Es posible que, como aquí se ha dicho y repetido, el maletín de Ollero, el famoso maletín de “Cacerolo”, acabe siendo devuelto por la Justicia (¿) a quien está más que probado que lo consiguió de un cohechador hecho y derecho. Pero no me parece justificada la actitud exultante de quienes ya fueron condenados anteriormente por la misma Audiencia y por el propio Tribunal Supremo, y se han librado ahora por un quítame allá esas formalidades procesales. Nada que objetar a la pulcritud de los manguitos en su obsesión garantista. Mucho que oponer a la imagen que esta decisión judicial –la absolución por motivos formales de quienes habían sido condenados previamente a base de sus propias confesiones—pueda provocar en le opinión pública. La democracia obtiene, a veces, triunfos pírricos pero desmoralizadores. Uno de ellos será ver a un “conseguidor” precondenado (¡incluso por el Supremo!) recoger el maletín con los millones del cohecho y cuánto se mueve a su alrededor.

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