindible entender que la responsabilidad debe alcanzar hasta donde sea razonable en función de las circunstancias de cada caso. Un niño en prisión perpetua es algo terrible. Uno en libertad tras cometer un crimen horrendo constituye, sencillamente, un escándalo.

3 Comentarios

  1. Usted lleva mucha razón hoy, don josian,. Si queremos rechazar esa Jusiticia expeditiva y brutal no hay más fremedio que asumir una Justicia razonable, y ésta que tenemos no lo es.

  2. Lo de Muñoz Seca a propósito del juego de las 7 y Media: ni…., si te pasas es peor. Esta Ley del Menor es un escándalo. Esta´entimulando a los menores a cometer crímenes horrendos que saben impunes.

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